• Feb. 4, 2010, 5:32 p.m.
El científico social nicaragüense Andrés Pérez-Baltodano, recién ha presentado su nuevo libro: “La subversión ética de nuestra realidad. Crisis y renovación del pensamiento ético latinoamericano”. Me abstengo de comentarlo por una razón objetiva y otra razón ética: la primera, que apenas he iniciado su lectura; la segunda, que el profesor Pérez-Baltodano me ha hecho el honor -ustedes pensarán si es o no merecido- de dedicarme el libro, y no se vería bien que saliera aplaudiéndole (en pago del “favor”, dirían algunos). Pero coincido con él en cuanto a la necesidad de esta subversión ética, tesis central de su libro.

En verdad, la dedicatoria del libro de Pérez-Baltodano, es un honor compartido con la poeta Michéle Najlis, y eso, para mí, multiplica el honor recibido.

Desde la nota introductora de su obra, Pérez-Baltodano se refiere a lo que le motivó escribirla: “Las causas de la crisis de identidad que sufre la izquierda latinoamericana son conocidas e incluyen: el fracaso político y económico del llamado ‘socialismo real’, la consolidación y cristalización del mercado global, la crisis ambiental y el surgimiento de movimientos sociales y realidades no reconocidas por el vocabulario conceptual del marxismo tradicional. Estos factores también contribuyeron al agotamiento de los movimientos revolucionarios del continente y el fracaso de la revolución nicaragüense en la década del 80.”
Si no comentaré el libro, tampoco voy a omitir referencias a lo que percibí durante el intercambio de opiniones entre el autor y las encargadas de comentarlo, Josefina Vigil y María López Vigil. El primer comentario fue acerca de lo planteado por el autor: la necesidad que tiene la izquierda de renovar su visión esquemática del marxismo y su aplicación mecánica, sin haber estudiado ni tomado en cuenta las diferencias del contexto histórico europeo, en el cual Marx elaboró sus tesis y el atrasado contexto latinoamericano.

La comentarista estuvo de acuerdo, ¿pero qué solución darle a ese problema? – cuestionaba. Pérez-Baltodano dijo no ofrecer soluciones ni recetas, sino hacer la excitativa al estudio de la realidad latinoamericana a la luz de las experiencias y de los presupuestos teóricos de las diferentes corrientes, sin faltar el marxismo. En especial, considera el quehacer cotidiano de cada uno, tras la búsqueda de salidas al estancamiento de nuestro país, como una ayuda para encontrar las soluciones.

Claro, hubo criterios encontrados con uno de los temas del libro, como el de López Vigil, quien no estuvo de acuerdo, y fue crítica, con el hecho de que Pérez-Baltodano sugiriera que la Teología de la Liberación tiene su raíz en algunas ideas tomadas del marxismo. Pérez-Baltodano citó a varios teólogos para justificar su tesis. Esto no convenció a López Vigil y le cuestionó, fundada en la experiencia propia y de las comunidades cristianas de base, que nunca cocieron el marxismo, si no que luchaban por la justicia social y contra la opresión desde su concepción del cristianismo. Pero no negó que hubiera alguna coincidencia entre el marxismo y la Teología de la Liberación.

El autor también se refirió a su conocida tesis sobre el providencialismo de los políticos, a los cuales los diferencia entre los radicales que atribuyen a Dios la responsabilidad de todas las situaciones políticas –como el “milagro” del triunfo de la UNO en el 90 (Antonio Lacayo), y la anhelada intervención de la Providencia en la solución de la crisis actual) Agustín Jarquín)—, y los que creen, o dicen creer, en que Dios actúa a través de intermediarios, que resultan ser los mismos políticos.

Imposible no identificar entre éstos al jefe del gobierno actual, quien pregona que servirle al pueblo, es servirle “a Dios”, y como él supuestamente sirve al pueblo, Dios actúa a través suyo. En una tercera posición, en la que el autor se sitúa, como cristiano, a Dios se le invoca en todas sus acciones positivas de los humanos, cualquiera sea el nombre que le pongan a Dios (ninguna de estas versiones es textual, sino interpretaciones mías).

Hubo también otras ideas expuestas por varios de los presentes, relacionadas con la fe, los valores y la ética. Temas sobre los cuales no hubo total coincidencia, ni la ocasión era para debatirlos. Al final, todos salieron satisfechos con el trabajo del expositor y fueron coincidentes en que la izquierda necesita encontrar su ruta con más exactitud.

Fue lo que pude percibir. Y, si no me equivoco, las conclusiones quedaron flotando. Aunque tampoco el objetivo era buscarlas. Pero se pudo haber fijado una idea más concreta sobre nuestra realidad y la forma de abordarla, aunque no se asemejara a una conclusión vinculante, como está de moda decir.

Lo irónico es que en el propio libro, en las palabras iniciales del autor y el motivo por el cual estaba la mayoría de los presentes, estaba sugerida una posible conclusión. El profesor Pérez-Baltodano dice en su Dedicatoria: “El título de este libro sintetiza el sentido de la vida y la obra de dos nicaragüenses que han luchado tenazmente para superar la triste realidad de nuestro país: la poeta Michéle Najlis y el periodista Onofre Guevara López. Con sus acciones, ellos representan lo que este libro trata de decir, y representan la Nicaragua digna que sobrevive en medio de la corrupción.”

Aunque el autor lo haya personalizado, a través suyo nos identifica a todos con la ética dentro de una actitud de izquierda. Igual que todos los presentes y ausentes, las dos personas a las cuales dedicó su obra, tienen concepciones ideológicas distintas, origen social diferente, creencias religiosas opuestas y, sin embargo, están identificados con una ética de izquierda. Michéle Najlis es una teóloga activa, educada en colegio religioso; yo, un no creyente. Esas diferencias se reproducen en todo el que tiene una posición en la lucha por la justicia social con libertades democráticas y contra las tendencias reaccionarias y autoritarias del gobierno orteguista.

Todo estaba claro: si entre Michéle y yo existiera una diferencia respecto a la identidad política, no hubiéramos recibido juntos el mismo honor. Las otras diferencias no cuentan, sólo el respeto mutuo: ella expresa simpatías y solidaridad hacia mis escritos, y yo la estimo como persona y por su valía como poeta y exponente de la cultura nicaragüense.

Les comentaba a algunos de los presentes en la noche de la presentación del libro de Pérez-Baltodano que los presupuestos teóricos-religiosos diferentes y contradictorios, eran como globos o chimbombas de diferentes colores pendiendo en el aire, y expuestos a perderse en el espacio; pero el hilo que los retiene, lo formamos todos, con los pies bien puestos en la tierra y aptos para identificarnos en una acción común por la misma causa.

Si los demás asistentes tuvieron ideas similares, ya sería un primer paso tras las respuestas acerca de cómo contribuir a solucionar la crisis de la izquierda y a la “renovación del pensamiento crítico latinoamericano”, que motiva escribir al profesor Andrés Pérez-Baltodano.
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