• Jun. 18, 2010, 5 p.m.
“Y siempre tuve una relación incestuosa con mi padre, pero hasta el fin de la guerra pude darme cuenta que las bombas seguían cayendo desde el cielo. Mamá murió tras nacer Pedro, entonces yo asumí los quehaceres de la casa. Hoy tengo cinco hijos, tres son de Miguel, y le tengo otros dos a mi propio padre”. (Ana, 37 años. Malacatoya).

Este es el trasfondo ético asesinado por la moral cristiana que mostraron nuestros retrógrados políticos del cual se valieron la mayoría para derogar, previo a las Elecciones Nacionales del 2006, una ley coherente que llevaba más de 100 años en nuestra Constitución Política y acarrear así simpatía con el colochón para jalarse votos.

El Feo fue el único político realmente revolucionario que se paró firme y declaró su abierta posición a favor del aborto terapéutico aunque eso irreversiblemente fuese un error de cálcalo y le costara su sepelio político traduciéndose para su partido en sólo tres diputaciones y un guatucero como ipegüe.

Es brutal e inhumano permitir que una mujer tenga un hijo producto de una violación. Es inhumano no legalizar el aborto terapéutico que debería realizarse cuando el embarazo pone a la mujer en peligro de muerte o de un mal grave y permanente. El aborto debe ser legal porque todo niño debe ser deseado. El aborto debe ser legal porque la mujer tiene derecho a decidir sobre su propio cuerpo.

Todas estas argumentaciones, que en lo particular me parecen igualmente acertadas y que hoy día nos son tan familiares desde el MAM y desde el Grupo Estratégico, cogieron precisamente revuelo tras la crucifixión de El Feo, un político de otras tierras para un cielo que no es el nuestro, pues nosotros aún continuamos bajo esa idea de pragmatismo resignado (Pérez Baltodano) en el que todos los sapos y culebras tienen razón de ser porque así lo quiso Dios. Y vos, Eva, sea lo que sea, estás predestina a parir con llanto y dolor por los siglos de los siglos, pues todo niño tiene derecho a la vida –hasta que salga de tu vientre.

Hoy El Feo continua en política escuálidamente desde la redes. Es un político brillante sin astucia, sincerísimo pero plano, inteligentísimo pero ingenuo, tan informado hasta el extremo de que asusta. Yo diario recibo correos de él de parte de una tal Andrea Margarita que ya me tienen hasta la coronilla y quisiera los servicios de Pedrón para un trabajito cibernético. Pero a la vez pienso que su terquedad es tierna y al final de cuentas ella es el único humito blanco que hace saber que El Feo a doce palmos bajo tierra, aún tiene una voz fantasmagórica en la política del país.  

http://emilapersola.blogspot.com/

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