• Sept. 11, 2009, 6:10 p.m.
Yo cada vez que lo veo me pregunto, antes de cambiar el canal o la emisora radial: ¿Qué podrá hacer feliz a este infeliz? Me pongo a reflexionar qué quiere, qué tiene y qué necesita para sonreír de forma natural. Y no hallo respuesta.

Posee todo. Reconquistó el poder y tiene un ejército de seguidores a muerte que de verdad, o a conveniencia, creen que él es el salvador del mundo. Tiene familia, goza de nexos e influencias que dejarían pálido de envidia a Don Vito Corleone, y sus negocios florecen como pocos en el mundo a pesar de los peores tiempos de crisis financiera global. Aun así, no logra reír.

Dicen los expertos en psicología que el rostro muestra lo que ocultan las palabras, y que si alguien quiere saber quién le dice la verdad, le vea al rostro al momento de hablar. Si alguien dice que te quiere, mira su rostro. Si alguien dice que está feliz, véale a la cara, busque la felicidad en el rostro porque este estado anímico es imposible de ocultar, se irradia como energía y si no se ve, al menos se percibe.

No es sincero alguien que clama por amor y reconciliación mientras vocifera con el rostro desencajado de rabia, el ceño fruncido, agitando los brazos y llamando a la violencia contra el prójimo que no es destinatario de su amoroso mensaje. Los gestos son un reflejo de los estados anímicos y de la expresión de sentimientos. No hay un reflejo de paz en alguien que en vez de abrasarte, te lanza un golpe.

Vean las caras de los boxeadores en las fotos de los suplementos deportivos, donde se congelan con precisión digital las feroces expresiones faciales mientras dan porrazos, o de dolor y miedo cuando reciben los golpes y ven o sienten la sangre en la faz propia o contraria.

El amor, a juzgar por la cotidiana experiencia que todos vivimos y conocemos desde que nuestras madres o padres nos lo manifestaron en el seno familiar, no se expresa con gestos violentos o caras de ira. No recuerdo al autor de una teoría que recibí en Psicología de la Comunicación en la Universidad, pero si el mensaje: la alegría es una armonía notable entre las acciones, las palabras y los gestos.
 
Hay entonces un reflejo de contradicción en el discurso de amor que clama ser más fuerte que el odio, y ese gesto adusto de gravedad amenazando con sacar el acero de la guerra. Esto sería como verle una expresión de odio y furia al Papa Juan Pablo II mientras pedía perdón por los errores históricos de la Iglesia Católica en sus períodos más oscuros del Medioevo. O verle una serena expresión de amor y paz espiritual a Adolfo Hitler mientras llamaba a exterminar a los judíos.

Hay quienes a fuerza de la experiencia adquirida en participar reiteradamente en procesos electorales, han aprendido a posar ante las cámaras y con el mejor esfuerzo del fotógrafo profesional, emitir una sonrisa “fiable” con pose mesiánica. Es la foto oficial de la campaña. Si fuese que la sonrisa del postal gigante quedara para siempre congelada como en los anuncios comerciales, no habría problema; el lío está en que el autor de la mueca beatífica vive, y a diferencia de los pósters inmensos que lo exaltan en campaña, no hay sonrisa de felicidad en su rostro y el enorme esfuerzo de proyectar una imagen positiva a través de la foto se disipa nomás abre la boca.

Hay toda una biblioteca en estudios de gestos y comportamientos humanos en los tratados sicológicos de personalidad. Y simplemente casi todas coinciden en que una sonrisa falsa, por mucho que parezca real, siempre quedará al descubierto ante la instintiva experiencia humana de identificar la sonrisa natural que manifiesta un estado de satisfacción.

La sonrisa es quizá la más ignorada de las expresiones humanas: comprenderla es mucho más complicada de lo que supone la mayoría de la gente y al mismo tiempo identificarla es de lo más natural. Hay decenas de sonrisas diferentes en su aspecto y en el mensaje que transmiten. La sonrisa puede ser señal de una emoción positiva (bienestar, placer físico o emocional, satisfacción, diversión, etc.), pero a veces las personas también sonríen cuando se sienten desdichadas. Está lo que se llama una sonrisa triste, que trasmite esa sensación de lástima, a como la sonrisa del psicópata trasmite terror.

La sabiduría humana adquirida en base a la experiencia, se manifiesta cuando uno con el tiempo logra identificar al que ríe de felicidad, percibe al que sonríe de desdicha y descubre la caricatura del que intenta dibujar una sonrisa maquillando el esfuerzo con palabras de amor y reconciliación.
Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus