• Mayo 12, 2010, 3:54 p.m.
El gigante de la educación superior gime y se estremece de dolor. Las entrañas de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua están siendo destrozadas por el cáncer en etapa avanzada llamado UNEN, cuyos miembros están realizando el calco perfecto del modus operandi institucional para enfrentar a los opositores: violencia, morterazos y amenazas de muerte.

Ya antes escribí que la imagen de un turista buscando refugio para proteger a su pequeño hijo durante los sucesos del Holiday Inn, jamás se borraría de mi mente, no obstante, lo que vi no tiene nombre y también es inolvidable.

Un joven golpeado salvajemente por dizque estudiantes identificados como miembros de UNEN. El pecado del muchacho fue reclamar el derecho a la educación que nuestra Constitución Política le confiere. Indefenso, tirado en la vía, el muchacho recibió batazos, puntapiés y golpes de toda índole, propinados por los temerarios enmascarados, que se cubren con el velo de la sinvergüenzada de sus superiores en el movimiento, una bola de ‘ancianos’ que tienen no sé cuántas décadas de estar “estudiando” y que los apertrechan para que golpeen a los futuros profesionales, a esos que en realidad llegan a estudiar con el fin de coronar una carrera universitaria.

Soy ex alumna de la UNAN-Managua, viví muchas revueltas en las que los “estudiantes” se enfrentaban con los agentes policiales en defensa del 6% constitucional. Admito que me beneficié de ese presupuesto, porque además de tener acceso a educación de calidad por tan solo doscientos córdobas el semestre, también fui becada interna durante cinco años.

No obstante, en ese lapso fui testigo de cómo los “dirigentes” estudiantiles malversan los fondos. En las oficinas de UNEN siempre había un séquito de parásitos iguales a sus líderes: viciosos, haraganes, bochincheros, tapudos y estudiantes de mentira, porque se matriculaban en las carreras y nunca asistían a clases. Cuando ya quemaban créditos académicos simple y sencillamente se matriculaban en otra carrera y ya.

No una vez tuve choques verbales con el legendario César Pérez, estandarte de esa mafia que ha gozado las mieles de la UNEN a más no poder. Este señor ahora no aparece como el rostro del conflicto, pero es obvio que no es ajeno a la situación.

Escribo aterrorizada ante la saña con la que los valientes de UNEN masacraban al joven estudiante de Medicina, saña que sólo se puede comparar con la que los pandilleros de nuestros barrios capitalinos agraden a los honrados parroquianos que transitan por las calles.

¿Por qué será que la actitud de quienes libran la batalla de UNEN es similar a la de pandilleros? La respuesta es obvia y no me da miedo decirla: muchos de los que andan ahí ni siquiera han aprobado la Primaria, simple y sencillamente son del grupito de chicos malos que habitan y delinquen en la Colonia Miguel Bonilla, quienes se divierten lanzando morteros y son recompensados con licor, comida y … (dejo a la imaginación del lector el complemento para contentar a estos chicos).

Recuerdo a un muchacho del que nunca supe su nombre, sólo le decían “Chicle”. Este chavalo se ganaba la vida vendiendo goma de mascar en el recinto y ahí fue creciendo, en ese nefasto ambiente, total, en las huelgas, “Chicle” era de los que andaba siempre al frente, tirando morteros y poniéndole el pecho a los policías, y al final de la jornada, terminaba tirado en una banca, en completo estado de ebriedad, gracias al licor que compartía con los “unenes”, como pago a su lealtad.

No obstante, reconozco que la mayoría de los que andan ahí son estudiantes, no tengo ninguna duda, pero sucede que son estudiantes de mentira, de esos que llegan a especializarse en ‘tragología’, ‘marihuanería’, ‘bacanalería’ y muchas otras ciencias de la vagancia. Y por si fuera poco, parece que ahora también dan cursos de tiro al blanco, porque uno de esos muchachitos, muy hombrecito, salió amenazando con un arma de fuego, exhibiéndose como todo un titán. ¡Qué lástima que la universidad esté llena de delincuentes como éstos!

Desgraciadamente, la UNAN-Managua está pasando por un periodo de franca decadencia, cuyos costos pagaremos los nicaragüenses, ya que este “receso” provoca la inevitable extensión del ciclo académico, lo que se traduce en gastos que se pagan con el seis por ciento que sale de las costillas del pueblo.

El meollo del asunto radica en que es el gobierno el que está provocando sacudidas en las universidades, pues ya se rumora que está interviniendo en otra casa de estudio de esas grandes y que es cuestión de tiempo para que esa bomba explote.

En estos momentos, el motivo de la crisis es lo de menos, porque si es o no justo sólo ellos lo saben, no obstante, los antecedentes de UNEN nos demuestran que siempre han manipulado las cosas a la conveniencia de sus líderes. Lo que es verdaderamente preocupante es que se niegue la educación a quienes están ansiosos de forjarse un mejor futuro, también es inconcebible que masacren a los chavalos y que sigan despilfarrando el 6% en la compra de morteros y demás insumos propios de sus absurdas guerras de pacotilla.

El sistema universitario urge de una renovación profunda en todos sus niveles, no obstante, el mayor avance se dará cuando desaparezca la UNEN, ese grupúsculo que no vela por los verdaderos estudiantes, sino por los revoltosos que nunca tendrán un diploma universitario ganado por sus conocimientos sino por el ‘pulso’ con que dispararon los morteros.

¡Abran los portones y que reine la educación¡ ¡Basta de vagancias!
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