• Abr. 24, 2010, 10:11 p.m.
Humo espeso, hediondo y contaminante producto de morteros absurdamente detonados, sirve como cortina para ocultar los caldos de inmundicia política que se están cocinando entre los pactistas degenerados de nuestro país.

Me había prometido no volver a gastar palabras abordando temas concernientes a la política nacional, pero es promesa revocable cuando ese animal político que somos, según Aristóteles, desea y debe manifestarse, movido por el instinto reaccionario ante tanta desfachatez y deshonestidad.

Simple y sencillamente no podía reprimirme cuando lo que he visto en los últimos días me produce asco: un grupúsculo llamado oposición dizque sesionando en contra del llamado caudillo, una turba que se posiciona de las calles a su gusto y antojo, amparada en amenazas y violencia, un pueblo atemorizado que se encierra en sus casas para evitar vejámenes lícitos, pues todo lo que hacen las huestes oficialistas es permitido. En fin, Managua es un cuadro surrealista creado por los pintores cuyos trazos son ajenos a la razón y esclavos de la ambición y la sinvergüenzada.

Tampoco puedo callar mi lamento sobre la desgracia que se cierne en este país supuestamente democrático, en el que los ciudadanos ni siquiera podemos plegarnos a un bando o al otro, porque todos los seres pensantes sabemos que no existen alternativas cuando el gobierno y sus ‘detractores’ comen en el mismo plato y saquean las mismas arcas.

Cómo enmudecer ante la infamia de ver a los tipos considerados con méritos suficientes, tanto académicos como morales, para guiar el tren de la justicia en nuestro país, comportarse peor que animales salvajes, apelando a la ley del más fuerte.

También me resulta inaudito que los oficiales de la Policía Nacional interpreten el papel de árboles impasibles que le otorgó el director de la obra, con el fin de que los pandilleros que interpretan el personaje llamado pueblo puedan hacer y deshacer en el escenario natural, con los rostros cubiertos más que por pasamontañas, por la ignominia y la brutalidad de actuar movidos por el instinto de agredir a quienes ni siquiera conocen.

¿Cómo es posible que sabiendo que no se invierte en la infraestructura de la ciudad, se fomente la destrucción de avenidas y de propiedades privadas? Esa táctica de guerra sólo cabe en la cabeza de aquellos a los que el poder los ha cegado.

Viendo el actuar de nuestros ilustres magistrados y padres de la patria, sólo me vino a la  mente una cita del sabio Séneca: “las riquezas dan insolencia”, pues por insolentes actúan todos esos que ven en cada institución del Estado su finca personal en la que la riqueza es inmensamente atractiva y perenne mientras exista un pueblo que la mantiene con impuestos y que temeroso no alza su voz.

Me río cuando veo a los pulcros de la acera de enfrente pintada con el mote de oposición, cuando se golpean el pecho (o mejor dichos sus estómagos llenos de manjares que los de abajo jamás probarán) y gritan que no van a permitir que los artículos resucitados por el prestidigitador “Abracadabra” normen el destino de las instituciones, cuando en realidad ellos han propiciado que el mago con sus chantajes vuelve a la vida confeccione su propio cuerpo legal.
 
Señores, el verdadero pueblo, no el que lanza morteros y aterroriza, sino el que trabaja para vivir y vive para trabajar, sabe que esto es Kupia Kumi remasterizado, ampliado y mejorado, más de lo mismo por los mismos.

Lo peor del asunto es que la desfachatez alcanzó niveles tan exorbitantes que llegó al grado de atacar al sector turismo. Una culpa compartida por los hermanos PLC y FSLN, uno por alquilar un hotel sabiendo que sus parientes venían detrás y el otro por ordenar arremeter contra el recinto privado.

Sinceramente, la imagen de un turista corriendo, en busca de refugio para proteger a su hijo, jamás se borrará de mi mente, pues su rostro era el de un hombre que acababa de ver cómo el demonio de la violencia estaba torturando el alma de un pueblo llamado Nicaragua.

Qué lástima que nuestro país haya ocupado las portadas de los principales diarios internacionales, por simple y sencillamente seguir siendo el turbulento de siempre, por seguir disfrazando al pueblo de tirapiedras y lanzamorteros, por seguir diciéndole al mundo que poco o nada hemos avanzado.

Lo que más me duele es tener que reconocer que nunca vamos a avanzar porque estamos en manos de una dupla (PLC-FSLN) amparada en el principio de asociación ilícita para delinquir, pues es obvio que el meollo del asunto radica en crear esta imagen de caos para luego sentarse a ratificar el pacto y a repartir los cargos, bajo la mampara de que el diálogo era la única vía para resolver el conflicto.

¡Qué poca imaginación, ya les conocemos el libreto!
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