• Dic. 1, 2009, 5:32 p.m.
I  
País pobre quema su dinero

Si al final del día se reportaran ganancias nacionales, quizás se pensaría: bueno, dio resultados. Adoremos las imágenes. Sigamos siendo idólatras. Pero, al contrario, mientras más ensalcemos ídolos, sean de yeso o caprichos, de palo o de carne y hueso, nuestro país seguirá errante por el mismo desierto de calamidades, subdesarrollo y con un 49% de la población en el umbral de la pobreza extrema.

Aún a estas alturas del Siglo XXI, la mayoría de los países latinoamericanos, signados por la santería y la idolatría, se debaten en la miseria, mientras otras naciones con otra cultura espiritual, mantienen saludable sus economías. Para hallar culpables, la lista es abundante, pero todo es echarle la culpa a los de afuera, antes que ver lo que ocurre en casa.

El sistema idolátrico no sólo se ve, en sus efectos, en el mero hecho de rendirle culto a las imágenes. De por sí, esto ya acarrea sus nefastas consecuencias. Revisemos la historia, desde la Conquista, la Colonia y la post Independencia. Este formato ha permeado la vida política nacional desde 1821.

Por ejemplo, el pastor Omar Duarte enfatizó el domingo 29 de noviembre que otro tipo de pecados no trasciende a los hijos y los nietos. Digamos, el padre que robó, la culpa y el castigo lo pagará él, no su vástago. Mientras que quien haga lo contrario al mandamiento de no “te harás imágenes” de lo que “hay arriba en los cielos ni abajo en la tierra, ni te inclinarás ante ellas”, su acto provoca efectos negativos para su descendencia, hasta la tercera y cuarta generación.

Si hay un Dios omnipotente, YHVH, sin ninguna representación, de acuerdo a lo que dice la Biblia, por qué adorar figuras, sombras, esculturas, estatuas, siluetas, efigies, ídolos de barro, del rock o del box; el oro y el dólar, vírgenes al óleo o la opulencia del petróleo. Peor la necesidad, adorar el poder. Sería el colmo.

Una carga cerrada, la más barata, cuesta 40 córdobas. Hablamos de 2 dólares, precisamente la cantidad de reales con que la mitad de la población nicaragüense dispone para sobrevivir cada día. Y, bueno, en Nicaragua, a pesar del amplio mapa de la pobreza,  en pocos minutos y por amor a la tradición, se le pega fuego al dinero, como si fuésemos un país con una sólida economía.

Naciones regidas más por la letra que por la imagen, por la ley y no por el ídolo (mesías, redentores, caudillos…), el Estado de Derecho y no la dictadura, el mérito y no el partido, ofrecen mejores oportunidades a los pueblos, más desarrollo y menos población paupérrima.    
 
II
¿El gobierno es para hacer altares?

El Presidente Ortega debe gobernar para todos los nicaragüenses, no ordenar a las instituciones del Estado elaborar altares en la Avenida Bolívar. Si a los maestros no les aumentan sus salarios, y el desempleo crece, por qué quemar tanta plata en juegos pirotécnicos chinos.  

Por otra parte, la Policía está para garantizar el orden, no para cargar la peana de la “Comisionada Emérita”, tal como esa institución demostró su adoración a la virgen de Las Mercedes. Y el Ejército sabe bien sus funciones, y entre ellas, no está rendirle honores, ni otorgar el grado de Generala,  a ninguna Purísima.

La idolatría es la causa de los Estados-miserias. Lo que está a la vista, no necesita de dogmas.
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