• Ago. 28, 2009, 10:49 a.m.
Después de varias semanas de estar en el raiting los problemas relacionados con las complicaciones de pacientes, el Minsa solamente se ha limitado a las auditorías médicas, pero es necesario pasar de las acciones punitivas a las acciones concretas que disminuyan el impacto de las muchas veces mal llamadas negligencias médicas. Durante mi administración como Jefe de Anestesiología y de Sala de Operaciones tuvimos los resultados de llevar al Heodra a ser el hospital de Nicaragua, y de muchos de Centroamérica, de mayor productividad quirúrgica, con más o menos 800 procedimientos al mes. Esta propuesta quedó en el limbo.

La OMS define: “La seguridad del paciente es la reducción del riesgo de daños innecesarios derivados con la atención de la salud a un nivel aceptable mínimo.” Un mínimo aceptable se refiere al aporte que da el Estado actual de los conocimientos de la ciencia médica, a los recursos disponibles (en el sistema de salud o en el país), del contexto en que se dio la atención, del sopesar el riesgo-beneficio de dar tratamiento o de no tratar, o de los daños que podrían producir otros tratamientos alternativos. Es decir no todo lo absorbe el “agujero negro” de la negligencia médica.

Un informe reciente de la Unión Europea dice: “En los estados miembros, entre un 8 y un 12% de los pacientes ingresados sufre efectos adversos durante su tratamiento”. En USA se reportan 250.000 muertes a causa del error médico. No todo es atribuible a la negligencia médica, en la mayoría de los casos es iatrogenia, que son daños secundarios a una indicación o un fármaco que no es intencional, es siempre involuntario y una complicación al tratamiento, como son las alergias o interacciones medicamentosas.

Debe implementarse en todos los hospitales y clínicas de Nicaragua la “Lista de verificación de la seguridad de la cirugía de la OMS”, la cual han reportado diversas publicaciones científicas de prestigio y se dice que ha disminuido las complicaciones en más de un 40% en algunos países.

Se trata de una simple lista de cotejo. Antes de administrarse la anestesia: Se confirma la identidad del paciente, el sitio a operar, el tipo de cirugía, si ha dado por escrito el consentimiento informado, si se ha demarcado y dado tratamiento al sitio a operar (si necesita ser afeitado…), si se ha completado el control de la seguridad de la anestesia (que debe ser otra lista de cotejo aparte), si tiene colocado y funcionando un aparato que mide el oxígeno en sangre llamado oxímetro de pulso(importantísima su monitorización cuando se está bajo anestesia). Si tiene alergias conocidas y reconocidas, si tiene riesgo de vomitar o si es difícil su anestesia (vía aérea), si hay instrumental adecuado, si tiene riesgo de hemorragia y si hay sangre preparada, si tiene puesto suero intravenoso y puede gotearse a chorro.

Antes que el cirujano corte: debe preguntar al anestesiólogo si puede cortar al paciente, el anestesiólogo que le quita la consciencia al paciente es el que salvaguarda los derechos humanos del paciente, ambos deben confirmar verbalmente que todo el equipo está presente, nuevamente se confirma la identidad del paciente, el sitio a operar y el procedimiento previsto, el cirujano revisa y anuncia los pasos críticos, y los posibles imprevistos, la duración de la operación y la pérdida sanguínea prevista, el anestesiólogo revisa si hay algún problema y lo anuncia al cirujano, la enfermera instrumentista y la circular junto a la jefe de enfermería confirman la esterilidad de los equipos y las dudas y problemas relacionados con los instrumentos, cuentan las gasas, apósitos y compresas e instrumentos, y anotan. Se revisa si se ha cumplido con los antibióticos preventivos, se pregunta si están puestas las radiografías importantes o imágenes similares, y todo se anota.

Al finalizar el proceso y antes de cerrar la herida: se pregunta y se anota el nombre de la cirugía realizada, se cuentan y verifica si los instrumentos, agujas, gasas, apósitos y compresas que se utilizaron están fuera y completos; si las muestras u órganos que se extrajeron del paciente están en los frascos correspondientes y etiquetados con el nombre y número de expediente del paciente, se repregunta si todo está completo y fuera del sitio operado. El cirujano y anestesiólogo, tomando en cuenta al personal de enfermería, revisan los aspectos de la recuperación del paciente y el tratamiento postoperatorio, y se aseguran que el ambiente postoperatorio es seguro para la recuperación del paciente. Todo esto cabe en una simple hoja del tamaño A4 y podría valer fotocopiada cincuenta centavos.

Esta simple y “tediosa” lista de cotejo salva vidas y no requiere más que la decisión de la autoridad superior correspondiente para implementarla. Está demostrado que ahorra vidas y costos para cualquier sistema de salud.

Me da la impresión de que el Minsa está buscando expiar los problemas estructurales de sus deficiencias en los débiles hacedores de la salud como es el personal y no en sus responsabilidades como gobierno y como Estado, ¡los trabajadores de la Salud seguimos subsidiando la salud de pueblo!

*Profesor Titular de Anestesiología.

Secretario del Comité de Ética para Investigaciones Biomédicas.

Miembro de la Alianza Mundial para la Seguridad del Paciente. OMS.

UNAN-León.
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