• Nov. 5, 2009, 12:12 p.m.
Tras la caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989, el referente unánime de la caída del socialismo en el mundo, y pocos meses antes de las elecciones nicaragüenses tras el acuerdo de desarme en la guerra civil; Daniel Ortega, en una de las campañas electorales en las que se creían invencibles, expresó: “Y si, a pesar de todo, eso ocurriera, yo no podría entregar el poder porque el poder pertenece al pueblo y yo no puedo entregar lo que no me pertenece.”

Es ésta quizás la cita estructuralmente más compleja que haya escrito yo alguna vez, puesto que además de que transversalmente respira por un espacio de estupidez y falacia con principio de circulo vicioso, es la cita más patética, pero a su vez, más precisa para mostrar la definición de lo que ES la demagogia del orteguismo. Veinte años después, tras la celebración de la caída de un imperio de continuos fracasos, el mismo Ortega sintetiza ese patetismo con un slogan llamado: El Pueblo Presidente.

Los primeros días de noviembre de 2009, han definitivamente determinado un momento entre el actor y el tirano. El actor se quita la máscara, levanta el puño al aire con fuerza, da una señal, deja de sonreír y Nicaragua se vuelve una tiranía. Hoy las turbas gubernamentales, los ingenuos y los burgueses, son los únicos que aún sonríen en esta nación. Aún emiten estadísticas de riesgo de país, votos de confianza, reivindicaciones rosas, riachuelos de fe, y ven al monstro caminar por la sala, mientras ellos esperan por una cerveza en la barra.

¿Qué intentamos ocultar? El canario aún permanece dentro de la jaula, la oposición conspira a su favor, las mieles de los poderes le pertenecen exponencialmente y la policía es un instrumento en silencio. Eso precisamente ha dejado claro el camino de una dictadura en Nicaragua: la Policía Nacional en este país se ha vuelto voluntariamente ciega, ha apagado las luces para justificar mañana su falta, y ha dejado libre a las jaurías. “Destruir a la clase media, a mis disidentes, sean derecha o traidores; tiren el dinero entre los pobres, sólo tírenlos, y contrólenme las calles”, así habla Su Majestad en sueños, pero igualmente lo expresa despierto y con lascivia.

El próximo 21 de noviembre la “Operación Zinica Victorioso”, el cual se activará dos días antes, tras la imprudencia de la Policía del Silencio, que permitió una marcha paralela, sin rumbos y con rotondas tomadas permanentemente por las jaurías; esta voluntaria negligencia institucional consolidará el poder perpetuo del mostro por los próximos 15 años. Su acción repercutirá en todas las áreas de la sociedad, instaurará el crimen organizado, hará más “profesionales” al Ejercito, reinventará tintas indelebles, privatizará los juzgados, duplicará su rostro rosa en las calles y una gran hipérbole fálica nos maquillará de humillación. Quien no crea en Daniel Ortega a partir de hoy (y recordarlo también como una noche de cristales rotos), está destinado al fracaso.

La auto denominada izquierda con el poder en Nicaragua, más cercana en realidad al peronismo, es decir, al oportuno espíritu de combinación entre el fascismo y el estalinismo, hoy se ha capitalizado para imponer silencios a las buenas o a la malas. Y en el acto, sacrificando el poder de las ideas, levanta un muro en sus adentros y se vuelve un feudo en sus afueras.

http://emilapersola.blogspot.com/

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