• Abr. 16, 2010, 4:42 p.m.
Nicaragua es un país no solo de diversidades étnicas no reconocidas, sino que también es un país con diversidad de identidades juveniles no identificadas. Luego de los 80 ocurre en Nicaragua, así como en cualquier país donde la lucha armada se hizo presente como lucha social, un rompimiento generacional fuerte y de cual no se tiene conciencia, o si se tiene es muy poca.

La juventud, vista como concepto no aporta al estudio de los múltiples fenómenos que existen de manera dinámica en la realidad social de Nicaragua, hace falta ver mas allá del elemento de la edad y sobre todo es necesario romper los mitos nacionalistas, partidistas y adultistas que hasta hoy son los que han sobresalido en la tarea de abordar el fenómeno social de la juventud.

Juventud es la palabra que ayuda a mental y socialmente ubicar a una persona de X edad, con X características y atribuciones-expectativas sociales, pero al trascender la palabra, el concepto, las estadísticas y los usos en los discursos político partidarios, académicos, adultistas y globales, existe una selva de individuos, hombres y mujeres, con diversos tipos de crianza, diferentes modelos familiares, diferentes condiciones socioeconómicas y por ende, múltiples formas de ver y entender el mundo.

Las condiciones en las cuales el individuo es formado, moldeado y poco a poco hacia la adolescencia e inicio de la etapa conocida como juventud va construyéndose identidad e identidades; influyen en la forma en que la persona (hombre, mujer) se configura, se define, se construye.

Esta manera de construirse que se asienta en ese ir y venir de los individual-familiar-colectivo y luego regresa constante y continuamente contiene la naturaleza de la existencia social de la humanidad, hombres y mujeres de todas las edades.

¿De que condiciones se habla entonces? En primer lugar de las históricas, al nacer el nuevo humano ya recibe sobre si mismo un legado, de familia en primer lugar (duelos, triunfos, fracasos, frustraciones, posición que ocupa en la sociedad), pero también esta la historia de su localidad (municipio, comunidad, departamento, región) de nacimiento y lo que significa esta historia a nivel nacional; y a esta se suma la historia del país y mas allá de eso, lo que significa esta historia de país a nivel global, es decir, mundial.

De la historia, es decir, de los antecedentes sociales no se tiene en la mayoría de los casos conciencia, comprensión y mucho menos análisis de esta; lo cual se debe a debilidades de memoria histórica en la familia, el sistema educativo y evidentemente en el país en general, empezando por el estado. Pues la historia que se enseña en la escuela, la historia que enseña el Estado, al menos en el caso nicaragüense es una historia de estampilla, de postal, cargada de nacionalismo y romanticismo que no ayuda a construir una real memoria histórica que aporte a una mayor conciencia social.

La otra condición que influye en las identidades, en este caso de hombres y mujeres jóvenes, es la económica. El desarrollo integral del individuo (social, cultural, religioso, académico, político) va de la mano con las condiciones económicas con las que se cuentan en la vida, y mas remarcado en el contexto actual, el boom de la globalización que provoca y produce en el individuo frustración al no poder tener poder adquisitivo que le permite sentirse realizado/a, o desarrollado/a.

Las condiciones económicas permiten o limitan, eso marca desde ya una diferencia social y de percepción social, en relación al otro, a la otra, partiendo de tu realidad y como te define esa realidad en la que naces, creces, y en algunas ocasiones (para no caer en la generalización) morís.

Una tercera condición a tomar en cuenta es el momento histórico y social en el se nace, no es lo mismo haber nacido en los años 50, en los 90, o en el 2010, se cuentan con contextos diferentes que configuran la realidad de los hombres y mujeres y definen de una manera importante su lugar y función dentro de la sociedad.

Por lo tanto se debe hablar de identidades juveniles, no de la juventud como algo abstracto sino que es necesario reconocer la multiplicidad de caracteres sociales y de miradas en ese conjunto tan global y simplista de juventud, juventud nicaragüense, inclusive juventud sandinista, juventud MRS, juventud liberal.

Hay una cuarta condición que es la que se necesita construir, la capacidad de asumir la responsabilidad de la propia vida. Hombres y mujeres de todas las edades teniendo y dándose la oportunidad de decidir sobre sus vidas, de conocer sus limitantes pero no quedarse abrazándolas sino que por el contrario asumirlas como retos personales y apuntalar hacia una mejor existencia, capacidad de poder diferencia entre lo que se quiere y lo que se obedece sin miramientos, capacidad de diferenciar entre vivir dignamente y ser manipulado artísticamente, ya sea desde los mitos partidistas, religiosos, adultistas y patriarcales y nacionalistas.

Es urgente reconocer en primer lugar la diversidad de identidades (tomando en cuenta el contexto actual), reconfigurar los conceptos que no son útiles para esta diversidad existente y permanente, reconfigurar las relaciones que se han ido tejiendo que parten de la homogenización y de la intolerancia social, ejercitar la conciencia de vida (porque hago lo que hago, que puedo mejorar en mi, que tanto de lo que hago no contribuye a construir una mejor sociedad) y asumir que lo que se vive no depende esta predestinado, reconocer que es algo que se modifica en cada decisión personal que se toma y que eso afecta el entramado social cercano con el que convive.

La importancia de las decisiones personales en las transformaciones sociales parte por el reconocer y ser conciente de la realidad en la que se vive y a partir de ahí construir la capacidad de cambio, desde responsabilizarse por la vida misma, que es lo contrario de la dependencia y la resignación.

http://gabrielakame.blogspot.com/
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