• Nov. 10, 2009, 10:42 a.m.
Más que una frase cliché, rescatar al sandinismo se ha convertido hoy en una necesidad apremiante, y eso pasa primero por rescatar al Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN, en sus ideas, sus principios y objetivos originales. Rescatarlo de aquellos que se han arrogado, sin merecerlo, su representatividad única y absoluta.

Hay que rescatar al FSLN de las manos de unos cuantos facinerosos que traicionaron los ideales por los que lucharon y murieron miles de nicaragüenses. Es necesario rescatar al FSLN de quienes hoy lo controlan y lo utilizan nada más que para manipular y enriquecerse al amparo del poder. Hay que volver al FSLN de Carlos Fonseca, de Carlos Roberto Huembes; volver por el Frente Sandinista de Eduardo Contreras, de Iván Montenegro Báez, de Óscar Benavides, de Julio Buitrago, del poeta Leonel Rugama, de Edgard Munguía…

Hay que rescatar al FSLN de quienes, sin ser miembros activos, ofrendaron su vida durante la lucha contra la dictadura somocista. Aquel Frente Sandinista del profesor Miguel Bonilla Obando, cuyo instituto --en el que estudié parte de mi secundaria hasta que me fui al Servicio Militar--, llevaba su nombre y que en un arranque de miopía política el ministro de Educación del gobierno de doña Violeta Barrios de Chamorro, Humberto Belli, le cambió el nombre.

Es necesario volver al FSLN, patrimonio y legado de quienes creyeron alguna vez en esa estructura guerrillera que luego se convirtió en partido político. De aquellos que vieron una esperanza y una luz al final del túnel y que hoy, desgraciadamente, sólo ven un mancha negra en el horizonte, agigantada un millón de veces por aquel oprobioso pacto de 1999, refrendado en el año 2000 con una foto -tan histórica como degradante-, de sus principales suscriptores; los mismos que hoy tienen sumida a Nicaragua en la más profunda crisis moral, política, social y económica que jamás ha vivido país alguno.

Es necesario volver al Frente Sandinista con mística; el FSLN revolucionario de verdad, no a un partido político tradicional, corrupto y prebendario, que compra voluntades y se deja embelezar por una falsa reconciliación y una decadencia de sus principios e ideales. Hay que abandonar al FSLN inescrupuloso, títere de las debilidades humanas, y volver al Frente Sandinista que una vez combatió la corrupción, el enriquecimiento ilícito, las desigualdades sociales, la violación a los derechos humanos y el nepotismo.

Hay que volver a un FSLN de corazón, aquel que logró reunir a Nicaragua en un solo puño para derrocar un régimen de 45 años; es necesario terminar con ese Frente Sandinista coludido con una oposición oportunista, demagoga, ineficaz, inepta y corrupta.

Hay que volver al FSLN de “los muchachos”; ese Frente Sandinista que dejó de ser por culpa de una pequeña pandilla que perdió el norte de lo que es ser libre, derecho, respetuoso, incólume, correcto y que simplemente dejó de ser revolucionario.

Es urgente volver al Frente Sandinista libre del denigrante lastre del PLC y el pacto; libre de la aberrante manipulación de las instituciones y las leyes y de las ansias de poder de unos cuantos mal llamados revolucionarios.

“No basta con ser revolucionario, hay que parecerlo”, dijo una vez el Comandante Ernesto “Che” Guevara, y es lo menos que parecen hoy quienes se dicen dirigentes del FSLN y representantes del pueblo.
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