• Mar. 5, 2010, 7:14 p.m.
El “Porrismo” es la versión nicaragüense del movimiento sindical corrupto latinoamericano, promovido por gobiernos demagógicos. La corriente oportunista está al servicio de gobiernos y capitalistas, y es conducida por agentes suyos, para distorsionar la misión y la función de los sindicatos, manipular políticamente a los trabajadores y neutralizar sus actividades, de forma que no afecte los intereses patronales ni la política “social” de los gobiernos, por todo lo cual les dan la oportunidad de enriquecerse.

El padre del “Porrismo” en Nicaragua es Gustavo Porras, caracterizado por su caciquismo político infiltrado en los sindicatos y trabaja para el orteguismo. El “Velasquismo” mexicano, por el apellido de Fidel Velásquez, fue un cacique al servicio de los gobiernos de la burguesía pseudo-revolucionaria del Partido Revolucionario Institucional (PRI), como secretario general de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) durante unos cincuenta años, hasta su muerte a los 97 años (nació en 1900). Murió siendo dueño de una fortuna personal.

El “Mujalismo” debe su nombre al apellido de Eusebio Mujal, nacido en Cataluña, llegado a Cuba a los cinco años (1915), y quien ejerció el gangsterismo político como secretario general de la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC). Estuvo ligado económicamente con el sindicalismo patronero de los Estados Unidos. Ingresó al Partido Comunista Cubano (1931) y fue expulsado poco tiempo después. Mujal estuvo al servicio de varios gobiernos pro gringos de la que los cubanos conocieron como seudo república (1002-1959), bajo uno de los cuales asesinaron al dirigente azucarero Jesús Menéndez (1911-1948), y culminó su actividad junto a la dictadura de Fulgencio Batista. Dirigió asaltos a locales del sindicalismo socialista.

Del “Porrismo” nicaragüense ya hay mucho qué decir, pese a ser de reciente nacimiento como corriente sindical oportunista al servicio del gobierno de Daniel Ortega. Días antes de la victoria electoral de Ortega (noviembre 2006), trazó las líneas de trabajo para neutralizar a la antes combativa Federación de Trabajadores de la Salud (Fetsalud) y, al mismo tiempo, se ha valido de la misma para reprimir la libertad sindical de otras tendencias sindicales (ver artículo en END, 23/2/2010).

Desde sus posiciones de diputado, secretario general de Fetsalud y del Frente Nacional de los Trabajadores, ha dirigido actividades represivas contra el sindicalismo independiente, ha agitado a los tirapiedras de los CPC contra los actos políticos opositores y últimamente ha acelerado su trabajo contra los dirigentes sindicales y miembros de la Central Sandinista de Trabajadores (CST), cuya filiación orteguista no está en duda, pero no se escapa de la mira de Porras, porque no le obedecen, hacen reclamos laborales fuera de su control y porque le parece una herejía punible que critiquen algunas políticas “sociales” del gobierno.

Ahora mismo, mantiene un conflicto en el Magfor, a causa de los despidos de dirigentes y afiliados a la CST para ubicar a incondicionales suyos, para lo cual cuenta con la colaboración de los Consejos del Poder Ciudadano (CPC), organismo de choque del orteguismo. El “Porrismo”, por lo visto, es aún más extremista que el “Velasquismo” y el “Mujalismo”, pues reprime por igual a los sindicatos independientes y a los orteguistas que no le obedecen. En tanto, aquellos oportunistas sólo agredían a los sindicatos socialistas o independientes, el “Porrismo” se caracteriza como una corriente política-sindical “caníbal”, pues devora a los sindicalistas del mismo movimiento político orteguista.

Quienes han tenido información o contacto con el sindicalismo saben que el enfrentamiento con el oportunismo ha sido un fenómeno de vieja data, pues el oportunismo nace junto a los sindicatos por el estímulo que han recibido de los gobiernos y los patronos como un medio de evitar, en primer lugar, que los sindicatos se organizaran. Pero cundo ya no pudieron evitar su nacimiento, comenzaron a financiar la actividad traidora de los oportunistas para desviar los objetivos de la lucha reivindicativa de los obreros, para frenarles y, finalmente, convertirlos en instrumentos políticos partidarios. Los gobiernos y los patronos ponen sus armas antiobreras en manos de los caciques sindicales, principalmente, la amenaza del despido como medio de disuasión, y el despido efectivo como castigo cuando les falla lo primero.

El caciquismo sindical cuenta también con la colaboración de los funcionarios públicos, los cuales les facilitan la ejecución de las agresiones y no dejan de aportar recursos para alcanzar los mismos objetivos: que los obreros desistan de organizarse, si se organizan neutralizarles la lucha y al final su domesticación. De entre los altos funcionarios públicos, el ministro del trabajo es el que más directamente actúa en contra de los sindicalistas, sea retardándoles los reclamos y fallando en su contra las demandas; aparentan neutralidad en los conflictos obrero-patronales, pero, efectivamente, tratan de favorecer a la patronal. Y cuando la resistencia obrera logra evitar las maniobras, y ante lo inevitable, el Mitrab falla a favor de los trabajadores, después no hay autoridad que obligue a la patronal darle cumplimento. Un fallo laboral cumplido al pie de la letra y prontamente, es algo muy raro.

Desde cualquier óptica que se mire la actividad del “Porrismo”, es contraria a los intereses y derechos de los trabajadores; una fuerza negativa con una actividad perniciosa; sus consecuencias afectan política y socialmente al país, y particularmente a los trabajadores, por lo tanto, a ellos, a sus organizaciones sindicales, corresponde frenarlo. Y hacerlo pronto, sin excepciones, incluyendo a los sindicalistas sandinistas confundidos por los agentes del “Porrismo”, y si fuera posible enfrentarlo unitariamente, mucho mejor.

Si la tarea histórica que se planteó el sindicalismo de lograr construir una “sola central sindical para una sola clase social” se ha alejado hasta convertirse en una utopía, porque mientras sus adversarios de clase tengan en sus manos la fuerza y todas las armas del poder, y oportunistas a su servicio, la unidad total de los trabajadores será imposible. Sin embargo, siempre será posible reducir el poder de dominación sobre los trabajadores de gobiernos y patronos con la unidad gremial, de empresa y de rama productiva, mientras no sea factible otra unidad más amplia de todos los trabajadores de todo el país.

Lo importante es que los trabajadores mantengan el nivel de organización y combatividad, lo que les ha permitido romper el cerco patrono-estatal y llegar hasta donde ha llegado. Ésta es la mejor razón para no cejar en la lucha contra toda clase de adversario de los sindicatos: estar aquí, y ahora, porque antes no hubo fuerzas que pudieran detenerlos.

Y si la historia, de diferentes formas, ya dio cuenta del “Velasquismo” y del “Mujalismo”, ¿por qué no va a poder dar cuenta del “Porrismo”?
Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus