• Feb. 20, 2010, 3:35 p.m.
Quien haya tenido una iniciación literaria con libros de autoayuda, particularmente con las desgracias de Paulo Coelho, considero que está arruinado como lector y en general condenado a vivir superficialmente su existencia. Todo lector de Coelho, nunca podrá ver más allá del bien y del mal, y toda la vida cargará con una coraza indefensa y maniquea, siguiendo patrones de felicidad muy cercanos a los paradigmas de las novelas mexicanas, a las risueñas ingenuidades de Corín Tellado o al pálido monocromo de una papa sin sal.

No es posible tomar en serio a los coelhianos, ni a sus agendas con frases célebres, a sus éticos relojes en la mano izquierda, a sus meriendas bajas en calorías, ni a su líquida cultura narcisa. Cada vez que en algún perfil de Facebook me encuentro con alguien que entre sus libros favoritos confiesa las obras de este farsante -como gran hazaña para sonar interesante- lamento que tenga tan baja autoestima, declarando con ello todas sus irrisorias aspiraciones de vida y ese bandidito truco de insinuar que hace compras en el supermercado La Colonia.

El planeta de los coelhianos se suscita entre tardes “depres” con domingos de cine, entre medianas cajas de palomitas, skittles y diet coke, frente a una pantalla grande a la que se han sentado repitiendo: “Dicen que es buena”. Y al salir, van por allí aún desencantados, haciendo aritméticas de dolor entre sus hombros, con el consuelo de la emborrachada que se pegaron la noche anterior con sus nuevas amistades del comité de solidaridad con Haití.

El mundo de los coelhianos es también un asteroide B612 aunque carente de la imaginación de un Principito. Es un mundo políticamente correcto, que diariamente desayuna con sentimientos de culpa, y escucha siempre al otro para tomar decisiones sin dialogar nunca con su ser. Coelho los ha castrado para siempre.

http://emilapersola.blogspot.com/
Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus