• Mar. 19, 2010, 4:30 p.m.
Desde mi nombramiento como presidente de la Unión de Periodistas de Nicaragua (UPN) el año pasado, de una u otra manera y sin quererlo me he convertido en fuente de consulta sobre algunos temas nacionales, particularmente los referidos a las relaciones entre el gobierno, los y las periodistas y los medios de comunicación. Ingrata tarea, porque desde el principio me di cuenta de que los grandes medios opositores al gobierno utilizan cualquier cosa que yo les diga para justificar y maquillar sus ataques entremezclándolos con una opinión un tanto diferente o divergente, en este caso la mía.

A pesar de ello y aunque esto ha significado a veces soportar ofensas y descalificaciones personales siempre he accedido a brindar entrevistas a cualquier periodista que me lo pida, sin importar que el o la colega representen los intereses de un medio cuya política informativa y editorial yo no comparto. Ni ellos están obligados a pensar como yo, ni yo tengo por qué pensar a güevo como los Chamorro.

Sin embargo, hasta hoy, salvo raras excepciones (una sola vez si mal no recuerdo, en una entrevista del colega Luis Galeano) siempre mis declaraciones han sido manipuladas, disminuidas, tergiversadas, publicadas incompletas y descalificadas de antemano.

Cada vez que esto me pasa, recibo llamadas y correos de amigos y amigas, algunos reclamándome por lo que los periódicos dijeron que yo dije. Y siempre tengo que explicarles que en verdad eso no es lo que yo dije, sino apenas la mínima fracción de mi declaración que logró pasar la censura del periódico. Porque si usted no lo sabía, sépalo: no sólo los gobiernos censuran, los medios también lo hacen y todos los días.

Ahora me toca el turno a raíz de la decisión del Consejo Supremo Electoral de impedir la cobertura periodística a los colegas de La Prensa y EL NUEVO DIARIO, donde otra vez me toca tener una opinión diferente a la de los periódicos de la familia Chamorro. Y de nuevo la misma historia, por lo que haciendo uso de mi derecho constitucional de réplica quiero por este medio poder decir lo que los diarios me censuraron.

Lo primero que digo es que como periodista, dirigente de una organización gremial de periodistas y durante diez años reportero de la calle, me lastima ver que un o una colega es impedido de realizar su trabajo periodístico. Por una posición de principios no puedo estar de acuerdo con esta actitud discriminatoria. Pero también dije a continuación que ambos periódicos (los periódicos, no los periodistas) estaban cosechando lo que habían sembrado.

Dije que tanto EL NUEVO DIARIO como La Prensa desde que el FSLN retomó el poder han desatado un ataque inmisericorde contra todas las instituciones del Estado. La cobertura periodística de la actividad estatal nunca ha tenido por objeto el sano propósito de “fiscalizar” el ejercicio gubernamental sino el de destruir, aniquilar y derrocar. El CSE viene siendo descalificado por estos medios desde antes incluso de las elecciones de 2006 y los ejes de ataque siempre son los mismos: que no sirve, que es corrupto, que se van a robar las elecciones, que Roberto Rivas es muy gordo, que porque tiene reales, etcétera.

Pero al final tuvieron que aceptar que las elecciones de 2006 fueron limpias y transparentes y que Daniel Ortega les ganó en buena ley, como les volvió a ganar ahorita en la Costa. ¿Qué es lo que decían hasta hace una semana? ¿Acaso no sumaban fuerzas con los partidos y ONG antisandinistas adelantando que habría un gigantesco fraude? Y una semana después de las elecciones, ¿dónde está el fraude?, sólo en las mentes calenturientas de los propietarios y editores de los diarios del monopolio.

La reacción del CSE por tanto, en este escenario, es algo natural y nada extraño en cualquier democracia, por muy perfecta que se invoque. A esto me refiero cuando digo que La Prensa y EL NUEVO DIARIO están cosechando lo que han sembrado.

En Estados Unidos, el presidente Barack Obama ha ordenado que no se permita la entrada a las conferencias de prensa en la Casa Blanca a los periodistas de Fox News, defendiéndose así de los ataques sistemáticos de esta cadena ultraconservadora contra su gobierno desde que asumió el poder. Y hasta donde he leído, esa decisión de la Casa Blanca no ha sido atacada por el resto de medios de comunicación norteamericanos, que lo han aceptado como parte de las difíciles y cambiantes relaciones entre la prensa y el gobierno. El colmo sería que me vengan a decir ahora que Obama es revolucionario y que está siguiendo los pasos de Daniel.

Es fácil colocarse desde una posición de propietario del medio y decir “¡están atacando al periodismo!”, “¡no dejan trabajar a los periodistas!”. Pero lo cierto es que una cosa son los dueños de los medios y otra somos los periodistas asalariados. Y en este caso yo no creo que exista ninguna actitud oficial contra un periodista en particular, pero sí por supuesto contra el medio al que representa, si éste está colocado, como en este caso, no como un medio independiente, sino abiertamente en la oposición.

Desde hace tiempo he dicho y sostengo que los medios de comunicación y en particular los periódicos son la causa principal de la extrema polarización de la sociedad nicaragüense. Soberbios y arrogantes, creyéndose dueños de la verdad absoluta, juzgan y condenan. Sentados en el trono de su palco y situándose más allá del bien y el mal, como si fueran santos, azuzan a diario la confrontación entre los nicaragüenses. La agenda informativa de los medios es casi total y únicamente política; los problemas sociales, del medioambiente, la economía, la salud y el empleo, por decir algunos, no son prioridad para estos medios. Su prioridad es el “pacto”, la política y la descalificación constante a las instituciones y a todo intento del gobierno por mejorar la situación de la población.

¿Es anatema decir esto en los periódicos? Si no es así, entonces ¿por qué me lo censuran? Yo digo que las instituciones democráticas se fortalecen criticándolas no destruyéndolas y que el periodismo debe ejercerse de cara a los intereses de la población, no de cara a los intereses de los políticos y el gran capital oligárquico. ¿Qué cosa es esto, periodismo “a la medida del poder” o periodismo a la medida de los intereses nacionales? Que lo diga el lector.

Como bien dice el adagio, el que las usa se las imagina. Periodismo a la medida del poder era el que hacían La Prensa y EL NUEVO DIARIO desde tiempos del gobierno de doña Violeta y peor aún en tiempos de las “páginas azules” de Bolaños. ¿Acaso no estaban algunos de los principales periodistas y editores de estos medios incluso en las planillas de casa presidencial? ¿No acompañaban a Bolaños en todas sus giras nacionales e internacionales con gastos pagados y hablaban solo bien de su gobierno? La experiencia ya la tienen y el pueblo ya lo sabe, así que no se rasguen las vestiduras.
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