• Nov. 28, 2009, 5:33 p.m.
Mientras me dirigía de La Dalia hacia Rancho Grande el sábado 21 recién pasado, me llamó la atención que las capillas o templos evangélicos en el camino estaban abiertas y sus feligreses en oración. Cuando llegué al Rancho, como le decimos cariñosamente, me encontré en la entrada la pequeña caravana de camiones y camionetas repletas de sandinistas que se dirigían a Managua para celebrar la victoria electoral. Eso me hizo recordar que en el camino no encontré señales de vida de la otra caravana. Abrí mi oficina sabatina de leyes en el pueblo, donde los clientes saben de mi despacho; es decir, la vida sigue en Rancho Grande.

A media mañana recibí una pareja de jóvenes que se casarían según lo planificado, y siendo católicos pidieron un momento para orar y otra vez llama mi atención que en su oración piden que haya paz en Nicaragua y que no pase nada en Managua ese día. Buena oración pidiendo por la familia en matrimonio y por la familia nicaragüense, me dije. Por la tarde, de regreso a La Dalia, debía celebrar otros matrimonios en el CAS Luis Hernández, comunidad que heredó su nombre cooperativo de los 80, donde encuentro al pastor hermano Salvador junto con sus ovejas en oración, pidiendo que no pasara nada en Managua, que no se derramara sangre de hermanos más de la que ha corrido. Nuevamente en la celebración de los matrimonios se oye la oración por la vida y por la paz en Nicaragua, y al finalizar Salvador me explica que es un acuerdo de los pastores de cualquier denominación que deben orar por que las marchas de Managua no choquen, que no haya violencia, que no haya sangre ni nada que lamentar.

Escuchamos las radios de distintas tendencias políticas y su cobertura habla de las grandes y ordenadas marchas en la capital y eso nos hace suponer que si está pasando algo a lo mejor no se dice por la radio. Dudas razonables dadas las circunstancias, me explico.

Tuvimos que ir nuevamente al Rancho con Salvador, y en las diligencias voy a las afueras del pueblo y me encuentro que en la casa del hermano Juvencio hay un culto evangélico orando por la paz en Nicaragua; allí encontramos al hermano Cleotilde abrazado con Juvencio en la misma oración. Juvencio es liberal y actual Secretario del Concejo Municipal de Rancho Grande y fue combatiente de la Resistencia Nicaragüense, mientras que Cleotilde es dirigente sandinista de base y fue oficial combatiente del ejército sandinista en la guerra de los años 80. Hasta donde sé Cleotilde y Juvencio chocan fuertemente en las campañas electorales nacionales o municipales, pero siendo ex combatientes expresan que la guerra y la sangre debe ser cosa del pasado. Me voy del lugar pensando que estas lecciones de paz y no de odio no tienen crónicas ni señales, menos aún incidencia en los que planifican volver las calles un campo de batalla donde desahogar otro tipo de frustraciones manipuladas y desviadas hacia el actuar político, como ha sido hasta ahora.

Regreso a La Dalia y veo noticias donde se enfatiza a nivel nacional e internacional que no pasó nada, que el choque de marchas no se dio; imágenes de cachimbo de gente en cada marcha, los discursos de la victoria, del fraude, del pueblo, de unidad maquillada, de promesas cumplidas o por cumplirse, de cambios realizados o por realizarse; las imágenes se cruzan y veo que todos ganamos. Ganó el gobierno dando señales de madurez política y manifestándose en las calles; ganó la oposición llevando su papel a las calles y a la acción.; ganó la democracia, el respeto a la dignidad de la persona humana y el pluralismo político que reza nuestra Constitución. Miles en cada marcha, es normal, pero no debe ser motivo de preocupación para los otros, pues somos más los que no asistimos por distintas razones. No me pregunten a cuál hubiera ido pues tengo una tendencia clara de izquierda y soy sandinista inactivo por las circunstancias, pero hoy aprendí que puede ser cierto que el amor es más fuerte que el odio como lo dijeron Juvencio y Cleotilde, que ya guardaron las armas y ahora desenfundan argumentos y oraciones. Si hubo sangre y muertes que lamentar en los departamentos y caminos de regreso, no es la dimensión esperada, y aún esa sangre debe desaparecer de la historia moderna de nuestro país.

Amanezco tranquilo el domingo, y en aras de parecer un buen marido voy al mercado a comprar hueso para la sopa y encuentro a la gente sonriendo porque el bus que está parqueado cerca de nosotros está siendo limpiado, y parte de la basura que sacan los ayudantes es una cantidad incalculable de piedras y palos que fueron a pasear a Managua y regresaron no sé cómo, si tristes o contentas de no haber sido lanzadas y olvidadas en las calles de la capital de las marchas pacíficas de hoy en adelante y para siempre por siempre.

genlosa@yahoo.es
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