• Feb. 22, 2008, 4:17 p.m.
Nadie puede describir o señalar qué persona posee belleza física sin caer en la subjetividad. Aunque la publicidad nos acribilla con esbeltas mujeres de estrechas cinturas que balancean un par de bustos hinchados (en la mayoría de los casos) de siliconas, debemos recordar que 500 años atrás una Venus de anchas caderas y pequeños senos era la mujer ideal de un pintor.

Arte realista

En esa época de arte realista seguramente no era difícil que una dama comparara su cuerpo con la idílica Afrodita, a menos que fuese flaca, pero en todo caso era más saludable pensar en verse como ella.

En esos días, los pintores sólo querían congelar en su arte el gesto más espontáneo de un ser humano y la escena más cotidiana de un día normal, aunque este significase una triste realidad. Lo poco que se sabe sobre el pensamiento de Rembrandt Harmenszoon van Rijn, un artista que ha vivido en sus pinturas desde hace cuatro siglos, es que con su arte quería expresar “el mejor y más natural movimiento”, lo que logró con la energía que dedicaba a sus obras.

Arte contemporáneo

Sin embargo, en el futuro, los gigantes carteles con excitantes jovencitas silueteadas y retocadas en Photoshop, se convertirán en el arte contemporáneo comercial del pasado, que será analizado como parte de una generación que renunció a la originalidad y a la naturaleza, para seguir la última tendencia de lo que no eran ni podían ser, pero que se aferraban a convertirse aunque eso les costara la salud física, mental y hasta la vida.

Figuras inalcanzables

Aunque siempre ha existido la moda que “impone cómo nos debemos ver”, nunca había sido tan cruel e inalcanzable como ahora. Un estudio publicado por The New York Times demostró que si existiera un ser humano con la fisonomía de una barbie, no podría ponerse en pie porque ningún ser humano puede ser así.

La Ola

La joven que descansa plácidamente en La Ola, un cuadro de William Adolphe Bouguereau, no necesita cubrir su pálida piel con un bronceado artificial, ni se avergüenza de su abultado abdomen ni de un par de rollitos encarnados en su cintura. Está feliz. No tiene una pose rígida ni pensada. Es la más natural criatura envuelta en su simple desnudez. Con un manso oleaje de mar refrescando su paisaje.

La perfección de lo imperfecto

Sólo cuando está generación acepte la naturaleza y originalidad en cada uno de sus cuerpos, ignorará a la gente inventada que nada más vive en los mundos planos y frívolos de los anuncios comerciales (revistas, carteles publicitarios, etcétera), y sabrá que la belleza está en la perfección de todo lo que consideramos imperfecto.
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