• Ene. 30, 2010, 3:13 p.m.
El 12 de enero de este 2010 se presenció una manifestación más de los constantes cambios que nuestro planeta está atravesando, y con él nosotros y nosotras también.

Haití es un ejemplo de estos cambios, no es el último terremoto que presenciaremos en estos tiempos, ninguno de nuestros países está exento a experimentar este tipo de fenómenos, ningún gobierno está lo necesariamente preparado para enfrentar los restos que un fenómeno como éste arrastra y ninguna población, grupo social y sociedad en general está preparada para soportar el trauma humano que esto significa para personas de todas las edades, estratos sociales, colores políticos, etnias y religión.

Estamos en una época de incertidumbres, pero se sigue actuando como si aún se estuviera en una época de certidumbres. Se sigue creyendo que el caos se controla con militares, que el trauma social se cura con imponer un orden y que un desastre natural deja a una sociedad, a un país necesitado de que venga otro u otros bajo un papel de moderador del orden social, a decirles cómo superar la situación.

Hay cosas que como humanos racionales cuesta aceptar. El caos es una de ellas, la humanidad es la especie más obsesionada con el control, la dominación y el poder; y el sólo hecho de pensar en que lo contrario sea posible perturba el consciente y activa las estrategias de imponer el orden a cualquier costo.

Aplicado al caso de Haití. No es la primera vez que Haití sufre de grandes cantidades de muertos, no es la primera vez que Haití sufre, no es la primera vez que Haití se desquebraja social y humanamente. Haití ha sido ejemplo de constantes intervenciones internacionales y políticas, de las cuales nunca se ha recuperado y este fenómeno natural lo que viene a hacer es exponer aún más su ya mancillada autonomía.

Dentro del miedo al caos se ubica el sentimiento de territorialidad, no es extraño que Estados Unidos automáticamente al ver el caos luego del terremoto del 12 de enero en Haití, se preocupara por las posibles migraciones de este país caótico, salvaje y “desordenado” hacia el maravilloso suelo del sueño americano. Es algo imposible de permitir, entonces antes de los cascos azules aparecen en escena los militares estadounidenses, con la orden clara de no permitir las migraciones de Haití, no permitir salidas del país y así el orden se hace en Haití.

El orden lleva consigo la ayuda, por lo tanto es conflictivo para la sociedad haitiana reaccionar ante los que por un lado lanzan la comida desde los helicópteros provocando más caos social, y por otro, llegan con instrucciones de “mantener el orden”.

Los noticieros presentan las imágenes de los rescates, de los testimonios de sobreviviente; junto con las imágenes de las revueltas, de los saqueos, en fin Haití es noticia!!! Lo lamentable es que un país como Haití que ha sido mencionado con anterioridad, sólo para hablar estadísticamente de su pobreza con un terremoto como el de Puerto Príncipe pase a las primeras planas por dos semanas, ya no por sus logros, sino por sus desgracias. Las desgracias conmueven, conmueven a los que no están desgraciados.

Lo paradójico es que el control es una obsesión para el ser humano, pero sería mucho más efectivo si se previeran desastres sociales como éste, los fenómenos naturales se pueden evitar, es cierto que el ser humano influye en este planeta, de no ser así las sequías, la contaminación ambiental y la extinción de miles de especies vivas no serían una realidad; pero el grado de responsabilidad sobre lo que sucede a nivel social, a nivel político, a nivel económico, eso es responsabilidad de la sabiduría o estupidez con el mismo ser humano actual.

Haití desde hace tiempo ya no es un país independiente, es una colonia, así ha existido y se ha construido, este fenómeno natural viene a incrementar el descontento social, la desesperanza, y la agresión en la sociedad haitiana, esto es lo que no toman en cuenta los militares, y los gobiernos que los envían a imponer el orden. No sólo se está tocando con las pérdidas humanas a causa de un fenómeno natural; sino que se toca con años de ataques a la autonomía de esta sociedad, violaciones a la autonomía que internacionalmente han pasado desapercibidas.

No sé si Haití se recuperará de este terremoto, Haití no se ha recuperado de no tener libertad, ha seguido existiendo con todo y su pobreza por decisiones de otros y no de ellos mismos.

¿Qué pasa cuando Haití se subleva? Los militares impondrán y mantendrán el orden. ¿Por qué la insistencia de intervenir en realidades y lugares que no les pertenecen? Esto es parte de la creencia de que un país como Estados Unidos tiene la moral y la autoridad internacional como para intervenir donde sea, y sobre todo para saber qué es lo mejor para un país en caos, así como en Irak, Haití es otro lugar más en el que países como Estados Unidos actúan e intervienen creyendo tener la razón en lo que hace.

Históricamente estas intervenciones de “buena intención” es lo que ha llevado a un país en caos a más caos. Es así como se pasa de un desastre natural, a un desastre político, a un desastre humano.

*Antropóloga
gabrielamontiel13@gmail.com
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