• Sept. 18, 2009, 4:52 p.m.
Recientemente tuve la oportunidad de asistir a dos eventos con temáticas sino similares, al menos relacionadas entre sí; la primera una conferencia-debate sobre la situación de los indígenas del norte de Nicaragua y la otra un conversatorio sobre una fotografía titulada “Mirando al Sur”. Y aunque esta última se enfoca más en el tema de las migraciones, durante la conferencia-debate una persona realizó la siguiente pregunta: ¿Qué ocurre con los jóvenes que han tenido la oportunidad de salir de sus pueblos hacia la capital o bien al extranjero para realizar estudios, si éstos al regresar al país, estaban interesados en quedarse en sus lugares de origen y ayudar en el desarrollo de sus localidades o si preferían regresar al sitio en el que estuvieron?

La respuesta de una de las dirigentes chorotegas dejó en evidencia que motivar a los jóvenes a regresar a sus localidades y que trabajen por el desarrollo de su comunidad, no era una tarea fácil. Ella se refiere a lo que pasa en su pueblo, pero viéndolo desde una perspectiva global es comprensible que luego de haber tenido una experiencia fuera de la localidad de origen, y en dependencia de la experiencia, si esta fue muy buena, entonces es normal que los jóvenes tengan más tendencia a quererse quedar en la capital o en el extranjero y no querer regresar más a sus pueblos.

Algo parecido ocurrió con el personaje “Humberto Solano” en el cuento “La tarjeta” escrito por Sergio Ramírez y presentado al público en la obra Antología de Cuentos (1960-2009). La narración habla de la vida del joven Solano, quien nació en un barrio de pescadores, pero mientras crecía poco a poco cambió su residencia hasta establecerse por completo en la capital y amarla al punto de no querer regresar a su barrio, lo único que lo ataba a ese sitio era su madre y su hermana la Chavelita.  

Las migraciones conllevan a éxitos y fracasos
En Mirando al sur y Laberinto de Miradas, el tema de las migraciones se presenta a través de una serie de documentales, una exposición de fotos sobre Iberoamérica e instalaciones de arte contemporáneo. Todo ese trabajo, permitirá que el público en el papel de espectador, emisor y receptor de la migración reflexione sobre este tema. Muchas veces en este tipo de actividades se muestran los fracasos y sufrimientos de personas que han tenido que abandonar sus barrios, comunidades, departamentos y países de origen en busca de un sueño o un cambio, pero no cuentan los éxitos de personas que sí han encontrado un desarrollo o la permutación anhelada, aunque en ocasiones les haya costado muchos días de desvelo, pero todo tiene un precio y un fin.

Un muy buen amigo que tuve en secundaria, se recibió de licenciado en informática en una universidad capitalina, me contó que se fue a vivir a Estados Unidos porque en Nicaragua no tenía un buen empleo. Recuerdo que aqui trabajaba en el departamento de ventas de una empresa con mucho prestigio, no tenía un mal puesto, pienso, pero al parecer, no ganaba lo que merecía. En aquel país encontró un trabajo en un restaurante, como asistente de cocina, pelando cebollas. “Estoy pelando cebollas” -me dijo-, “después de estar en un departamento de ventas en Managua, ahora estoy pelando cebollas”- insistió. Lo apoyé y le aconsejé que como es nuevo en el país, tiene que conocer gente, hacer contactos y en la medida que él se integre más, tendrá mejores oportunidades de desarrollo.

Otra experiencia y en este caso propia, estuve de visita en Praga, República Checa en junio del 2007, no hablo checo, pero tenía una amiga alemana en esa ciudad, así que me arriesgué. “Voy a tener que despolvar el inglés”, pensé, mas no hubo necesidad, porque en lo que llegué a esa ciudad reconocí a un latino, un colombiano que residía en ese país desde hace 5 años y por suerte me ayudó a encontrar mi camino, lo más divertido era encontrar a tanta cantidad de latinos que no sabían ni media palabra de checo, personas que vivían en la República Checa desde hace muchos años y según ellos todo les iba de maravilla.

¿Extremas medidas de protección?
Debo decir que soy morenito claro, y cuando terminé el viaje y regresaba a Alemania, donde realizaba una pasantía, durante mi trayectoria en un tren los oficiales de migración (porque en ese entonces la República Checa no pertenecía totalmente al bloque de la Unión Europea, y se oponían al cambio de la corona checa por el euro), me pidieron mis documentos de identidad. Recuerdo que se fueron y luego regresaron, me preguntaron ¿qué hacía en ese país?, les dije que estaba de visita en Praga donde una amiga, se fueron, llevándose consigo mis documentos y 10 minutos después bajo la mirada de todos los demás pasajeros regresaron y me entregaron los documentos y el tren se puso en marcha, no sé si fue mi color de piel, mis rasgos latinos, o simplemente medidas de protección, no sé. Casos aislados o no, no lo sé, pero estoy seguro que están presentes. Hay unos que pasan desapercibidos y otros que llaman la atención.

Sin embargo, he leído en periódicos nacionales e internacionales, que muchos nicaragüenses tienen o han tenido éxito en el exterior y se han establecido en Estados Unidos o Europa, por moda, comodidad, negocios, placer… y regresan a Nicaragua en vacaciones o cuando ya están jubilados para morir en su patria. Los casos se darán siempre, ejemplo de esto, son los costeños que dejan su apreciada Costa Atlántica para establecerse en la capital o bien en Estados Unidos. Hay muchos otros que se enamoran y siguen a su pareja, digamos un muchacho de Managua que conoce a una muchacha de Rivas y después se casan y se van a vivir a Masaya, el hijo de esta pareja conoce a una muchacha de Managua, se casan y se van a vivir a Boaco, de esta nueva pareja nace una niña, al crecer conoce a un alemán que trabajaba como voluntario en esa ciudad, se casan y se quedan a vivir en Boaco. Y así se puede continuar con la enorme lista de casos y experiencias.  

Los estudios sobre migración deben de tratarse y estudiarse desde ángulos muy diversos, porque dicho fenómeno sucede en diferentes grupos sociales o genéricos y las razones no son siempre las mismas; para muchas personas provenientes de las clase pobre, la mayor parte de migraciones* que se realizan son hacia los países desarrollados y las razones suelen ser problemas económicos o sociales, para las personas de clase alta e incluso media, cambiar de residencia (entiéndase zona o país) sucede sobretodo por razones laborales (promociones en el trabajo, iniciación de un negocio), estudios, necesidad de viajar o conocer otros horizontes, nuevas experiencias interculturales o bien ayuda humanitaria.

Para bien (por el envío de remesas, ropa, ayuda en el desarrollo de la familia) o para mal (por el sufrimiento, la nostalgia, los problemas con migración.) o por curiosidad, las migraciones continuarán su camino, porque todos tenemos necesidad de cambios y si éstos no se pueden cumplir  en nuestros barrios, comunidades, departamentos o países de origen, nos veremos obligados a partir a otro barrio, comunidad, departamento o país, buscando nuevos rumbos, extrañando al principio a los nuestros y acostumbrándonos a lo nuevo, hay unos que regresan y otros como Humberto Solano, que deciden no hacerlo. Y está en su derecho.

*Según el diccionario del uso del español María Moliner:
•    Emigrar: acción de marcharse de su pueblo, región o país, para establecerse en otro. Ausentarse temporalmente del país propio para trabajar en otro durante determinada época del año.

•    Inmigrar: Llegar a un territorio para establecerse en él. Por extensión; inmigrante es la persona que se ha establecido en una región o país, procedente de otro.
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