• Nov. 20, 2009, 4:57 p.m.
En 1968 en Viet Nam se conoció del caso de un Mayor del ejército de Estados Unidos que dio órdenes de arrasar completamente el pueblito de Ben Tre, el cual alojaba gente del Viet Cong. El Mayor que dio la orden dijo que se había hecho necesario destruir al pueblo para poder salvarlo. En ese tiempo, la motivación ideológica de la oficialía del U.S. Army era la eliminación total de los comunistas vietnamitas como si fueran células gangrenosas; arrasar el pueblo de Ben Tre era como amputar un brazo para poder salvar la vida del paciente.

Cuarenta años después el Generalísimo de Los Pueblos, Daniel Ortega, está diciendo lo mismo, que va a quemar a la poca clase media que queda en Nicaragua, para poder salvar al pueblo del capitalismo salvaje.

El párrafo anterior es cierto y es mentira. Es cierto porque nuestro acomplejado dictador oye voces -voces igualitas a las que oyen las personas bipolares- que le urgen a salvar a Nicaragua del imperialismo, del capitalismo y de la injusticia social. Es mentira porque la mayor parte de su tiempo lo pasa tratando de consolidarse en el poder a través del robo institucionalizado y de la corrupción, porque como buen dictador acomplejado, el sabe que en países pobres como Nicaragua, con la plata baila el perro. Es decir, Don Daniel dice que va a arrasar al pueblo, esperando que con solo decirlo le de tanto culillo a la clase media que no haya necesidad de hacerlo y así quedarse con todos los reales.

Nuestro acomplejado Don Daniel sabe muy bien que el cuento de la ideología es igualito a los padres nuestros y ave marías que la gente reza en las procesiones de las purísimas. El güere-güere que se escucha en la procesión es solamente un rito y tradición que nos reconforta porque nos mantiene esperanzados en forma colectiva. Por eso es que cuando el opaco Don Daniel se dispara con el mismo discurso gastado y empieza a despotricar contra el imperialismo, la gente obligada a escucharlo para poder mantener su chamba lo oye como si estuvieran oyendo la misa por radio mientras ven un programa de Chespirito con el volumen bajo.

Para los jóvenes que van gritar y lanzar morteros al aire los discursos de Don Daniel no cuentan porque son muy largos. Para la juventud que participa en las manifestaciones gobiernistas salir a echar morterazos a la calle es una forma de soltar la energía que no pueden usar en cosas con más esperanza. Además, tirar adoquines y lanzar morteros es divertido, pues no hay que ir a clase y, además, no hay clavo porque los morterazos políticos son equivalentes a los morterazos de la purísima -por lo menos así lo dijo nuestro flamante Ministro de Educación, quien en un acto de servilismo de bajo costo declaró que el uso de morteros por estudiantes menores de edad era permitido porque era solamente una muestra de nuestras tradiciones. Me imagino que cuando le roben algo de su carro en un parqueo se va a reír igual y decir que esa ratería no era más que una muestra de las tradiciones
populares de Managua.

Lo que tenemos que entender es que la bipolaridad de Don Daniel solo la tiene él; su mujer, su familia, y su pandilla de serviles saben aprovechar muy bien su bipolaridad. Tal como el pendejo que va a un prostíbulo y después de gastarse dos mil córdobas en tragos está absolutamente convencido de que todas las putas están enamoradas de él, Don Daniel cree que La Chayo, Bayardo Arce, Gustavo Porras, Samuel Santos y el resto del equipo, lo reverencian como el gran líder, sin darse cuenta que cuando a él se le acabe la suerte se va a quedar sin lazo y sin ternera.

Con la plata baila el perro nunca fue más cierto.
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