• Ene. 22, 2010, 6:35 p.m.
Parada de interlocal Jinotepe-Granada, 8am, otro jueves cualquiera. Ahí me aguarda aún sin muchos pasajeros el mismo microbus verde perla cada vez que me despido de Rosario. Cojo un asiento al medio del vehículo y tras unos segundos, sube una anciana con un costal hasta el copete, baja un asiento reclinable del pasillo, se acomoda el bulto debajo de sus piernas y un niño callado se sienta en su regazo. Alguien le advierte que no dará pasada a los demás pasajeros o tendrá que bajarse para hacerlo, y quizás presentimos que la vejez será tequio para ella.

–¿Todos ustedes van para Granada? –ella pregunta, y algunos asentimos.

–Es que yo me quedo en el Sistema y aquí me sale más rápido.

Pero al rato, el cobrador aparece y la persuade.

–Madre, (ella balbucea)…yo sé, usted va para el Sistema, pero mejor hágase al fondo, no se preocupe que yo le arreglo la salida –y entonces ella, aún balbuceante, accede a la operación:

–Pues bueno, porque vos ya sabes que yo me bajo en el Sistema–y ahora lo dice con un tono festivo como quien va de pic-nic a un centro recreativo. Y como si otro haya escuchado también el mismo tono, el muy imprudente (a mis espaldas) se aventura:

–¿Va para el Sistema, pues, madre?

–Así es, hijo, hoy es día de familiares.

–¿Tiene a su chamaco por allá?

–Una hija es la que tengo –Y como si esta respuesta haya desvariado su plan, el hombre gesticula: “Ah, ya…”, y se abstiene de proseguir con el interrogatorio.

La anciana le habla bajito al niño, y éste sólo da respuestas moviendo su cabeza. Ella se acomoda, abre la ventana y deja salir todo su aire: “Ssssffff ”, como queriendo comunicar que hace calor (pero es acción refleja puesto que el clima es fresquísimo).

Por afuera se acerca otra anciana que deambula con su bastón y un pañuelo gastado que le aprieta la cabeza (la he visto antes). Examina rostros y se va directo a la ventana trasera.

–¡Ideay, Techita! ¿vas para allá?

–Así es, comadre, hoy es día de familiares.

–Y a quién es que tenés, a la Chela?

–No, a la Chayo.

–Ah…pero ya te la van a dar, ¿verdad?, sólo son unos diítas que pasan por allá –minimiza la anciana del pañuelo.

–Vamos a ver, en eso estamos.

–¿Y cuánto le agarraron?

–Un puchito.

–¡Ala! Bueno, Dios mediante que te la den de alta en estos días. Saludámela.

–Gracias, comadre. Ahí le digo.

La anciana del pañuelo examina de cerca a los demás rostros y clava en la persona a mi lado.

–Una ayudadita, Dios se lo va a multiplicar, una ayudadita… –y metiendo el brazo por la ventana se encuentra con un tajante “No” de la persona que ni voltea a verla. Quizás sus métodos han perdido efectos de compasión, puesto que es la misma anciana del pasado diciembre, que pedía casi a regaños limosnas a los viajantes:

–Denme por lo menos 20 pesos, si ya les dieron el aguinaldo, no sean agarrados, jovero…

La memoria es traicionera pero recuerda los descaros y este el caso. Ya se llenó el microbus, arrancamos. En el camino, el hombre del interrogatorio volvió con otro estilo y platicó largo y tendido con la anciana, quien chilió, rió y regañó un par de veces al niño al sacar la cabeza por la ventana.

–¡Sistema!– se escucha de pronto al cobrador comunicarle al chofer. Medio bus se baja para dar pase a la anciana, que hasta el momento no conocíamos su agilidad para cruzar carreteras. Ya está al otro lado con el niño callado y el costal hasta el copete. Hay otros familiares en la entrada, se conocen, se aúnan, y con aliño al hombro se encaminan juntos por ese sendero que les conduce al recreativo de las penas.

*** Nota al pie: Rosario Ardiaga de 32 años, alias La Chayo, fue detenida el 23 de noviembre de 2009, tras allanarse su casa de habitación en una redada de expendios en Villa Madre Proletaria en la ciudad de Jinotepe. Se le incautaron 72 piedras de crack y 15 gramos de cocaína. Sentencia: 2 años de presidio. Las narco liberaciones sólo son para peces gorditos.
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