• Ene. 8, 2008, 6:07 p.m.
Desde un tiempo acá vengo con un asunto que me atrae magnéticamente: los apodos de Xilotepetl o de Jinotepe, dicho en español.

Y es que cada vez que escucho a los amigos jinotepinos de mi marido contar esas anécdotas no puedo evitar sentir una curiosidad ilimitada. Tampoco puedo evitar reirme y mucho menos readaptar estos apodos a otros contenidos y contextos.
Por ejemplo, el primero que escuché fue Chambalola y me causó una gracia, es más todavía me río cada vez que lo repito.

De hecho el apodo adquirió entre mis amigos y amigas una connotación de "la calle de la amargura y el bacanal". El colmo es que la otra vez mi amiga Emila Persola me llamó por teléfono y me dijo: "que pasó compañera, vamos a Los Pueblos, tipo chamba", me dijo.

"Tipo chamba" es la abreviatura de tipo chambalola, obvio. Y aunque según escuché la historia de Chambalola no es muy alegre que digamos yo prefiero pensar que él representa ese dejarlo todo, esas ganas de estar desconectada un ratito del mundo, ese cuneteo bajo la luna con la cobija del frío y las venas calientes de ron.

Así que este año nuevo lo recibimos en Jinotepe en la casa de Karlos Navarro, y como éste es bastante tolerante con los animales me permitió llevar a las dos motas, Apolo y Luna.

Lo más emocionante del asunto fue cuando Chambalola llegó a la casa de Karlos para ayudarle en unos mandados. Fue un momento de euforia para mí porque conocí personalmente a la leyenda, de hecho lo atendí, de hecho mis dos motas se llevaron de maravilla con él y no dejaban de moverle el rabo y lamerlo con cariño, y Chamba también las acariciaba.

Y es que dicen que Chamba no ha tenido suerte en el amor, entonces Karlos le hace el favor de ponerle canciones cortapulso que no sé por qué pero a Chamba le fascinan, en especial Pacto de amor de Macolla.

La escena era sencilla: se escuchaba "un nuevo pacto de amor que nos haga vibrar, que nos haga cambiar, eres todo en mi vida, por favor mírame...." mientras Chamba y las motas intercambiaban un amor súbito e inexplicable para mí, mientras Erick servía unos tragos y Karlos partía el hielo y yo miraba a Chamba y a las dos motas con ese soundtrack particular el 31 de diciembre del 2007.

Por fin conocí a Chambalola, me dije. No lo podía creer, la leyenda estaba en frente mío y con mis dos motas en grandes amores!!! Wow!!

Este Jinotepe tiene unas historias, unos personajes, un clima de los mejores del país, por eso cada vez que me encuentro con el escritor jinotepino Edwin Sánchez este me dice en tono jocoso: "Deberías venir a Jinotepe más seguido, es el único lugar donde los poetas usan boina y bufanda, es la pequeña París", y yo gozo, y ya me veo aplanando esas heladas calles y bailando como loca en la Nefertiti.

Pero me advierte Karlos que todavía hay otros apodos y menciona "paparapa" y me vuelo una carcajada y le cuento a mi amiga Consuelo, jejeje, y se lo voy escribiendo con pintura blanca en su lavadero: "paparapa, oíste", y de dónde sacaste eso jodidá? Pues de la ciudad de los vientos le digo siempre gozando.

Luego escucho que dicen "Chimota" y "Chico peineta", "las rosquillas", "culo" y "la chompipita", "chataplana" y toda una serie de sobrenombres chistosos que liberan un sunami de endorfinas en mi ser. Y pienso que la vida de pueblo tiene sus ventajas, sobre todo para aquellos que tienen sentido del humor.

Ahora tengo mi libreta personal de apodos, y voy anotando porque algún día me van a servir para algo, aunque sea para gozar con las ocurrencias de otros compañeros.
Mientras tanto Chambalola sigue siendo el Rey de los apodos pues nunca escuché uno que tuviera tanto estilo. El rey de reyes por su carga semántica: Su vida, la vida. Tipo Chamba.

* Integrante del Colectivo Ongala

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