• Mayo 12, 2010, 2:56 p.m.
Los pequeños detalles componen la historia final. Palabras, insignificantes gestos, hechos supuestamente intrascendentes a la hora de pintar el gran cuadro de la historia, que en el momento nadie toma en serio, adquieren sorprendentes relevancias. Aquí un par de ejemplos para advertir a un serio enemigo de la democracia.
I
“¡Hasta dónde llega este negrito!”

La frase pertenece al caudillo siamés, Arnoldo Alemán. El “líder máximo” del PLC interrumpió poco después de las 11 de la mañana del miércoles 12 de mayo, la llamada que le hacía a su radio “La Poderosa”, un iluso aspirante a diputado de Masaya, que demostraba su decepción de no poder siquiera arrancar con su carrera política, porque, quién podía competir con Oscar Moncada.

El diputado, dijo, lleva más de 20 años en su curul.

Quedate en línea, le ordenó Alemán. No me vengás con ese argumento, de que no podés hacer nada. Para eso están las Primarias. Mirá a Obama, hace dos años, ¿quién era?, y él no dijo no voy a poder con Hillary Clinton, senadora, ex primera dama, nada menos que del Clan de los Clinton, y ¿qué pasó luego?, Obama le llegó incluso a pagar sus deudas. ¡Hasta dónde es capaz de llegar este negrito!

A mí me pareció una desafortunada frase que ya no esconde sino que exhibe un racismo decimonónico, que algunos piensan ya superado en Nicaragua. Pero no lo dijo, y esto lo agrava más, un ciudadano común y corriente, sino alguien que se llama “líder” y además, se ciñó la banda presidencial.  

Es cierto, Alemán no alcanzó la categoría de estadista de un José Figueres y queda muy lejos, como la economía de Nicaragua de la de Alemania, del transparente, honrado, inteligente y carismático Barack Obama,  no obstante, eso no le quita aprender a comportarse y controlar su desprecio por una raza que ha mejorado al mundo, y lo ha dotado de hombres de genio como George Washington Carver, dignos pensadores y luchadores como Martin Luther King o paradigmas de la humanidad como Nelson Mandela, para citar a unos cuantos.

Interrumpido en su llamada el aspirante “como yuca”, debió seguir escuchando en silencio, la perorata del caudillo siamés. Además de su racismo, Alemán ocupó los micrófonos de su emisora para reclamarle al iluso del teléfono a dar la batalla, como lo hiciera “el negrito” que te conté, llegando a menospreciar el intelecto de sus radioescuchas, al retorcer la historia del partido también de su propiedad.

Alemán lo llegó a comparar nada menos con el partido Demócrata de los Estados Unidos, “donde cualquiera puede llegar hasta dónde se lo proponga a través de unas Primarias, como las estamos desarrollando nosotros, no es así José Pallais. ¡Oh, sí, sí, doctor!,  en León…”.

Cualquiera sabe que en los Estados Unidos no funcionan los caudillos tropicales, aunque sean siameses. Jimmy Carter no incidió en la elección del próximo candidato presidencial, ni Bill Clinton endosó a su esposa al estilo del PLC. Obama no llegó a ser nominado por ningún dedo. La “democracia digital” no es parte de la agenda de  instituciones partidarias fuertes, que además, como los Demócratas, no hacen sus convenciones ni toman sus decisiones en encerronas de hacendados.    

Pero doctor Alemán, intentó intervenir el angustiado masaya,  si el problema no es con las bases, sino con la cúpula que está ahí entronizada, que no nos dejan pasar, ellos ya tienen controlado todo. Mirá, lo interrumpió definitivamente el caudillo siamés, vení a verme, para que platiquemos.

La voz del correligionario fue apagándose, reducido a un débil murmullo acústico como telón de fondo, mientras el líder indiscutible de la “democracia”, pasaba con su arrastradas palabras a “temas más importantes”.

    II
“El buen político debe tragar
sapos aunque sean feos como Eliseo”

El desprecio de Alemán por los otros, no es un exabrupto. Ese desprecio, por supuesto, también se extiende a la decencia. El diputado Enrique Quiñónez reveló recientemente en una emisora, un detalle que pinta de cuerpo completo al caudillo siamés. Alemán tenía a cierta distancia a Leonel Téller. Platicando con otro, “el máximo líder” trataba de dar lecciones de “negociación” y “flexibilidad”.

El caudillo criticaba la posición de Eduardo Montealegre. Hombré, había dicho, yo no sé porqué Eduardo no se tragó ese sapo tan feo de Eliseo Núñez (padre). Así hubiera logrado la alcaldía de Masaya. Mirame a mí, --y señaló a Téller, que ni cuenta se dio—me tuve que tragar a ese sapo, ahora Eduardo no pudo hacer lo mismo. Ya no lo aguantaba, andaba con un poco de papeles, gritando, pero ahora está ahí, quieto y contento.  
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