• Jun. 8, 2010, 6:37 p.m.
La olla está hirviendo y algo podrido está en su punto de ebullición, contaminando a los nicaragüenses una vez más.

Para nadie es un secreto la irregularidad en que se efectuaron los comicios electorales municipales de 2008, pues bastantes morteros y enfrentamientos le han costado al pueblo.

Sin embargo, bien dicen que lo que mal empieza mal acaba, por ello, casi dos años después de esas elecciones en las que el voto popular fue pisoteado y vilipendiado, para dar paso a la imposición de autoridades edilicias que no contaron con el apoyo de los nicaragüenses, ese ambiente de inestabilidad está afectando los ayuntamientos del país.

Hoy, nuevamente se le están imponiendo funcionarios al pueblo, ya que hay una pandemia que está carcomiendo las alcaldías a lo largo y ancho del territorio nacional y que se llama “defenestración aguda”, un virus que se incubó en los laboratorios del FSLN para lanzarlo contra quienes pongan objeción contra los mandatos presidenciales.

Muchos de los alcaldes que fueron impuestos por el gobierno mediante el fraude de 2008, hoy están siendo removidos de sus cargos y suplantados por otros que el gobierno está imponiendo, en esa interminable cadena de autoritarismo con la que están flagelándonos.

Durante las elecciones, en el municipio de Dolores, Carazo, hubo disturbios entre liberales y sandinistas, porque los primeros reclamaban el triunfo legítimo de su fórmula, no obstante, después de varios días de enfrentamientos y violencia, el asunto culminó igual que en la mayoría de los municipios: con la proclamación del FSLN como ganador.

Los meses empezaron a esfumarse del calendario y los dizque ediles “electos” arrancaron sus obras a favor de sus municipios, al extremo que aún habiendo sido impuestos, con si trabajo fueron legitimándose ante los ojos del pueblo.

Sin embargo, de pronto,  un tremor de origen partidario empezó a sacudir las alcaldías cuyos titulares no han hecho eco de las consignas socialistas y cristianas.

Varias cabezas han rodado y muchas otras rodarán en los próximos días y meses, porque han caído en desobediencia y desacato, dos delitos cuando se contraria al monarca.

De nada vale que los ediles “irreverentes” con el partido gocen del apoyo del pueblo, porque éste ha sido minimizado y está relegado al último plano, una dimensión en la que la voz es muda.

Es curioso ver que el argumento que ha primado en las destituciones es el de “irregularidades”, mismas de las que no dan soporte alguno ni hacen señalamientos específicos, porque si el hombre robó lo lógico es que al menos digan cuánto fue y de qué cartera lo sacó. Sin embargo, hasta el momento no han dado pruebas ni soportes de estos ilícitos.

En el caso del vicealcalde de Jinotepe, el ardid fue el mismo, no obstante, éste guardó silencio, no tuvo las agallas para decirle al pueblo porqué verdaderamente lo están destituyendo.

Uno que está dispuesto a dar guerra es don Roberto Somoza, quien ha marchado junto a quienes lo respaldan y junto a su vicealcaldesa, doña Juana Cuarezma, quien no se prestó al jueguito de ponerle zancadillas Somoza para asumir el cargo, como en los demás municipios.

Algo que llama mi atención es precisamente que los ediles están siendo sustituidos por mujeres, en un falso intento por lograr la pregonada equidad de género, aunque en la práctica los intereses sean otros.

La verdad es que la sinvergüenzada y la imposición están campeando en el nido, y no me extrañaría que en poco tiempo tengamos alcaldes impuestos nuevamente en casi todo el país, porque al paso que vamos, el que no grite es compa y para afuera.

“Sí señor, lo que usted diga”, son las palabras mágicas para permanecer en el puesto, qué desgracia de país.
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