• Sept. 29, 2009, 4:33 p.m.
Vaya. No sabía ni cómo empezar a manifestar mi descontento por tanta sin razón en Nicaragua, el país de lo real maravilloso, donde todo puede suceder, y no sólo puede suceder, sino que sucede.

El viernes, mientras me deshidrataba frente al ventilador y me maquillaba presurosa porque se acercaba la hora de irme a trabajar, me detuve en mi afán para ver una noticia que me impactó: “En San Rafael del Sur, la Policía montó un operativo contra los trabajadores que viajan al ‘raid’”.

Según el corresponsal del medio que estaba sintonizando, los transportistas de ese municipio se quejaron ante las autoridades contra los camioneros y demás personas que transportan a humildes obreros que a diario tienen que viajar hasta Managua para poder ganarse el sustento. Y ni cortos ni perezosos los agentes dizque montaron un operativo, del que el periodista no habló mucho, que provocó que los afectados protestaran realizando tranques en la vía pública. Finalmente, varios de ellos fueron arrestados por reclamar su derecho a viajar sin pagar o a pagar menos.

En primer lugar no sé qué tipo de denuncia o queja pudieron interponer los buseros para que las autoridades actuaran, porque simple y sencillamente no conozco ninguna ley que diga que los trabajadores tenemos que transportarnos en buses a nuestros centros laborales y que en caso contrario recibiremos algún tipo de sanción. Si estoy equivocada, agradecería que alguien me muestre el artículo en el que se prescribe esta disposición. Por otro lado, el transporte está en manos de privados, por ende cada cooperativa hala agua para su molino y no veo porqué la Policía tenga que contribuir a causas privadas si no se ha cometido ningún delito.

Cabe resaltar que la mayoría de sanrafaeleños que a diario viajan hacia Managua son obreros de la construcción cuyo salario a duras penas puede alcanzar para medio sustentar a su familia, por ende pagar el importe de transporte impactaría negativamente en la economía del hogar. Asimismo, los vehículos en los que generalmente se transportan son camiones que trasladan cemento o piedras, lo que implica que las condiciones en las que viajan son mínimas y de mucho riesgo.

Ahora, es muy probable que si se cuestiona a los agentes por la actitud descabellada que tomaron salgan con el cuento de que actuaron preocupados por la vida de esos ciudadanos que pueden caer de los camiones sin barandas y a veces hasta con desperfectos mecánicos. Y desde ese punto de vista pues sería loable su actitud, sin embargo, desgraciadamente es un argumento poco convincente pues la forma temeraria en la que conducen los señores del transporte público (no sólo los de San Rafael del Sur) los hace igual o más peligrosos que esos vehículos de carga. Además la mayoría de unidades están obsoletas.

No podemos obviar que la verdadera causante de esta situación es la agobiante situación económica, que obliga a estos hombres a coquetear con la muerte, a desafiar las curvas de la peligrosa carretera, a darle la cara al viento de El Crucero y a mostrarse impermeables bajo la lluvia e inmutables bajo el sol. 

Señores agentes: ¿piensan que viajar en esas condiciones es placentero? ¿Creen que a estos hombres no les gustaría ir en un asiento acolchonado en el que puedan terminar de descansar mientras llegan a su trabajo? Por favor, seamos serios. Estoy segura de que la Policía Nacional tiene que ser más cuidadosa en la realización de su trabajo, pues en muchas ocasiones priorizan casos en los que ni siquiera hay delito, con el único fin de complacer a alguien, dejando a un lado sus verdaderas obligaciones al servicio del pueblo nicaragüense.

A los honorables transportistas les digo que en vez de despotricar contra la gente humilde que no aborda sus unidades por falta de dinero, deberían enfocar sus energías en brindar un servicio de calidad a la ciudadanía que todavía puede pagar la tarifa que imponen. Esto no sólo es para los de San Rafael del Sur, sino para los de todo el país, pues he viajado a diversos lugares y en todos he observado un denominador común: mal servicio.

A los que valientemente protestaron, mis felicitaciones y solidaridad, pues ya es hora de que alcemos la voz contra las imposiciones. No toleremos el abuso de autoridad, y si no los dejan viajar al ‘raid’, pues viajen a pie, que más vale terminar con los zapatos rotos y el cansancio a flor de piel, que doblegarse ante los empresarios.
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