• Ene. 15, 2008, 3:35 p.m.

Amanecí este martes con la noticia de que el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social, Inss, había decidido retirar el dinero que depositaba mensualmente para jubilados y pensionados de la institución, en un banco privado, dizque porque las filas eran enormes y el maltrato evidente para las personas de la tercera edad, sobre todo.

El cuento completo era que, en vista que el banco en mención no tenía capacidad para atender a los jubilados, entonces sería el mismo Inss el que asumiría las cajas y el pago en sus delegaciones.

No obstante, la misma mañana del martes pude corroborar que el Inss no tiene espacio, ni personal, ni capacidad para atender siquiera a las personas que llegan con uno u otro reclamo o solicitud.

Y no estoy hablando exactamente de jubilados, sino personas adultas y activas, trabajadoras embarazadas o recién alumbradas que piden la leche de sus hijos, trabajadores que han sufrido algún accidente laboral y otros.

Por un asunto personal acudí al “Zacarías Guerra”, edificio situado a pocos metros del Parque Central, y allí, luego de unos minutos, la recepcionista me indicó que, por mi lugar de residencia, debía acudir a la sucursal que queda en el Centro Comercial Linda Vista, casi frente a la Panadería Norma.

El primer impedimento para llegar a mi destino fue la falta de estacionamiento, pues estaba abarrotado y tuve que quedarme en la calle, por donde incluso pasa una ruta de bus y me encomendé a Dios para evitar que mi carrito fuese aplastado por cualquier salvaje al volante.

Entré y en un rápido vistazo pude notar que había más de cien personas en el pequeño local, no más grande que una casa familiar. La joven recepcionista me atendió muy amable y me otorgó el número 75 para que pasara a un área que estaba aún más nutrida de gente de todas las edades.

Por cierto no había silla disponible, más de la mitad de los presentes estaban de pie, y ni yo que tuviera corazón para buscar una, pues la mayoría de los que allí estaban sentados eran algunos jubilados y muchas personas con secuelas de accidentes, o con embarazo o bebés en brazos.

La corazonada no me engañó y cuando había transucurrido una media hora, estaba impaciente y veía cómo las únicas personas que atendían eran una embarazada que utilizaba una máquina de escribir mecánica y otra mujer. No habían llamado a nadie y entonces me animé a preguntar ¿por qué número van? –35--, me dijo la segunda. O sea que faltaban 40 personas para que llegara mi turno.

Volví a la recepcionista y la interrogué ¿a qué hora encuentro más vacío? Por la tarde, me dijo, mientras le devolvía el terrible papel con el número 75 que había recibido.

Advertí cuáles documentos llevaba, y ella me completó la lista, por lo que decidí volver a mi casa, situada a poca distancia, y buscar lo que faltaba, luego pasé fotocopiando los papeles y volví a la sucursal del Inss. Ahora, rayando el mediodía, las muchachas de la misma sala estaban atendiendo al número 51, sin embargo ya no tenía el 75, sino el 94 y mis esperanzas se desvanecieron de poder resolver la situación ese día.

Si esto ocurrió por un simple trámite, me pregunto qué pasará el día próximo que los jubilados lleguen a hacer fila para pagarse. Muchos llegan con dificultades para caminar, respirar o con otro padecimiento.

No defiendo el papel del banco. Sin embargo por mí misma constaté que ese banco, al menos en la sucursal cercana al Hospital “Vélez Paiz”, habilita una entrada especial para los jubilados y un toldo para evitar que los que permanecen fuera unos minutos no se asoleen ni les caiga lluvia.

Ya dentro de esa sucursal, los llaman en orden numérico, pero están en un ambiente climatizado y hay suficientes sillas. Y me consta que los que llegan en mal estado de salud, por ejemplo en silla de ruedas o con bastón, pasan sin ninguna espera.

Sería un reto que el Inss tuviera todas estas facilidades que ya mencioné del banco, y más aún, que las superara, para que en ningún jubilado deba esperar y que en un futuro nosotros, los que estamos activos, no enfrentemos los mismos problemas que hoy agobian a los mayores.

kcastillo@elnuevodiario.com.ni

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