• Mayo 28, 2010, 3:43 p.m.
Yo no sé mañana de Jorge Luís Piloto y Jorge Villamizar, interpretada por el salsero Luis Enrique (2009), es para mí la canción de pareja más honesta del mundo. Muy pocas veces llegan esas canciones que cuando uno las escucha por primera vez, uno sabe que es una canción bella, terriblemente bella, condenada a ser un clásico para mañana y más allá de mañana porque ante todo es limpia y tajantemente honesta con el otro.

Con Yo no sé mañana, Luis Enrique ha hecho una propuesta del amor novedoso, es decir, el que vivimos todos los días, el efímero, el que estamos dispuestos a dar la mayoría de los seres humanos, el que los sentimientos egoístas nos permiten confesar y vivir sin mayores compromisos que el que nos pide la primitiva felicidad del cuerpo para sentirse vivo.

Yo no sé mañana es un Carpe Diem, es mundana, céltica, anticristiana, anarco-sexual, dionisiaca, bacónica, estafadora de juventud, zángana, arisca, malcriada, alcahueta, descomprometida y pragmática. Su lírica le da una bofetada a todos los romances, las odas, sonetos, corridos, serenatas, ilusiones y galanterías de trovadores y juglares de la canción de amor, que no han hecho más que prometer lo que esta canción quiere matar: toda fatalidad de ese algo marchito que dure para siempre.

Y sin embargo, me llama la atención que es una canción que la he visto muy bien recibida por las mujeres, y curiosamente aún más entre mujeres que oscilan entre los 25 y 45 años. A ellas les fascina y yo me pregunto aún las razones, sobre todo a sabiendas que son mujeres casadas y con hijos.

Las he visto ponerlas una y otra vez en su casa, en vehículos, tararearla, tocarlas en rockonolas digitales en un bar; oírlas con el corazón, bailando solas y sentirlas desde túneles profundos que a duras penas puedo ver adónde nacen. ¿Qué harán en ellas?, ¿qué les evocará este canto glorioso del amor pasajero y primitivo como el de un animal que atropella por la noche y a la mañana ya no está?

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