• Oct. 24, 2009, 1:41 p.m.
Antes de las elecciones de 1990 Fidel había aconsejado a Daniel Ortega que no las hiciera porque las iba a perder. Fidel, viejo zorro que es, sabía que los pueblos que no tienen consolidada una mentalidad democrática se pueden manejar con pan y circo y no con ideas. En Cuba el pan era financiado por los soviéticos y el circo era la bien sabida actitud del cubano con respecto a su gobierno: “coño chico, tú haces la mueca de que me pagas y yo hago la mueca de que trabajo.” Esta lección no se le olvidó a Daniel, quien ahora ha decidido enseñarle a Hugo Chávez como se hacen las cosas.

No perdamos tiempo con consultas, plebiscitos, referendos y legalidades; compremos el voto de la Corte Suprema y a la mierda los pastores. La lógica de esta maniobra es impecable desde un punto de vista económico. El enorme beneficio de comprar a la Corte Suprema para lograr un permiso de reelección es capturado por Daniel y su séquito, mientras que el costo es disipado entre el resto de los nicaragüenses. ¿Y cuánto es el costo? Inmenso en lo total, pero entregado en forma gradual:

a. Una erosión de la libertad económica, limitación de los derechos de propiedad, una pérdida de la eficiencia del mercado local y una creciente insegurida financiera.

b. Una paulatina pérdida de la libertad individual, la cual se convierte en rehén de un Estado que en cualquier momento puede usar la violencia policial o el terrorismo fiscal como herramienta de trabajo.

c. La eventual transferencia de bienes a un grupo de vivos que sirven de peones del Gobernante para apoderarse de los bienes producidos por otros.

El problema de los gobiernos autoritarios que se ufanan de ser democráticos es que el costo de su maldad se da poco a poco a través de varios años, en un proceso similar al de la rana en agua tibia, a la que se le puede subir la temperatura lentamente, hasta que la rana se muere sin darse cuenta de que la estaban hirviendo.

La clase media nicaragüense está en la misma situación que la rana, pero con una gran diferencia: está con el ojo pegado al termómetro. Tradicionalmente la clase media no va a la calle a cachimbearse con turbas sandinistas; la clase media emigra. Miami, la ciudad que más se beneficia de la fuga de la clase media de América Latina, está llena de nicas y venezolanos que prefirieron emigrar a participar en la violencia callejera.

El gran problema para países como Nicaragua es que su clase media es muy pequeña. Venezuela puede exportar gente de clase media por varios años y todavía le sobra, pero Nicaragua no puede hacer lo mismo. A mediano plazo, que en Nicaragua es 10 años, el crimen constitucional de Daniel va a ser el tiro de gracia a una sociedad en donde la educación y el talento gerencial es escaso. Pero para Daniel, con su enorme complejo de inferioridad social y su ansia -más grande aún- de ser aceptado como un estadista por los jefes de gobierno de países más poderosos, la pérdida del talento de una nación es algo que él siempre puede denunciar: no eran más que burgueses que habían sangrado al pueblo y que merecían irse del país. Pero él sabe que eso es mentira y esa mentira es para él una carga que nunca ha podido disimular.
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