• Mar. 27, 2010, 5:12 p.m.
“Todo depende de la opinión”, sabia y profética frase del profundo filósofo Séneca que hoy en día se reafirma más y más, conforme la ciencia de las comunicaciones domina el mundo. Autoridades en la materia (comunicación) se arriesgan ahora a poner mayor énfasis en el “medio” mismo. ¿Cuánto habrá de cierto? Prueba de ello la enorme influencia de la radio a través de las ondas hertzianas en los años treinta, cuarenta y principios de los cincuenta. La radio informó al detalle, sobre la base de la conveniencia de los países contendientes, al mundo entero al instante sobre las acciones y consecuencias en los distintos frentes de batalla de las primeras dos guerras mundiales del siglo XX.

No olvidemos, a manera de ejemplo, el increíble impacto que tuvo en la población de los Estados Unidos, la histórica transmisión radial de Orson Wells sobre una hipotética invasión de marcianos a la tierra, que provocó real pánico entre la ciudadanía, y muchos norteamericanos que pegaban la oreja al radio llegaron a creer que efectivamente la tierra era atacada por supuestos hombrecillos deformes tripulando fantásticas naves espaciales con capacidad bélica desconocida. Y hubo verdadero pánico en ciudades como New York y Washington, hasta que se ratificó que el programa era solamente una fantasía.

La televisión misma, de hecho se ha apoderado del mundo completamente, cuando las imágenes unidas a las voces y al color, permitieron al televidente presenciar desde su cómoda butaca hogareña, el instante vía transmisiones satélite cuando el hombre pone su pie en la luna. Cuando los marines matan infantes de Vietnam con napalm. Cuando los misiles yanquis matan indiscriminadamente iraquíes de noche en la guerra contra Sadaam Huseim.

Cuando un candidato joven, galán y bien peinado (John F. Kennedy) se apropia del voto poderoso femenino y le quita la presidencia del país más poderoso del mundo a un mal encargado Richard Malcom Nixon.

¿Qué decir de las patéticas telenovelas que mantienen embaucados a millones de seres en el mundo y se transmiten a toda hora para gozo morboso del hogar? Sus personajes son casi venerados por la fanaticada de la TV.

Los medios de comunicación masiva, que ahora incluyen la poderosa red de la Internet, nos están haciendo vivir la historia cotidianamente. Todos ellos, de una u otra forma, se complementan entre sí.

La prensa, poderoso medio escrito, no ha sido desbancada. La pluma es y sigue siendo influyente y poderosa al formar criterios, al emitir opiniones, al ser portavoz de los que no son escuchados, al ser temida por los gobernantes corruptos en todo el mundo.

La prensa, curiosamente, es el medio masivo que más mártires (periodistas) inmolados ha ofrendado al mundo en busca de la palabra verdadera y en defensa de la justicia, al tratar de desenmascarar a los malditos, en el valor de sus reporteros y sus editoriales. No es un oficio tranquilo. En ocasiones se paga un precio muy alto por presentar y defender un criterio, y el escritor que emite una opinión puede pagar con su sangre en cualquier momento el haber ofendido a algún dios del Olimpo en turno.

La opinión escrita es herramienta invaluable de la prensa escrita honesta que educa, presenta juicios, opciones y disyuntivas al lector. Cuando un periódico se compenetra con sus lectores y a través de su cotidiano devenir llega a formar parte integral del hogar, es en sí un miembro más del núcleo familiar que ilustra sobre lo que el mundo circundante manifiesta.

Al lector no se le puede engañar. Un periódico profesional respeta la opinión de sus colaboradores y sus lectores, aunque en ocasiones no esté de acuerdo con sus puntos de vista, pues éstos ayudan a formar criterios plurales y a descubrir fallas en sistemas al desenmascarar acciones reñidas con la verdad por parte de autoridades y empresas privadas.

Quien escribe (sin “patrocinador”) espera y añora ayudar a formar opinión en el lector. Espera que sus letras sean atendidas y apreciadas. No por quien escribe, sino por lo que ésta persona escribe. Ese es el premio del que hace el artículo, contribuir a formar opinión.

Es un aporte social, es su contribución a un mundo mejor, más justo y más equitativo. El periódico mismo necesita de los aportes desinteresados de estas personas para recibir retroalimentación del ambiente que lo rodea. No podemos visualizar un periódico sin editorial, sin opinión, sin caricatura política y sin escritos de los lectores. ¡No sería periódico!

* Analista político.
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