• Mayo 22, 2010, 2:48 p.m.
Dentro de la estructura social existen, lo que denominaré “categorías sociales”, que son básicamente las posiciones y papeles que el ser humano, hombre y mujer, practica y ejecuta en el día a día, en cada uno de los espacios sociales en los que decide participar y que a su vez sirven como pautas definitorias y configuradoras de las actitudes, acciones, decisiones y aporte social que el individuo ejercita en una sociedad.

Como categoría social se analizará el aspecto del rol, el estatus, las expectativas sociales y las resignificaciones que los roles (papeles sociales) experimentan dentro de la dialéctica de la dinámica social.

La categoría en cuestión a revisar es la del “estudiante”. ¿Qué es ser estudiante en la actualidad? ¿A qué se refiere ese término, qué contiene dentro de su naturaleza? Para analizar lo que significa el término estudiante es necesario definir y aclarar desde qué concepto se revisará. Existen 2 instituciones educativas claves que sostienen la construcción de esta categoría social, la institución educativa es la gran abarcadora, pero dentro de ella se encuentran contenidas dos instancias: la escuela, colegio o instituto (que es donde cursan 14 años de su vida, dependiendo a que edad se inicie la vida escolar) y la universidad (para los que llegan a la educación “superior”) en la cual mínimamente, o al menos es lo idea, ocuparán coinco años de su vida preparándose a nivel profesional.

Ambas instancias en dependencia de sus metodologías de enseñanza, de los principios y valores humanos y sociales con los que funcionen, de las prioridades con las que se manejen, de su cultura organizativa, de su ideología y de su historia; poseen un alto nivel y capacidad de influencia en el proceso de formación y configuración de la personalidad de cada uno de los Estudiantes que pasen por sus aulas, ya sean éstos, excelentes alumnos o no.

Aparte de la capacidad de influencia que poseen y ejercen estas dos instancias sobre el estudiantado (entiéndase como población estudiantil de un centro o instancia específica de educación), también existe un reglamento estudiantil al que el/la estudiante sin ser consultado/a debe obedecer pues de lo contrario es visto como un/a estudiante problema, un/a rebelde o un caso perdido (típico viniendo de la visión adultista y poco tolerante a la diferencia de la cultura en general).

El/la estudiante aprende que las reglas son las reglas y que antes de meterse a “problemas” (llevar la contraria) es mejor obedecer o aparentar hacerlo, se construye una cultura de las apariencias, de hacer lo políticamente correcto; lo que se deshace a la vuelta de la esquina, a la menor oportunidad de ir en contra de lo establecido.
 
Es importante darse cuenta que se ha estado y se está trabajando con una metodología educativa de la imposición, en la que la discusión del porqué no tiene lugar, la construcción de argumentos sólidos y la posibilidad de la crítica no son parte del pénsum académico, pues se funciona desde y dentro de una estructura rígida, una forma de pensamiento cerrada y jerárquica y una dinámica de funcionamiento que limita las opiniones o posiciones diferentes pues las ve o las percibe como una amenaza (revisemos cualquier caso de “rebeldía” en cualquier colegio o recordemos la experiencia personal en las aulas de clases durante la vida estudiantil).

¿Qué es entonces ser estudiante a nivel social? Si se analiza la dinámica de la institución educativa se puede identificar que el estudiante es un mero receptor (aun cuando en discurso se hable de cambios en la metodología educativa para hacerla mas participativa el estudiante sigue siendo visto como actor pasivo sin pensamiento critico ni argumentos validos por su poca experiencia de vida), receptor que aprende en la mayoría de los casos (aunque se cuenta a su vez con excepciones a la regla) a dudar de su opinión, a ver lo normado como la verdad y a medirse y valorarse en base al cumplimiento y obediencia a esa verdad, a esa norma, a un reglamento.

¿Qué pasa cuando se mezcla la ya impositiva y directiva estructura educativa con la impositiva y directiva estructura político/partidaria? Se genera una mezcla mortal, mezcla mortal que tiene como principal víctima de su esencia y contenido la tan mentada autonomía, la reeditada libertad de expresión, la ya socavada libertad personal, el convaleciente criterio propio; y lo que es peor, promueve y genera una deformación y una terrible distorsión sobre la construcción de proyectos de vida, de decisiones personales, de ocupación del tiempo y de las capacidades y finalmente de la configuración sobre el papel social que el/la estudiante se construye dentro de la sociedad, en la vida.

El/la estudiante toma decisiones ante este fenómeno, claro está, desarrolla estrategias de “sobrevivencia” sobre todo cuando se convive con una doble presión moral, social y estructural. La presión de la institución educativa que le exige ser de una forma específica para poder ser “aprobado” por un grupo de adultos que en muchos casos no practican los valores que exigen a los alumnos y alumnas y que inclusive pueden llevar a cabo prácticas que atenten contra el estudiante, partiendo siempre de la lógica de funcionamiento de las relaciones de poder y de estatus.

Por otro lado está la presión social/moral de lo político/partidario, que invita a acusar de traidor o de sospechoso/a al o la que no se someta gustosamente a una orden, a un mandato, a un decreto, a una misión (que puede ir desde tirar piedras, hacer plantones, intimidar, amenazar, quemar llantas, etc.); lo que también genera tensión, temor y duda sobre decidirse entre la libertad personal y el someterse a los mandatos externos.

Esta mezcla socava la posibilidad de construcción de seres humanos, hombres y mujeres conscientes, críticos y libres, promueve la resignación social ante una tensión más grande que la misma persona, lo que hunde cualquier propuesta de proyecto de vida y de aporte social.

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