• Nov. 20, 2009, 6:09 p.m.
“Ya aburren, doctor. Y ahora qué jodido andan celebrando. Todavía los 19 se ve bonito… toda la plaza llena. Pero ahora ya aburren”. Con estas cuatro oraciones llenas de hartazgo, de indiferencia y hasta de mal humor hacia las personas que se manifiestan todos los días en las rotondas de la capital, comenzó un monólogo interesante un taxista dicharachero que me hizo la vuelta desde el Hospital Militar hasta END un día de este noviembre.

Por razones de seguridad siempre evito hablar de política con quien sea. Además, por lo general, la conversación adquiere un matiz escatológico por naturaleza, se hable de quien se hable, de rojos, naranjas, verdes, rojos con negro, etc. Mejor no. Pero los taxistas son multiformes y sagaces por antonomasia también. Así que éste, como todos los nicaragüenses, necesitaba expulsar su enojo por la situación sociopolítica actual. Lo triste --por razones obvias-- es que quienes lo exclaman, lo hacen bajito y con quien sepan o piensan que no los va a delatar. Hasta esos niveles hemos llegado, de hablar con quien nos parece seguro dentro de este país lleno de infidelidades y traiciones.

“En 40, chele”, dijo con esa gracia de turco de tienda cuando le di la dirección hacia donde me dirigía. Montó también a una pareja que iba de la rotonda de Plaza Inter, dos abajo. No comentó nada mientras bajábamos la loma, pero cuando giró hacia la izquierda en la rotonda y miró a los manifestantes, fue que masculló el prefacio del monólogo. Las cuatro oraciones que resumían su sentir y el de muchos.

Parece que las venía guardando desde hacía rato. Parece que necesitaba desahogarse con alguien que supiera que no lo iba a golpear ni a apedrear. Dejó a la pareja y se regresó a la rotonda para alcanzar la Carretera Norte. “No les digás nada a esos sandinistas”, me advirtió un tanto despectivo. “Ya te cargan a pedradas”, remató. Yo sólo asentía, pues ni se me ocurría decirles nada ni mucho menos. Ya me he dado cuenta lo que les pasa a quienes tienen el valor de hacerlo de frente… y yo no soy tan valeroso para hacerlo. Hasta esos niveles hemos llegado, de no poder expresar nuestros pensamientos.

“Mire doctor --siguió, dándome de nuevo el título--, esta gente se está preparando para el 21. Ojalá que no haya muertos ni nada”. Yo sólo lo miraba. Me sentía como un adorno más de los que llevaba en el taxi: estampillas, la chica fresa, un perro de hule colgado, una bola de billar en la palanca de cambios, un mantel de peluche que recubría el tablero… Como decía Tom Wolfe, el padre del Nuevo Periodismo: Debés de convertirte en parte del ambiente del entrevistado para que actúe como lo hace cuando no hay un intruso frente a él. Así que seguí sin decir nada, para que soltara su opresión.

Andaba el pelo cortado a la plancha, poblado de canas, con un bigote ceniza grueso que le cubría sus labios grandes. Era meduloso, cobrizo y alto, incluso sentado. “Lo que quieren es meter miedo para que la gente no proteste --ya íbamos por el Parque de la Paz y me sentía casi invisible--. Deberían dejar que todos digan lo que quieran. Si quieren a Daniel, bueno… si no lo quieren, bueno…”

“Mirá, cuando ganó la Violeta, ahí entregaron todo, normal. No sé por qué no pueden hacer las cosas limpias, bien, sin robo. Si gana tal, pues ganó. Si la gente quiere más, pues que lo escoja; si ya no quiere, pues no quiere. Cuando ganó Daniel fue porque la gente ya no quería más de lo mismo”, argumentaba con una lógica tan simple como respirar, mientras esperábamos el verde del semáforo del Loyola. Ya ni me miraba cuando monologaba. Yo iba tomando notas mentalmente.

“Pero te digo algo, pobre esa gente. La sacan de su trabajo para que venga a hacer barra, pero la comprendo. Te digo, si yo trabajara para el gobierno, ahí estaría con mi bandera --agita un bandera invisible con las dos manos--. Ah, y con una cara de contento, porque si no, no vale. Hay que parecer que nos gusta”. Su voz tenía ese timbre galaico y tosco de montaña, como el de una persona que ha pasado dos meses con carraspera. Se reía solo con una malicia de duende.

En “Armando Guido” habló de la “Policía corrupta y ciega que no hace nada, sólo cuando hay droga, ahí están”; de los militares manifestó que “no se ven, ésos sólo comen y… sólo para eso sirven”. Se reía más seguido. Luego opinó del petróleo de Venezuela y lo caro de la gasolina. A Chávez lo describió como el “Loco Cincuenta” “ése que sale en televisión”. Rió más, pero ahora con un pesar de quien recuerda que creyó en alguien que luego lo decepcionó.

Se detuvo unos segundos frente a END. Alguien se bajó. Pero él seguía monologando. Llenando el crucigrama de su vida actual. Segundo país más pobre: Nicaragua… Lo vi alejarse por la marginal con sus nubes de palabras dentro de su taxi. Buscando pasajeros para que lo escuchasen, porque hasta esos niveles hemos llegado, de decirnos a nosotros mismos lo que sentimos y pensamos, y hasta de borrar los recuerdos para salvaguardar no sólo nuestra seguridad, sino la de los demás.

leslinicaragua@hotmail.com
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