• Jun. 7, 2007, 11:20 a.m.

“Israel ha comenzado la cuenta hacia atrás para su desaparición”

Mahmoud Ahmadinejad

Las maldiciones que Mahmoud Ahmadinejad profiere contra Israel varían de tono según como amanezca. Un día quiere desaparecerlo de la faz de la Tierra y otro, actuando como un “perdona vidas”, degrada a la patria de Jesús y de Moisés a la condición de “tumor” que debe “ser reubicado en Europa”.


Foto AFP

El diccionario de la RAE, define maldición como “Imprecación (expresión) que se dirige contra alguien o contra algo, manifestando enojo y aversión hacia él o hacia ello, y muy particularmente deseo de que le venga algún daño”.

El comandante Daniel Ortega al parecer ya cuenta con un buen lugar en la platea del Circo Persa, desde donde presenciar el Holocausto Final. Su intransmisible, reservada desde Argel, fue hablar el peligroso idioma de Ahmadinejad: “Israel es un Estado creado artificialmente”.

La mayoría de los nicaragüenses no amamos las guerras, mucho menos las tristes artes de la destrucción que embadurnan —- no enriquecen—- las biografías de los abanderados del bochinche local o internacional. Y si no somos una nación guerrerista, por qué debemos permanecer impasibles mientras el Presidente cada día abraza más las turbulentas causas de Ahmadinejad, sin autorización del pueblo.

El comandante Ortega es el Empleado Público Número Uno. Cada vez que usted compra cualquier producto, artículo, comestible, combustible, pasaje, agua, luz, amén del pago de los impuestos, está financiando la nómina gubernamental. El salario del Presidente proviene de lo que los nicaragüenses pacíficos entregan al tesoro de esta nación tantas veces crucificada por la guerra. Que sepamos, no se lo paga Mahmoud.

Al principal Empleado Público, los nicaragüenses no le costeamos su sueldo para comprometernos en conflictos ajenos como oficiosamente lo hizo en Venezuela. Mucho menos le entregamos un cheque en blanco para que, a través de su perjudicial amistad con Mahmoud Ahmadinejad, nos lleve hacia el establecimiento de un Estado Nazi.

La relación Ortega-Ahmadinejad, por su carácter oficial, debe ser sometida a un plebiscito y que la ciudadanía resuelva si nos conviene o no esta atadura del mal. El plebiscito, dice la RAE, es la “Resolución tomada por todo un pueblo a pluralidad de votos”. Hasta ahora, vivimos en un Estado democrático y no en un emirato facistoide.

Todo esto que pasa, al ajustar casi el primer semestre del gobierno del FSLN preocupa por la incoherencia en sus actuaciones y por elevar a nivel de Estado un doble discurso. Por un lado, el comandante Ortega se declara creyente, se casa bendecido por el Cardenal Obando, y en la corte de cada acto público lleva a un miembro del Clero. Por otro lado, respalda a un personaje que quiere “arrancar de raíz” a la misma Tierra Santa: algo así —- en lenguaje católico—- como dejar sin su piso a la misma Iglesia. ¿Alguien puede dar alguna explicación?

Como nicaragüense, y estoy seguro de que la mayor parte de mis connacionales de dentro y fuera de nuestras fronteras, no quiero que mi país se vea envuelto en una reedición corregida y aumentada a niveles apocalípticos de lo que Hitler provocó durante la Segunda Guerra Mundial.

Israel es una nación soberana, miembro de la ONU. Es la tierra de los profetas que tanto aportaron a la humanidad. Es el país donde nació Jesucristo, el único hombre que puede transformar las vidas de cada quien y además, por si fuera poco, salvarnos. Israel es el territorio que nos legó las Sagradas Escrituras. Es el suelo donde reposan los restos de aquel salmista que todavía hoy, en el Siglo XXI, nos exhorta: “Orad por la Paz de Jerusalén y sean prosperados los que te aman”. ¿Todo esto es “artificial”?

Si queremos la bendición del Creador, defendamos el derecho de los judíos a permanecer en Tierra Santa y apartémonos de quienes le lanzan maldiciones.En Génesis 12:3 El nos ofrece esta alternativa: “Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”.

El Presidente Ortega debe saber escoger, antes que el Dios de Abraham, de Isaac y de Israel empiece el conteo regresivo de su papel en Nicaragua.

esanchez@elnuevodiario.com.ni

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