• Jun. 22, 2010, 11:46 a.m.
El epitafio de la tumba de Herty Lewites en el cementerio de Jinotepe tiene grabada la siguiente inscripción: “Aquí se sembró la semilla de un hombre feliz; un hombre que creyó que la felicidad de todos es posible”.

Es improbable que Herty Lewites hubiese ganado las elecciones de 2006. Lo que es seguro es que su participación en la contienda electoral habría forzado a una segunda vuelta que, muy probablemente, habría dejado sin la presidencia a Daniel Ortega.

La súbita e inesperada muerte de Herty dejó para siempre flotando la pregunta de qué habría sucedido si él hubiese llegado vivo a las elecciones. No podemos saberlo. Lo que sí sabemos es que Herty era un hombre especial. Era brillante para conquistar amigos; tenía esa capacidad de empatía con los demás y ese gozo de las multitudes y el roce de la gente que lo hizo un alcalde querido. Además, era un hombre con un sentido claro de la oportunidad y de la eficiencia. Fue esto precisamente lo que lo hizo buen síndico de la ciudad.

El entendió que para manejar una capital tan loca y desordenada como Managua, necesitaba de la participación de los managuas, fueran del signo político que fueran, de manera que actuó en base al interés general de la capital y no en función de los intereses particulares de su partido de ese momento: el Frente Sandinista. De haber sido alcalde ahora, seguro que habría sido también otro de los “expulsados” a pesar de la voluntad popular de los electores. Me atrevo a pensar que Herty también habría podido ser un buen presidente.

Lo habría sido más por su sencillez que por su brillo intelectual, porque él habría suplido sus carencias rodeándose de gente que pudiera ayudarle a cumplir su misión. Herty tenía la virtud de no ignorar sus debilidades y esa es una cualidad preciosa y rara en un político. Además, nos habría alegrado la existencia porque, a diferencia de los políticos de nuestro paisaje actual, Herty tenía sentido del humor y eso era el aceite con el que él lograba trascender las fricciones propias de una casta política tan desigual, difícil y antagónica como la nuestra. Creo que en ese espíritu alegre y luchador de Herty se reconocieron muchos nicaragüenses que le habrían dado su voto.

El 2 de Julio se cumple el quinto aniversario de su muerte y recordarlo me hace extrañar su franqueza y desfachatez para decir las cosas, sus ojos alegres y siempre listos para la broma y la ironía, su don de gentes y alegría de vivir. Era sin duda un líder popular, nada perfecto pero sí lleno de dinamismo y confianza. Extraño sus discursos directos, nada pomposos o santulones; extraño la generosidad de espíritu que lo hizo soñar que la felicidad de todos era posible. Era, como dice su epitafio, un hombre feliz y habría sido muy refrescante tener un hombre feliz de presidente.
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