• Dic. 17, 2009, 3:07 p.m.
Si bien es cierto, como padres de familia tenemos la responsabilidad de supervisar lo que nuestros hijos ven en la televisión, una vez que avalamos un programa, el cual consideramos es apto para su edad, ¿quién controla la publicidad de esa programación?

Soy una joven madre, de mente abierta y capacidad de aceptar y adaptarme a nuevas modas, lenguajes, música, hasta adaptarme a las nuevas conversaciones con los niños de hoy en día, cuyas mentes parecen venir con un microchip más avanzado que el nuestro a esa edad; sin embargo, considero que la educación en valores es algo que a pesar de los años debe prevalecer en el hogar, porque es ahí donde verdaderamente se forman las personas que luego serán quienes lleven las riendas en la sociedad.

Actualmente, la televisión se ha convertido en un aparato fundamental del hogar. En Nicaragua la mayoría de la población es joven y por cada hogar nicaragüense se calcula que hay al menos un niño, quienes por su horario escolar tienen suficiente tiempo para permanecer frente al televisor hasta tres horas continuas, hábito que atrapó a mi hija de ocho años y por quien escribo este artículo, ya que un comentario que hizo en un círculo familiar captó toda mi atención: “Envíe la palabra Sexo al número xx xx y recibirá las mejores posiciones sexuales” luego de hacerme la introducción de lo que después me enteré era un anuncio publicitario, me describió la imagen del comercial: un hombre y una mujer guindados en un techo que, por sus descripciones, concluí que era una pareja teniendo relaciones sexuales.

El sexo para mí no es un tema que me atormente, adecuando el lenguaje a la edad de mi hija, he conversado con ella al respecto, pero he llegado hasta ciertos puntos, porque aún considero no tiene la edad ni la madurez para detallarle algunas cosas en torno a ese tema. Luego de que mi hija, sin ningún tipo de malicia, hiciera el comentario, logré ver innumerablemente en cualquier canal de televisión y en cualquier horario el mencionado anuncio, sumándose otros como: “Envía la palabra primera vez y recibe los mejores consejos para ese momento”. Y algo peor: un anuncio de los mismos de mensajería de texto que dice: “¿Cuándo las mujeres llegarán a la luna?, cuando haya que limpiarla”, responden unas voces masculinas. Esta publicidad de la mensajería de texto es preocupante, ya que al parecer no hay un control de horario ni de programación.

Como periodista, desde la Universidad me enseñaron que el medio de comunicación tiene la obligación y la responsabilidad de educar, a través de sus programas. Un medio subsiste por la publicidad, pero estos deberían de autorregular la publicidad según el segmento; no es posible que este tipo de mensajes se estén dando a cualquier hora del día y en cualquier programación, es así cuando se puede demostrar la responsabilidad del medio, ya que el anunciante define su mercado, pero el medio debería también de poner las pautas. Estos mismos anuncios son válidos, pero en horarios que vayan de acuerdo con el contenido del mensaje.
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