• Mar. 30, 2010, 4:49 p.m.
Mis movimientos y mi apariencia son antónimos. Mis labios son puertas cerradas. Soy lo que no parezco. Es libertad también ser lo que no se aparenta ser. Engañar con lo superficial es un tipo de arte. Hay dos Jean-Jacques Rousseau, sus “Confesiones” y su vida. Hay múltiples Napoleón: lo sabrán muy bien sus íntimos militares. Que la leche sea alcohol, es una posibilidad. Que las manos, hagan de pies; o que los pies de cabeza: son matices de la vida, de esta que vivimos. Que el sueño sea la realidad o que la realidad sea un breve pasatiempo del inconsciente. ¡Vamos Atenas!, desciframos tus mensajes. Hablar y accionar a la inversa, son síntomas del nacimiento de matices de lo humano. Es la noche el verdadero tiempo para vivir; Es el día… simplezas. Es con la luz de la luna donde aparece el verdadero ser. El antifaz cae con los signos de las estrellas. Entonces resulta el mundo un conglomerado de antifaces. El buen vivir será vivir con todos los antifaces deseados. Por eso un día se puede hacer de liebre, otro día de tigre, otro de garza… La confusión no fue ni es mi culpa. Porque los días y los años te convertirán en experto para descifrar y descubrir. Vivir es camino hacia la grandeza, no física sino… También lo erótico se puede practicar con antifaces, ¡claro que sí! Las obras con antifaces son únicas. Danzo pero en realidad camino; hablo pero en realidad practico el silencio… y es porque me burlo, me muero de risa cuando observo que el interlocutor se cree mi antifaz. El fumador puede que utilice ese antifaz para practicar vida vegetariana espiritual, ¡el humo recorriendo los pulmones puede que en realidad sea medicina para los nervios! Máscaras, ¡que milenarias son! El dinosaurio, lleno de pequeñeces en su personalidad, bien puede un día ocurrírsele disfrazarse de hombre o de mujer. ¡Hay muchos en todas partes!, carecen estos de nacionalidad, son ciudadanos del mundo, ¡bienvenidos!, están en alturas y lomas: son ustedes singulares voces. Detrás de una máscara hay otra máscara y otra... y otra. Mis miradas son de águila; mis caricias de araña; mi sonrisa de perros de circo; mis intenciones de caritativo ser humano… ¡Sí!, el antifaz no tiene límites. Es la enfermedad salud del alma; son las lágrimas llantos de alegría por la evolución del corazón: máscaras. ¡Adivina quien soy!
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