• Oct. 20, 2009, 9 p.m.
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Vergüenza nacional. El Informe de Desarrollo Humano de la ONU, dice que desde el 2006, todo permanece peor. En realidad, el desplome data de 1977. La guerra en los años 80 o la revolución colapsada; la democracia fallida de los años 90 o el neoliberalismo triunfante por encima de los intereses nacionales hasta el neobolivarismo descarnado de los magnos ideales de la izquierda, podrían llevarnos a escuchar una pregunta de Mario Vargas Llosa en cualquier parroquia nicaragüense: ¿En qué momento se jodió Nicaragua?

Respuestas fáciles y cargadas de pasión abundan: “El FSLN es el gran culpable”. Unos dirán: “Alemán con sus pactos”. “No”, dirán otros como una explicación improvisada de última hora: “es la división de las  'fuerzas democráticas'”. Una contestación de grupo, al estilo del finado profesor Sandoval, desde el fondo de la reciente historia, podría ser: “Fue Somoza, si no, no estaríamos así”. “Falso, es ese Agüero que desperdició a las multitudes que le seguían con su ¡Basta Ya!”. Y, alguien más, intelectual revoltoso: “Es el imperialismo yanqui”.

Los comandantes son nicaragüenses. El líder del PLC es nica. Las “fuerzas democráticas”, son nicaragüenses. Agüero es un señor nacido en Managua. ¡Hasta Somoza era un marine made in Nicaragua!   

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Sociedad de justificaciones, algunos atribuirán el estancamiento del país por pequeño. ¿Esta será nuestra mortífera culpa? Nada que ver: ahí está la isla de Taiwan. Cuenta con apenas 35.980 km², aunque con 17 mil 273 dólares per cápita, resultado de un liderazgo pro nación. La geografía no puede cargar con semejante culpa. El caso de Dubai, con 3 mil 885 kilómetros cuadrados, cuenta con un per cápita de 17 mil dólares, cuando en los años 60 sólo era un sinónimo más de la palabra paupérrimo. Nicaragua cuenta con 130 mil kilómetros cuadrados…casi desperdiciados.   

El Informe sobre Desarrollo Humano 2009 que publicó a nivel global el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), nos muestra la foto más patética de Nicaragua: estamos en el sitio 124, de 182 naciones. Era la misma posición de 2006. Además, es la nación con la más baja puntuación de Centroamérica en Desarrollo Humano y una población pobre del 47.9 por ciento.

El informe señala que sus niveles de Desarrollo Humano son los segundos más bajos de América Latina, y sólo supera a Haití, que ocupa la posición 149. Ah, y ya somos parte del vecindario estadístico más atrasado: el África subsahariana

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Lula, Pelé y Coelho estaban eufóricos en Copenhague, y ese mismo tsunami de entusiasmo bañó las costas de Río de Janeiro: la formidable noticia de un país que entra a las Grandes Ligas del desarrollo económico, ratificado con la sede de los Juegos Olímpicos del 2016.

¿Y Nicaragua? Tierra de lagos y elecciones, y ahora, con el maligno espíritu del reeleccionismo invocado por algunos médium de la Corte Suprema, sin que a la población se le consulte para nada. Si eso significara un ingreso per cápita sostenido y en ascenso por encima de los 10 mil dólares, un 7% del PIB destinado a empujar a la niñez y la juventud a la sociedad del conocimiento, valdría la pena un consenso nacional sobre la materia. Hablaríamos entonces de ángeles y no de demonios. Pero si trae como consecuencias una caída brutal hasta de menos de 400 dólares por cabeza, y más niños y jóvenes expulsados del sistema educativo, habría que sentar en el banquillo al Máximo Tribunal.

La gente no está en las calles, en las plazas, alegres como los cariocas y todos los brasileños, esperando con anhelo la reelección. ¿La alegría se fue del país? Ciertamente somos la nación con más habitantes tristes por kilómetros cuadrados. Nadie quiere reelección, porque sabemos bien la re-lección de la Historia.  

La Ciudad Olímpica es un premio simbólico a la enorme ola económica sobre la cual navega, viento en popa, un hombre de izquierda con resultados brasileños. La ubicación de Nicaragua en el puesto 124 entre las naciones indigentes, no es premio ni símbolo. Sólo es el tamaño de nuestros líderes políticos, económicos y religiosos de las últimas cuatro décadas.    

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Nicaragua necesita cambiar su destino y recomponer su historia actual. El gran fracaso económico es de orden político. Y también moral. Hay ciertos líderes católicos y evangélicos, como cooperadores necesarios de ese colosal fracaso de la república. Con las honrosas excepciones individuales, no hubo luz, sino complacencia con la oscuridad. Complacencia traducida en simonías en los episodios más extremos, cuando en los 90 se reeditó lo que tan bien sabían hacer los Somoza: el alquiler de báculos y oráculos.  

En resumen, si el ingreso de cada ciudadano de Costa Rica es de 4 mil 480 dólares y Nicaragua de 945 dólares, debemos tomar como referencia, en una vuelta de espiral, al mejor año de nuestra economía: 1977. El diputado PLC Francisco Aguirre, al detallar datos del Banco Mundial, subraya que en ese tiempo, Nicaragua había alcanzado un ingreso per cápita de US$ 830 (el equivalente de aproximadamente US$2,500 en términos actuales).

Para los miles de cristianos nicaragüenses, los que sabemos que Jesús es el único salvador y mediador entre Dios y los hombres, no tenemos otra explicación más que esta: son los juicios de Dios sobre nuestra nación. Es hora de dejar el pasado y sus prácticas, cuyas secuelas hoy sufrimos.

Necesitamos un liderazgo visionario, que opere en función de levantar la economía de sus conciudadanos, un liderazgo que no mande al destierro laboral ni económico al 62% de la sociedad ni el 62% acose luego al 38%, en una absurda repetición de nuestra vieja película del fracaso. Urge un liderazgo visionario y no sectario, abierto y no esotérico, nacional y no partidario, integrador y no excluyente, que ponga fin a la diáspora y eduque y enfoque todas las energías creadoras del nicaragüense.

Si alguna revolución falta en la historia de Nicaragua, es una Revolución Moral.
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