• Oct. 17, 2009, 5:40 p.m.
Si Uno crece y se acrece tanto y tanto de sí mismo, desaparecerán los Muchos. Quedará Uno solo. Luego ese Uno volverá a ser Muchos. A. Roa Bastos. “Yo el Supremo”

Pareciera que la espera por un toque de suerte que cambie la única probabilidad segura hasta hoy, la muerte, se acerca sin mucho ruido, muy despacio y aún no muy enfocado en medio de tanto tremendismo por el vertiginoso deterioro del medio ambiente con su cambio climático por delante.

Qué importancia da la mayoría a la noticia que sacude al mundo intelectual y científico de que tres investigadores estadounidenses ganan el Premio Nobel de Medicina 2009 con un acercamiento válido al problema del envejecimiento. Ninguna, aunque suena bonito y a oportunidad para variar el discurso del día a día.

El premio que otorga el Instituto Karolinska de Suecia al que, según el legado de Alfred Nobel debe ser entregado a “…una parte a la persona que haya hecho el descubrimiento más importante dentro del campo de la fisiología y la medicina…”, monetariamente “esta parte” cuenta 10 millones de coronas suecas (cerca de un millón de euros). En esta oportunidad, el prestigioso jurado argumenta que estos tres científicos habían “solucionado una trascendental incógnita de la biología”. Estaban por primera vez describiendo cómo los cromosomas se copian completamente durante la división celular y se protegen contra la degradación, todo lo cual implica más información sobre los mecanismos de las enfermedades como el cáncer, estimulando de esa manera el desarrollo de nuevas terapéuticas.

Cuando decimos que la mayoría no da importancia a este acontecimiento, lo decimos pensando en los más, que están ocupados y con razón atribulados no en tamaña hazaña científica, tampoco en cosas más elementales como la calidad de los nutrientes que llevan a su boca, sino, en las dificultades para conseguir qué llevar a su boca, ni en protegerse de las noxas ambientales sino, en la necesidad de hacer de ellas un medio de vida (basura, polución, trabajo esclavo). Menos preocupados por los Premios parecen estar los seres humanos que en su saber y entender, percibe al cáncer como una enfermedad que se asienta en los que logran sobrevivir a otros flagelos como la generalizada hambre que va deteriorando prematuramente el cuerpo y por tanto envejeciéndolo. Estos que son los más, atribulados y aplastados por carencias muy elementales y puntuales, no llegan al inmenso y trascendente acontecimiento científico.

La humanidad, desde el acontecimiento fundacional de La Creación, ha mostrado su insistente atracción por perpetuarse. Sin embargo, un fenómeno quasi desconocido, tan insistente como el primero, “selecciona con naturalidad” quién se queda, porqué tiempo y quién se va. Todo esto, matizado por tonos y colores tantos como animales racionales o no, pisan el planeta, matizado por el misticismo que aporta el ancestral desconocimiento de fenómenos muy simples unos y muy complejos otros. El conocimiento, fuente del desarrollo humano, desborda las posibilidades y comienza muy lentamente a dar los primeros pasos para desentrañar la enrevesada madeja de la existencia y se avanza hasta con la aparición de más preguntas, nuevas preguntas sobre las observaciones desentrañadas que van mereciendo el Premio.

Escribiendo este artículo, me llega la noticia del Premio Nobel que le sigue casi siempre al de Medicina, que suele ser el primero. Otro trío de geniales ha sido galardonado por sus trabajos en la comunicación óptica, y por inventar el dispositivo electrónico en las cámaras fotográficas, según anunció la Real Academia Sueca de las Ciencias. Sólo habría que penetrar un poco en el mundo de la información científica para descubrir cuán fácil nos van haciendo la vida a algunos, los hoy premiados con sus descubrimientos; pero…¿a todos y todas? Por extensión diríamos que sí, pero hay verdades muy evidentes qué destacar y resolver y, si bien los Nobel no son los únicos premios si no tal vez los más sonados y apetecidos por la comunidad científica, va siendo hora que ellos promuevan y privilegien las soluciones a las necesidades más apremiantes de la humanidad, en una especie de establecimiento de prioridades por las más perentorias y sensibles a los problemas que tienden a hacer desaparecer nuestro Planeta y su contenido.

A quién habrá de prolongarle la vida, encontrado el problema del envejecimiento, si no llegó nunca a desarrollarla por la falta de alimento. Quiénes establecerán comunicaciones por la fibra óptica si no existe quién se comunique sobre nuestro planeta una vez destruido.

No pretendemos negar la valía de lo Premiado por estos días, sino tal vez, llamar la atención de lo urgente que resulta utilizar y extender los conocimientos que estos geniales hombres de ciencia van logrando; utilizarlos y extenderlos con responsabilidad con equidad, y empujar nuevas metas con criterio de las prioridades.

Por último, llamaríamos la atención sobre el rédito más cercano a todos, de este hallazgo que lleva al reconocimiento de los científicos galardonados; la seguridad que nos da saber que hay personas en este mundo preocupadas por proporcionarnos el germen, la herramienta, para que otros hagamos por la vida; saber que hay Instituciones que acuerpan a estos científicos para que sus acciones se traduzcan en resultados (en algún momento tangibles), todo al margen, aunque no ajenos del todo a sus manipulaciones, de políticos, generales, discurseros y vendedores de sueños.

Los Gobiernos en particular, garantes de la salud de los más desprotegidos, mediante sus sistemas de salud, la sociedad civil y sus organizaciones, los ciudadanos sencillos deberán tomar este hecho científico, verdaderamente adelantado para reflexionar primero, explicar después y finalmente accionar sobre lo que nos falta para que la trascendencia de tales hechos de tales proezas científicas, signifiquen mas allá de lo teórico y del laurel un paso significativo y tangible para que esa parte mayor de la humanidad crezca, primero crezca y a la par, promueva la calidad de la vida.

*Nicaragüense de origen cubano
Médico Ortopedista
Editor y Articulista de Folia Médica y otras revistas en Internet
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