• Sept. 24, 2009, 4:11 p.m.
Para miles de personas el artista colombiano Juanes se ha convertido en un cantautor muy diferente a otros que hemos conocido. Digo diferente por el hecho de no dedicarse solamente a cantar, arreglar, componer e interpretar sino buscar algo que los otros artistas han dejado fuera de foco: buscar la paz entre los pueblos del mundo.

Esta acción convierte a Juanes en un icono del siglo XXI que le canta a la paz y el amor: dos palabras que molestan a los países y gobiernos que viven de la industria armamentista y, a quienes no les interesa en lo mínimo ser pacíficos.

Perseverancia, tenacidad y conciencia social se conjugan en este joven artista, quien ha demostrado al mundo con su acción y su canto la urgente necesidad que existe en nuestros países de alcanzar la paz. Si comprendiéramos la realidad de que la música es el lenguaje de los pueblos y que ésta nos une sin importar el idioma, religión o pensamiento político del intérprete, arreglista o compositor que organiza un concierto como el de Paz sin Fronteras, entonces nos daríamos cuenta de la ternura, solidaridad, hermandad, fraternidad y la paz entre los pueblos.

Hasta cuándo vamos a entender que en este mundo tenemos cabida todos los seres humanos, al margen del pensamiento político que podamos tener o la opción religiosa en que nos refugiemos. Juanes sabe bien que sólo existe el planeta Tierra para los seres humanos y un sólo DIOS verdadero al que todos rezamos y veneramos y a quien le pedimos siempre nos ayude a encontrar la PAZ.

Ese es el gran ejemplo que nos enseñó Juanes, al desafiar todos los retos y amenazas que le hicieran quienes no están de acuerdo con las FARC o el sistema de Cuba. Quienes esgrimieron el pretexto de que si Juanes realizaba el concierto por la Paz sin Fronteras en La Habana quebrarían sus discos, ni idea tienen del esfuerzo que los quince artistas realizaron. Eso no tiene precio alguno.

Juanes la hizo con este gran evento en la Isla de Martí. Su corazón se desbordó de emoción y acto seguido brotaron lágrimas de sus ojos, las que rodaron sobre sus mejillas. La tarde del domingo veinte de septiembre transcurrió bajo los 33 grados de temperatura, era una tarde calurosa, pero en las entrañas de Cuba hoy se vislumbra una esperanza de entendimiento entre los Estados Unidos y la perla de Las Antillas.
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