• Feb. 18, 2010, 3:23 p.m.
Managua no se recupera por falta de futuro y exceso de pasado. Managua, después del terremoto, quedó repartida en recuerdos. La ciudad evaporada, desde 1973, fue haciéndose a punta de retazos urbanos, con parches comerciales zurcidos con el hilo del oro y las telarañas de asentamientos tejidas por la necesidad de empezar por algo. Managua remendada, hecha con las mentiras de sus tantos candidatos municipales, trata de hacerse pasar como una capital de verdad.

Managua carece de calles para andar. Sus capitalinos pocas veces gozan de la oportunidad de recorrer un buen trecho, y si se hace será para buscar la próxima parada de bus. La gente corre o rueda, pero ninguna, ni la que más ni el que menos, puede decir algo tan común en cualquier ciudad del mundo: “He caminado en Managua”.

El Siglo XXI no tiene donde recostar su cabeza en la Leal Villa de Santiago porque no se resuelve a ser una urbe, con sus plazas y calles, sino una ciudad a plazos y desplazada, un poco por aquí, otro bolsón por allá, sin integración, sin articulación, sólo empujada por el negocio y el desorden. Managua es una enorme metáfora de las fuerzas ciegas del mercado.

La capital va sin rumbo, si acaso fuera a alguna parte. Managua también ilustra la imagen de Nicaragua en manos de una clase política incapaz de contar con un centro, porque prefiere los extremos para todo: “demócratas” que aplauden golpes de Estado y una izquierda en estado de gracia, que ve demonios del imperio por todas partes.

Managua se extiende hacia Masaya, pero de repente parece dirigirse hacia Sabana Grande. O a la mejor sube hacia el Sur de Ticomo o no, quizás no, quizás no sabremos nunca adónde va este “pueblón con ínfulas de ciudad”, que grafica el poeta Juan Chow. Me parece que Managua sólo es un misterio extraviado: ¿Quién sabe dónde queda el bendito corazón de la capital?

Es mucho pedirle un corazón a tantos barrios dispersos sin latido de ciudad. La improvisación y el pegoste, la solución temporal que terminó siendo definitiva, son la continuidad de aquellas alambradas con que se cercó la devastada capital el 23 de diciembre de 1972. Si las autoridades que se han sucedido desde entonces, comenzando por el Presidente del Comité de Emergencia, Anastasio Somoza hasta ahora, no la han pensado con sentido de metrópolis, siendo la sede del gobierno y de la actividad comercial, ¿qué se podría esperar para el resto de Nicaragua?     

Como no hay una ciudad en todo el sentido edificante del término, los managuas consuelan esa carencia acudiendo a la memoria, con todo lo que ello significa, aunque los recuerdos pierdan su pureza, al ser pulidos con la imaginación de cada quien, porque además, ésta es la única capital del planeta donde la nostalgia es el oficio de los mayores. Hay padres, incluso, que heredan a sus hijos recuerdos jamás vividos, porque saben que han engendrado a una nueva generación de capitalinos sin ciudad y es preciso hacerles una a punta de reminiscencias.   
 
Esta devoción al pasado puebla de fantasmas la vida diaria. “Donde fue la Pepsi”, “de donde fue la Aduana”, ese “donde fue” invade todo lo que es. El pasado es más vivo que un presente muerto y sin ideas. Sus enormes edificios como el Estadio Nacional, son un monumento al ayer. Ahí está el ovalado parque de pelotas en su agonía eterna, sólo cambiando de nombre para actualizarse penosamente: “Estadio General Somoza”, “Estadio Rigoberto López Pérez”, “Estadio Denis Martínez”…

Managua se erige en la única capital del orbe que ha dedicado un altar al pasado, la Avenida que una vez fue Roosevelt y que a falta de construir nuevas arterias, siempre se recurre al viejo y polvoriento expediente de cambiar los nombres de equis lugar para presentar lo antiguo como contemporáneo: la Avenida Sandino.  

Para ser justo, lo nuevo, lo que se abre paso heréticamente en todo este perpetuo culto a la ciudad que fue, es la infraestructura del Puerto “Salvador Allende” y el Malecón. Revitalizar la costa, decirle a los managuas que no sólo del antes se puede vivir, sino que son ciudadanos lacustres y xolotlantes, es un loable trabajo de la actual Empresa Portuaria Nacional. Tal vez Managua al recuperar su Lago, también empiece a divisar las costas de su futuro…    
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