• Abr. 22, 2010, 4:32 p.m.
Todo será mejor, si el comandante Daniel Ortega desiste de contrariar la Constitución de la República, y abandone su intención de postularse para un nuevo periodo. Recuerde, señor Presidente, la Carta no sólo rige nuestro país, sino que es la misma constitución de nuestra patria; es su formación jurídica, es el cuerpo de razones, leyes y disposiciones que le otorgan vida como nación. Es decir, con este acto jurídico, Nicaragua no puede degradarse a una aldea de bárbaros y vándalos, donde sólo prevalece la ley del más nocivo.  

La Constitución es como decir la Biblia de la patria y los ciudadanos somos sus devotos. Además, en esta insigne Escritura Constitutiva, no hay un solo artículo de fe en el que se demande, promueva y obligue la beatificación perpetua de nadie en los Poderes: Ejecutivo, Legislativo, Electoral y Judicial. Al contrario, nos garantiza la libertad y la independencia de los órganos de decisión del Estado.

No le conviene ni a usted ni al resto, excederse en puntos donde están meridianamente definidos nuestros derechos y deberes, expuestos más explícitamente, por si hubiese alguna duda, a través de las leyes regulatorias de cada materia.

El ejercicio prolongado del poder no cabe ya más en esta época. Nicaragua ya pasó por esas tristezas kilométricas de un solo hombre, armado además y de formación militar, al frente del gobierno: Zelaya ocupó la silla presidencial por 17 años, los Somoza, por 45 años bien turnados. El General José María Moncada ostentó el poder por 4 años. Y el General Emiliano Chamorro contabilizó 4 años más, y el ipegüe de su Lomazo, el 25 de octubre de 1925.

El más grande cuartel
A Nicaragua la han convertido en el más grande cuartel continental, en tiempo y espacio, donde los militares se han despachado a lo grande: Cinco generales -José Santos Zelaya, Emiliano Chamorro, José María Moncada, y los Anastasio- y un comandante, en este caso usted: 5 años como Coordinador de la Junta de Gobierno, y 5 más como Presidente de 1985 a 1990, y en la actualidad el lustro que corre aún.  

La suma en este tramo de la historia ---- desde la Revolución Liberal de 1893 a la Revolución Constitucionalista,  más la Revolución Sandinista y los 20 años posteriores--- es de 86 años con militares dirigiendo los destinos de esta nación. Es decir, de 117 años de Historia, 86 han estado en manos de hombres con formación militar. De éstos, tres fueron generales con guerras --- Zelaya, Chamorro y Moncada---, porque los Somoza nunca fueron a una. Y un comandante, junto a otros ocho, al frente de una insurrección.

Quien sólo cuente con este dato, en el exterior, de 86 años gobernados por hombres de cuarteles adictos al poder, en 117 años de historia nicaragüense, podrá sacar sus conclusiones del por qué Nicaragua hoy tenga el más bajo ingreso per cápita de Centroamérica, una incontenible hemorragia de fuerza laboral a los Estados Unidos y Costa Rica.

En muchos comentarios, hay frustrados ciudadanos que dicen: “Este país nunca se va a componer”, como que fuera culpa de la Patria. Aquí hay grandes valores en las ciencias, las academias, las artes y en la economía, sólo que ninguno de los ciudadanos encuentra a los gobiernos más adecuados para poder crecer y desarrollar todo su potencial, como en otras naciones. Sólo consideren este dato: ¡de todos los presidentes del siglo pasado, apenas dos, el General Moncada y el doctor René Schick, fueron miembros de número de la Academia Nicaragüense de la Lengua!    

Eclesiastés 3:3: Hay un tiempo para demoler y un tiempo para edificar
Queda todavía el segundo semestre del 2010 y todo el 2011 para el comandante Ortega: aún es tiempo de rectificar, de ajustarse a lo que manda la ley, de atenerse al ordenamiento jurídico, a nuestra Carta Magna aceptada, reconocida y respetada, por la ciudadanía. Un mortero no eleva el Producto Interno Bruto, y  peor, un ex magistrado al frente de las turbas atacando un hotel jamás estimulará a ningún inversionista. Tampoco una piñata de cargos para el PLC u otra agrupación política, a espaldas de los intereses nacionales, edificará a nuestro país.  

Como Primer Ciudadano de la Nación, corresponde dar el ejemplo. Romper con la Norma Fundamental, es como eliminar unos versos del Himno Nacional, robarse el gorro frigio del Escudo Nacional, ocupar como toalla los pendones de nuestra bandera, o desplumar al Guardabarranco.

Siempre hay una manera elegante de retirarse de la Historia, que es una manera respetable y digna de permanecer en ella.
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