• Nov. 9, 2009, 6:11 p.m.
Una dama al frente de la izquierda
I
Ángeles Mastretta, la escritora mexicana, emocionada, cuenta que el 80% de la gente de Chile aprueba el mandato de Michelle Bachelet. “Subió cinco puntos en un mes, y 38 en un año. El sueño dorado de cualquier mandatario y el de cualquier pueblo que necesite un gobernante valioso, trabajador, inteligente y eficaz”.

“Me gusta ver sonreír a esta dama de mi generación… Es difícil una sonrisa así, en alguien que hace política. Casi siempre las sonrisas de los políticos son de ponerse en duda o de ponerse a temblar”, describe la novelista. Después, remata: “Yo sería del 80% de chilenos a los que les gusta estar gobernados por esta mujer cuyo mandato terminará dentro de poco en un país en el que la reelección no puede ser inmediata”.

Bachelet no busca la reelección y he ahí, la gente, la abrumadora mayoría de chilenos, está impedida por la Constitución, de otorgarle un nuevo mandato. La presidenta es de izquierda. Cree en la democracia, en las instituciones sólidas, y las alturas del poder y su sideral popularidad, no le marean siquiera para insinuar una ruptura del orden constitucional.

La izquierda puede revalidarse, recuperar terreno en la historia de la mano de las mayorías, no a punta de garrotazos ni aterrorizando a la población. Nunca la izquierda va a comportarse como una minoría fascista para sembrar el terror: eso sólo lo hicieron las turbas de Mussolinni y Hitler. El ejemplo de Bachelet nos induce a pensar que la izquierda, no sólo la derecha, puede hacer a un país más viable y con mayor énfasis social.

Una izquierda con resultados brasileños
II
Brasil, conducido por Lula, también es una evidencia de una izquierda que quiere acabar con la pobreza, sin aprovecharse de la misma, elevando el nivel de vida no de sus magistrados y diputados, y los altos funcionarios de su círculo, sino del simple ciudadano.

Los resultados de la izquierda, del Partido de los Trabajadores en el poder, son irrefutables. Los gritos de “muera el imperialismo norteamericano”, no pueden producir este tipo de milagros. Ni apedrear embajadas yanquis eleva el nivel de vida de los pobres.

En un informe del Instituto de Pesquisa Económica Aplicada, se indica que entre 2005 y 2008, un total de 18.5 millones de personas pasaron a la clase media y la clase alta, y que la desigualdad social cayó 9% en 10 años. La clase baja, que representaban el 34% de la población en 1997, bajó a 26% el año pasado. La clase media pasó de 21.8% desde 1995 al 37.4% en 2008 y la alta de 35.8% en 1998 a 36.6%.       

La izquierda mesiánica
III
Si en América del Sur se cuentan las efectivas izquierdas de Bachelet  y de Lula, hay un Estado fascistoide que trata de venderse como “izquierda”. Y, la verdad, nada de lo que hace Chávez tiene que ver con la izquierda desarrollada del siglo XXI, habida cuenta de que la democracia no sólo es una bandera exclusiva de la derecha. Lo último que dijo, y antes, lo habían declarado Benito y Adolfito, era que sin ellos, todo se derrumbaría. Ningún izquierdista responsable puede personalizar una ideología, un partido, mucho menos convertirse en la Revolución y en el país, y después de él, nada.

Ni Lula ni Bachelet cuentan con el respaldo de los petrodólares de una Venezuela ubicada en el lujoso puesto de ser el quinto productor mundial de petróleo. Pero en manos de Chávez y sus estrafalarias ideas, su “izquierda”, tan distinta a la de los dos estadistas, deja estos deplorables resultados: baños de tres minutos, decoraciones navideñas modestas y una pésima administración de lo más básico: el agua y la luz.

La “Chavizquierda” receta pleito, guerra, discursos incendiarios, enemigos por todas partes y prolongadas restricciones de los servicios básicos, amén de las restricciones de prensa y libertad de pensamiento. Y culpa al clima, al Niño, al imperio, al capitalismo, a la Constelación de Andrómeda, al neoliberalismo, a los conquistadores españoles, a la Colonia y Mc Donald de todos sus males.  

Un discurso contra Uribe, otro contra Obama, y Chávez todo lo deja arreglado: “Venezolanos, hay que prepararse para la guerra”.  Un cable señala que “en este momento, Venezuela, país riquísimo en recursos naturales, tiene un déficit de agua del 25% y una demanda de electricidad de 17.000 megavatios (MW), superior a la generación actual”.

El hombre que trata de erigirse en el nuevo Mesías de América Latina, nos ha mostrado los frutos de su chavizquierda, para que lo conozcamos de cuerpo entero: los habitantes de Caracas sufren racionamientos de agua que pueden durar hasta 48 horas por semana y se extenderán hasta mayo…

Tal es la izquierda mesiánica, donde, como en un cuento de Borges, resulta que el Mesías es Herodes y el perro del magistrado “de izquierda”, el que cuenta los votos en Nicaragua, es de la antigua corte imperial de Japón, come tres veces mejor que el proletariado y viaja en avión exclusivo dos veces al mes a Costa Rica, para ser atendido por especialistas de ese país “rendido a los pies del imperialismo”. 
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