• Feb. 13, 2010, 2:31 p.m.
“Cuando es más corrupto el estado, hay más leyes.”
Cornelio Tácito

La mafia política nacional parece no cejar en su empeño de querer encerrarnos, a todos los nicaragüenses sin excepción, en el corral donde ellos ejecutan su más sórdida voracidad por detentar el poder. El episodio más reciente está marcado por dos capítulos de una misma trama matrera: la amnistía para el estelar dueto “opositor” Alemán-Montealegre por un lado; y por el otro, el sobreseimiento definitivo dictado por una representante de la “justicia” de los reconocidos usurpadores del erario, Byron Jerez y Esteban Duquestrada; ambos ex funcionarios de la administración Alemán, correspondiendo al primero un sitial en “cuadro de honor” al malversar fondos destinados a las víctimas del huracán Mitch.

El primer capítulo está protagonizado por un elenco “de lujo” extraído de las mismas entrañas de la erróneamente denominada Asamblea Nacional, el que propugna por el perdón definitivo del dúo “opositor”, bajo el principio de “hoy por ti, mañana por mí”.

El segundo capítulo del sainete de marras, aunque carece de autoría intelectual visible, es de amplia especulación pública el nombre del titiritero que mueve el tinglado y cuyo principal objetivo es contar con dos “ases” que con sus testificales puedan acercar a presidio a la disfuncional pareja “opositora”.

El escenario montado para el desenlace se aproxima más bien al reñidero de una gallera (con el respeto que estos nobles emplumados se merecen), en donde los gritos de “voy al pinto” o “voy al colorado” se transfiguran en graznidos exigiendo “cárcel para los ladrones”. Esta exigencia “justiciera” se tiñe de ridiculez al examinar el conglomerado de saltimbanquis que la compone: sicarios del periodismo y tránsfugas políticos.

Lo singular de esta “gallera politiquera” es que de cumplirse la exigencia planteada por estos “justicieros” muy seguramente nos llevaría al borde del caos, o quizás al caos total; el sistema carcelario colapsaría en razón de días (carece de espacio para dar alojamiento a parte de los “justicieros”, a sus amos y a muchos otros que no conocemos), la variedad y amplitud de convictos generaría efectos impensables: cierre de micros y macro financieras, cierre de grandes, pequeñas y medianas empresas.

Lo que sí es cierto, y creo que hay que admitirlo, es que la tragicomedia que a diario presenciamos ya ni siquiera tiene las mínimas luces de bandidencia, carece totalmente de imaginación. Apretar la podredumbre por un lado a sabiendas que puede salir pus por cualquier lado, es el episodio que todos los nicaragüenses conocemos.
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