• Nov. 7, 2009, 2:31 p.m.
Hay una recesión económica, una crisis financiera internacional. Los gobiernos de todo el mundo han estado avocados a diseñar e implementar programas económicos que apuntan a disminuir el impacto de la crisis y eventualmente acelerar la recuperación.

Recesión y más impuestos no van juntos. Es más, en una recesión todos hablan de recuperación, no de tributación, y cuando hablan de lo segundo, lo hacen como un medio, no un fin, buscando la manera como el aspecto tributario contrario a la recuperación, no la profundice.

Menos impuestos y recuperación económica tienen entre sí una relación directamente proporcional, lo primero contribuye a lo segundo. Al menos así es en el 99.99% de los países del mundo, ¿Por qué Nicaragua tendría que ser la excepción?

Mucha tinta, incluyendo mi artículo, se han gastado criticando aspectos puntuales del proyecto de ‘Concertación Tributaria’ presentado por el Presidente Ortega, y está bien, pero pocos, o talvez ninguno, ha dicho nada sobre lo que, a mi juicio, constituye la debilidad fundamental de ese proyecto.

Imponer más tributos en tiempos de vacas flacas sólo puede tener dos consecuencias: profundizar la recesión y al hacerlo, deprimir aún más la recaudación fiscal. Lo anterior es axiomático, usted amigo no necesita un PhD en Economía, basta un poco de sentido común.

Las críticas a la reforma tributaria deben, en mi criterio, concentrarse, en la lógica económica, no en quien la promueve, esto es, es irrelevante que quien presenta la propuesta es el gobierno de Daniel Ortega, pudo haber sido Enrique Bolaños, Arnoldo Alemán, o Violeta Chamorro, el punto, es si tiene lógica desde el punto de vista económico.

Más o menos impuestos es básicamente menos o más dinero en las manos de los agentes económicos, familias o empresas, respectivamente. La relación entre ambos es inversamente proporcional, a más impuestos habrá menos dinero en las manos de las familias y las empresas, y a menos sucederá lo contrario, más dinero para que las familias gasten más y más dinero para que las empresas inviertan más.

Durante una recesión hay menos dinero en manos de la gente para gastar, y menos dinero en manos de las empresas para invertir. La recuperación pasa por mayor poder de compra de las familias y mayor capacidad y disposición de inversión de parte de las empresas. De nuevo, recesión y más impuestos no van, no pueden ir de la mano. En una recesión todos somos afectados, unos más que otros, pero nadie es inmune al impacto de la misma, incluyendo el gasto público.

La tributación no es un fin en si mismo, sino un medio de la política económica, de sus objetivos, a decir, procurar el pleno empleo, y mantener un nivel estable de precios, en esto el consenso es generalizado, axiomático, basta con afirmar lo contrario para ver el contrasentido en que caeríamos, ningún gobierno puede tener como objetivos promover el desempleo o dejar que el nivel de precios se dispare, esto es, una inflación desenfrenada.

Es por eso que creo que nuestros economistas deberían ‘enfocar sus baterías’ en analizar, criticar o mejorar’ lo que a su juicio esté haciendo el gobierno en materia económica en general, y no sólo en el aspecto tributario. Esto es posible si el gobierno contara con un programa económico. Lamentablemente ese no es el caso. En materia económico no está, nunca ha estado, no parece haber intención de explicar, el rumbo económico que lleva el gobierno.

Lo que sí parece estar claro es que en materia económica, el gobierno ha venido actuando con un enorme margen de discrecionalidad en el manejo de la cosa pública, la cooperación venezolana es el caso más visible y más controversial. Nadie sabe el monto de la misma, ni su destino. La discrecionalidad no es la mejor amiga del crecimiento económico. Para crecer hay que contar con inversiones, y estas solo prosperan en un ambiente de transparencia, de reglas claras. No parece ser ese el caso en el presente de nuestro país.

La participación ciudadana en estos temas es clave. Es usted amigo el contribuyente, es a usted a quien el Estado impone tributos, es usted el que paga 15% de IVA por cada compra que realiza, es usted el que paga impuestos al seguro social, deducidos de la nómina de pagos, es usted el que paga impuestos de bienes inmuebles por la casa donde habita, es usted el que paga múltiples impuestos por diferentes motivos, es usted el que espera que los funcionarios electos, los diputados de la Asamblea Nacional hablen para representar sus necesidades e intereses, ellos son pagados con los impuestos que usted entera al fisco. Es usted quien tiene, no sólo la primera, sino también la última palabra en estos temas. ¿Qué espera para reaccionar?

* Nicaraguense, radicado en California
raulvaldivia@sbcglobal.net
Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus