• Ene. 11, 2008, 10:28 a.m.
Fue un golpe frontal y no lo vio venir. Del presidente Daniel Ortega la primera comisionada Aminta Granera podía esperar cualquier cosa durante su discurso este 10 de enero. Que atacara por enésima vez a los periodistas y a los dueños de medios de comunicación independientes; que tildara de cobarde a toda la oposición; anunciar que a partir de ese momento los “camisas azules” tendrían rango de ministros; o que ese día 10 de enero sería declarado “Día Nacional de los CPC” (aunque ciertamente a como van las cosas esa posibilidad no es descartable, y hasta pensé en no escribir esta idea, no vaya a ser y el presidente lo tome en serio). Pero: ¿atacar directamente a la directora de la Policía Nacional?

La pregunta obligada es: ¿Qué gana el presidente con esto? Prácticamente acusó a la Policía Nacional de vendepatria al prestarse al servicio de los “enemigos de la humanidad”.

“Si la DEA quiere entregar alguna asistencia o ayuda, que se la entregue al gobierno de Nicaragua a través del Ministerio de Hacienda, y que Hacienda se la pase a la Policía, pero no podemos permitir que venga la DEA y le pague directamente a algunos funcionarios de la Policía”, señaló duramente a Granera.

“Ante la Aminta se pueden cuadrar (los agentes), pero ante quien de verdad se le van a cuadrar es ante el otro (la DEA), porque es el que les paga su salario y les pagan mucho mejor que lo que gana cualquier jefe policial”, regañó.

Pero antes había venido la descalificación: Nicaragua ya no es el país seguro de los años ochenta. Y ese descalabro, según el mandatario, inició a partir de 1990.

Hasta para pedir cuentas a la Policía el presidente marca su propio estilo. Lo correcto hubiera sido citar a Granera al Despacho-Secretaría-Casa Presidencial y decirle: “Quiero que me explique Aminta ¿Cómo es eso de que agentes policiales han recibido dinero directamente de la DEA? ¿Acaso no hizo una promesa ante la población de que la Policía bajo su mando actuaría solamente por los intereses de la patria? ¿Acaso no hizo una promesa con la mano alzada ante la Constitución, de que se sometería a las sagradas leyes del país? Dígame entonces: ¿Qué es lo que tiene que decir al respecto?”.

¿Pero qué podía hacer Granera en ese momento? Estaba sola. Muy sola. Alrededor de ella, en el asiento que le guardaron para escuchar el primer informe de gestión de su jefe --que no leyó--, había muchas otras figuras políticas que no necesariamente se destacan por la legitimidad de sus actos.

Todas las miradas del país se posaron sobre ella. Y según lo que vimos por televisión, Granera hacía un esfuerzo infinito para contener la rabia. En un momento hasta nos pareció que muy dentro de ella sólo pensaba: Trágame tierra.

¿Qué reflexiones habrá hecho la primera comisionada en esos segundos que no acababan? ¿Qué opiniones sobre el presidente terminó de confirmar? Malo. Muy malo. Malo malo. ¿Qué habrá sentido el mismo Ortega? ¿Tristeza? ¿Gozo? ¿Qué pasará entre ambos después de ese acto?

De este lado de la pantalla muchos llegábamos a nuestras propias conclusiones: otro error garrafal del presidente. ¿Qué diría Sun Tzu, el gran estratega militar chino, autor de la obra el Arte de la Guerra? ¡No demuestres debilidad! ¡No demuestres debilidad! TODO LO CONTRARIO A LO QUE HIZO ORTEGA. Con esa reprimenda a la jefa policial el presidente dio otra señal de que se está quedando cada vez más solo.

Recordemos que la primera comisionada sostuvo siempre que los “camisas azules” no habían violentado ninguna ley cuando golpearon a un colega periodista. En cambio tuvo que soportar duras críticas por no cuestionar la actuación del Cuerpo Personal del Comandante. Inclusive Granera tuvo que hacer las paces por los roces a los que llegó con La Prensa tras el incidente.

¿Y los cuestionamientos que también le vinieron por reconocer a los CPC como elemento fundamental en la lucha contra la delincuencia en los barrios? Pero allí estaba el presidente, llamándole la atención en el Parlamento.

No significa sin embargo, que la Policía Nacional es la dulce e inocente princesa víctima de la malvada bruja. El señalamiento que hizo el mandatario es bastante grave. Y ahora, la pregunta para ambas instituciones es: ¿Quién se compromete a explicar, si verdaderamente o no, agentes de la Policía Nacional recibieron dinero de la DEA por hacer un trabajo que según nuestra Constitución no tiene precio?

Alguien tiene que levantar la mano para decir: Ahora mismo aclaramos las cosas. Ahí está la Policía, en primer lugar. También la Fiscalía y la Procuraduría. Y el presidente mismo. Presidente del pueblo, del pueblo presidente.

¿O será que el ataque público de Daniel Ortega no tuvo otro objetivo que empezar a anular desde ya a una potable figura política que lo pueda enfrentar en las próximas elecciones? ¿Miedo? Por ahora sólo queda esperar.
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