• Jun. 23, 2010, 3:03 p.m.
La maldad de todas las épocas
Quiero citar a un gran predicador del siglo XIX. En la mañana del domingo 5 de Marzo, de 1882, Charles Spurgeon, dijo: “ La crucifixión de Cristo marcó el colmo del pecado cometido por nuestra raza. En Su muerte encontramos a todos los pecados de la humanidad unidos en una conspiración execrable.

“La envidia, el orgullo y el odio están allí, conjuntamente con la ambición, la falsedad, y la blasfemia, ávidos todos de proyectarse en crueldad, venganza y homicidio. El diablo agitó las iniquidades de todos nosotros en torno a la simiente de la mujer: todas esas iniquidades circundaron al Señor, sí, lo rodearon como abejas. Todas las maldades de los corazones humanos de todas las épocas, se dieron cita alrededor de la cruz: así como todos los ríos van al mar, y como todas las nubes se descargan sobre la tierra, así se congregaron todos los crímenes del hombre para hacer morir al Hijo de Dios”.

Deicidas
A gobiernos perversos como los de Stalin, Hitler, o más cercanos en el patio, los Somoza, se les despachó al infierno con la grave acusación de haber sido regímenes genocidas. Pero ni las repúblicas ex soviéticas, ni Alemania, ni nuestro país resultaron condenados para nada.  

Con Israel, el mundo decidió algo distinto, como para no levantar cabeza nunca, si acaso no contara con un apoyo que viene desde los tiempos del gran patriarca de Ur. A ningún Estado de la Tierra jamás se le imputó el más infame de los cargos: el Deicidio.

Hasta cristianos despistados acusan: los judíos mataron a Dios, son culpables de haber derramado sangre divina. Sin embargo, si nos remitimos a las Escrituras Sagradas, resulta que todos contribuimos a matar al único mediador entre Dios y los hombres. Jesús dio su vida para salvar a todos los hombres.

La historia “olvidada”, donde Dios no deja lugar a dudas su relación con Israel, se halla  en Romanos del 9 al 11. Ahí nos encontramos a un Israel nunca desechado, antes bien, si sus ramas fueron desgajadas del olivo natural, fue para que los gentiles, las naciones del mundo, fuéramos injertados. “Y serás bendición”, le aseguró Dios a Abraham, al hablar de su descendencia: la nación hebrea, de donde viene Jesús.

Jesús fue muerto no por decisión de toda la población judía y ni siquiera por todos sus principales, como bien sabemos: ahí estaban Nicodemo, José de Arimatea, y posteriormente, el doctor Gamaliel, eminente autoridad en el seno del Sanedrín, quien salvó de la muerte a los predicadores de Cristo, los apóstoles. Pero las maldades de todas las épocas, incluyendo las de ellos y las nuestras, se dieron cita en el Gólgota.  

Si vamos, entonces, a hablar de un Estado Deicida, para condenarlo ad infinitum,   deberíamos reconocer nuestra responsabilidad en el mayor drama de los siglos. No estamos tan limpios como para tirar la primera piedra contra Israel.

Nicaragua
Respecto a la “suspensión” de relaciones con el Estado de Israel, el Presidente Daniel Ortega debería preguntarle a los ministros evangélicos que apoyan su causa, lo que significa Génesis 12:1-3.  Puede consultar con los pastores Daniel Ortega Reyes, Sixto Ulloa y Guillermo Osorno. Dios le dijo a Abraham: “Bendeciré a los que te bendijeren y maldeciré a los que te maldijeren, y en ti serán benditas todas las naciones de la Tierra”.

Sabemos que los presidentes Mahmud Ahmadineyad, de Irán, y Hugo Chávez, de Venezuela, pueden contar con muchos defectos, pero gozan de la virtud de ser sinceros: no ocultan su desmesurado odio a Israel. El ultraconservador líder de Teherán incluso ha declarado borrar de sobre la faz de la Tierra al país de los profetas.

El Presidente Ortega, al levantar campamento  con los enemigos de Israel, se expuso a acarrear sobre sí todas las maldiciones que Dios prometió y se comprometió con Abraham.

Para quienes consideran que las palabras de Dios al Padre de la Fe ya “pasaron de moda”, porque “estamos en el tiempo de la gracia”,  Números 23:19 afirma que "Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta”.

Sólo recordemos esta declaración de Pablo: Romanos 11:28 “En cuanto al evangelio, los judíos son tenidos por enemigos de Dios a fin de darles oportunidad a ustedes; pero Dios todavía los ama a ellos, porque escogió a sus antepasados. Pues lo que Dios da, no lo quita, ni retira tampoco su llamamiento”. (Versión “Dios habla hoy”). Dios bendiga a Jerusalén y que haya paz entre sus muros y palacios.

Es mejor reencontrarnos con una antigua verdad, que estrenar la mentira más moderna.
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