• Abr. 23, 2010, 4:35 p.m.
No se lo deseo nadie. Alguien podría decir que el buen clima es una justificación para sobrellevar semejante atropello, pero yo no se lo deseo a nadie. Tomar un interlocal por la mañana los días de semana desde la ciudad de Jinotepe para venir a trabajar o estudiar a Managua tiene sus altos costos y accesorios del más fino caos, puesto que si bien hay una terminal a la que uno llega como todo ser planificado, por el contrario, uno se encuentra con algo más parecido a una piscina de pirañas.
 
Y el problema no está en los usuarios sino en los trabajadores de la cooperativa de buses que no son capaces de ordenar filas para tomar decentemente el microbus. Esos trabajadores se limitan a quedarse como “jaibas”, rascándose el sobaco con la panza destapada y escupiendo al piso sobre una banca desde la que sólo saben decir: “Managua-UCA, Crucero-Siete Sur-Managua!!!”.  

Y ahí pueden verse expectantes a todos nuestros obreros, profesionales, afanadores, universitarios, vendedores, ejecutivos de quinta o maquileros de “call centers” bañaditos y perfumados hasta que llega el interlocal a la parada. Entonces todos salen disparados, como dijimos, como “pirañas” para coger su buen tuco de asiento. Y se presentan escenas tales como el licenciado de administración que le mete un codazo al estudiante de diplomacia y éste busca por otro lado tirando un garraso al arquitecto, mientras la bonita chica de BANPRO abandona su sexapìl para dejarle ir un taconazo al lelo que la apreciaba.

Todo es un alboroto primitivo. Pero es una cuestión de actitud, y si uno realmente tiene prisa (o sea, todos), entonces deben mostrar sus instintos de liderazgo, su viveza, agilidad y la “madre concha” que le embelesa. No hay mayores herramientas, ni orden preestablecido en esta escena que más allá de lo que se visualiza, es el más vivo ejemplo de la orfandad organizativa y el mutismo ciudadano que sufre nuestra sociedad nicaragüense.

Desde hace más de un año, yo soy un incapacitado por un problema en una de mis rodillas. Y me presenté a esta escena teniendo que dejar ir siete buses antes de amargarme, amarrarme mis pantalones y asumir mi fuerza para poder subir a uno de estos buses. Pero entonces, me pregunté ¿Qué pasa con una madre y su hijo, con el anciano o con un “chele mochilero” que nada sabe de este salvajismo?

Me impresionó toda esa escena, porque me parece que tiene una solución tan fácil desde la voluntad de esos jaibas-panzones que podrían hacer la diferencia, pero aparentemente no les da la cabeza, ni el instinto, ni la nobleza de poder aportar con una sencilla tarea al orden de su servicio. Entonces, ¿dónde están los chicos del MTI, la voz campante de un usuario que reclame sus derechos o la fiscalización de una alcaldía? Muy bien, gracias.

Posdata: Yo tomo ese bus los lunes por la mañana luego de visitar el fin de semana a mi pareja en Diriamba, pero soy de Granada y agradezco mil veces el calor antes de enfrentarme a esta epopeya de sus terminales. Y conste, no les hablé de Diriamba, donde este mismo caos es 5 veces mayor que en Jinotepe. Por tanto, si quiere alguien viajar de Jinotepe a Managua por la mañana los días de semana, recomiendo: búsquese un mazo (con clavos).  

http://emilapersola.blogspot.com/
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