• Mayo 17, 2010, 2:46 p.m.
Franklin es de piel morena y su cabello es un racimo de finos espaguetis negros. No sabe qué ropa utilizar, ¿cambiaría algo la camisa usada importada o el pantalón nuevo artesanal? ¡Qué más da! El viaje eterno a algún lugar lo ha de llevar, solo sabe que debe poner un poco de tequila a su vida con limón y mujer. Donde vive Franklin el bicho de color morado todo lo ha destruido.

De invisible a semi-visible hay algún progreso y por eso se pondrá las Carterpilar que se ganó en la empresa de minas, son perfectas para soportar la melancolía que recorre todo su cuerpo y que es tan pesada como la resaca. Va a transitar las tierras mayas y aztecas para llegar a su meta. Llora su partida porque no quiere dejar las raíces, algo que destruye el corazón de Mónica, novia de orgasmos.

Ella le dice suavemente: ¡V-e-t-e! Se apura para empacar lo básico y no olvida meter en su pequeño bolso el libro de sermones de la parroquia, el crucifijo, el condón y los cigarros. El escenario de partida es bastante simple: noche nublada con Mónica a medio vestir.

Apocalipsis con Troya en llamas fue el camino de Franklin para llegar a tierras blancas. ¡Llegó!, ¡lo logró!, ¡arribó donde mandan los bichos blancos! Mientras bailaba de alegría en las calles del nuevo sendero, se encuentra un viejo y sucio periódico con titular: “Cientos de madres de familia y sus hijos caminaron clamando ser escuchadas”, entiende que los bichos morados no son los únicos, se trata de la raza Aris, vieja y vigente dictando el presente y pautando los destinos colectivos.

Toma el periódico y lo comprime con sus dedos hasta destruirlo, los pedazos se los lleva el viento mientras lanza un grito sórdido al cielo: ¡Inténtalo y ya verás! Saca de su bolso el crucifijo y lo pone en su cuello mientras lo besa y dedica tiempo para recordar los polvos de sus calles nativas y los elotes fritos desgranados con los dientes.

No se supo más de él, solamente que conquistó la Zona de Aris, murió y sus hijos, que hablan inglés, sólo saben decir en español: “¡Mucho gusto!”.

ccerdag05@gmail.com
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