• Jun. 18, 2010, 5:02 p.m.
La beligerancia de los agentes de tránsito en horas picos, mantenía asombrado a quienes esperaban buses en la bahía frente a la entrada principal de la UCA. Los cuellos de botella esta vez estaban solucionados, taxistas, interlocales y “los reyes de la pista” se comportaban como buenos alumnos en materia de transito. Una agente se desplazaba con mucha prisa sobre las dos rayas amarillas, dando instrucciones viales con su brazo izquierdo, y al mismo tiempo se esforzaba por sacar la mayor cantidad aire de sus pulmones para que el pito alcanzara mayor sonoridad ante el bullicio.

Los elogios hacia el trabajo de los camisas celestes y pantalones azules, se fueron al traste cuando sus admiradores se percataron que los esfuerzos únicamente estaban concentrados en la vía del costado de la UCA. El otro carril permanecía en su estado natural de las 5:00 pm.

La fila de vehículos iba desde Radio Ya hasta los semáforos de Enel. En todo este trayecto la ausencia de los agentes era notoria. La doble escena en la calle provocó un agitado coloquio. Un cincuentón que cargaba en su brazo izquierdo un balde plástico manchado de mezcla, lleno de herramientas de albañilería, fue el primero en tomar la palabra: “Seguramente debe haber un choque”. La marchanta de un toldo improvisado de alquiler de teléfonos, tajantemente descartaba este comentario. Con conocimiento de causa afirmó: “¡Debe ser algo más grave. Estos no se mueven así por así!”.

En instante la incógnita quedaba despejada. El show lo encabezaban dos motocicletas de transito, seguido de tres camionetas Toyota Hilux con sirenas activadas, en el centro de la caravana venía escoltado un Mercedes Benz color gris, pulcro y como de costumbre piloteado por el presidente Daniel Ortega, acompañado de la primera dama Rosario Murillo. Detrás del vehículo presidencial iba la misma cantidad de camionetonas policiales, repletas de guardaespaldas al interior, y en cada tina iban por lo menos tres agentes.

El maestro de obra volvió a interrumpir: “Si está a la par de los Pellas por qué no anda en helicóptero, si no que viene a joder más el tráfico”. “Alemán tenía eso, no atrasaba el tráfico, porque solo circulaba por la suburbana”, replicó con tomo menos agitado, una robusta dama que lucía traje de una agencia de servicios de limpieza.  

Mientras continuaba escuchando el coloquio, refresqué las imágenes de las caravanas de los presidentes Arnoldo Alemán Lacayo y Enrique Bolaños, en sus tiempos de bonanza. El primero desplazándose a lo largo y ancho por las principales avenidas con su Suburban, quien para evadir los rostros de los mendigos en los semáforos mandó a construir rotondas, la pista suburbana, una carretera de acceso a su casa, y hasta un helipuerto. Su sucesor aunque guardó más las apariencias, fue evidente que aprovechó la cercanía de su residencia con la carretera a Masaya, y uso su poder para que su Ministro de Transporte, priorizara la ampliación de esta carretera, con el ánimo de evitar que su lujoso Lincoln negro no tuviera ningún atraso en su trayectoria rutinaria, del Raizón hasta la casa de color Mamón, y viceversa. ¡Dichosos los que viven cerca de los gobernantes!

El síndrome de realeza heredado y acogido por el mandatario Ortega, obliga a preguntarnos, ¿Cómo un presidente que se autoproclama revolucionario hace eco de medidas extremas de seguridad para circular en las calles de Managua? ¿Qué daño podría causarle un niño o un joven limpia vidrio en los semáforos? ¿Por qué rechaza el contacto con el “pueblo” de los semáforos? ¿Cómo puede un revolucionario voltear su mirada a la realidad que vive uno de los segmentos de mayor pobreza en la capital?

Un autentico revolucionario no adsorbe el presupuesto en seguridad, ni arrebata este derecho al resto de la ciudadanía la cual demanda más seguridad en los barrios, escuelas, parques, mercados y en las propias bahías de buses. Uno de los motivos podría ser que el presidente se ha puesto la venda neoliberal para no ver la extrema pobreza que se aglomera en los semáforos. Un cambio de actitud le permitiría comprobar que sus promesas de Cero desempleo y su programa Amor, no han tenido los resultados esperados.

Lo cierto es que las caravanas presidenciales, como medida de seguridad, han sido el mejor pretexto de los últimos tres gobiernos, independientemente que estos sean liberales, conservadores o sandinistas, para no querer verse en el espejo de los semáforos, porque estos reflejan el contraste entre la pobreza de muchos y la opulencia y buena vida que llevan. ¡No cualquiera puede darse el lujo de andar en un Mercedes Benz, y además, sobreprotegido!  

adrian090981@hotmail.com

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