• Jul. 20, 2010, 2:46 p.m.
La Revolución Sandinista. Un año más. Tesis, antítesis y síntesis de un hombre que decidió afrontarlo todo por ver el terruño de una nación emancipada. Icono de resistencia subalterna. Paradigma de lucha latinoamericana, guerrera, marginal o cabecilla con temple de un pequeño ejército de locos.

Sandino es por antonomasia el líder guerrillero que combate esa nebulosa pedantería establecida por los impulsos colonialistas que vienen desde antaño queriendo rectificar las diferencias en su campaña de “civilización contra barbarie”.

Así ha quedado Sandino erigido en la memoria colectiva de un pueblo que lo aclama o lo repela por asociarlo a otro sector de seres desmitificados. Pero diga lo que se diga, Sandino es con orgullo un souvenir hecho camiseta, postal, impreso en una taza de café, en un llavero o figura imantada en un poster, en la portada de un libro, de un CD, un DVD, en murales, calcomanías o esculturas y poemas.

El General de Hombres Libres, incluso ha sido resemantizado desde un arte contestatario, por ejemplo, en los años noventa, Artefacto en cada aniversario lo reinventaba desde la ilusión y el desencanto, así pudimos saber de un Sandino Gay, de un Sandino-silueta en una raya de coca o un Sandino horneado como galleta cantón en una exposición que se le dio al público bajo el lema: “mastique la mística”.

Pero la semana pasada en la parada de los interlocales desde Granada, precisamente esa que pertenece a los militares retirados del Ejército, logré ver al Sandino Fresita. En una ristra guindada igual y a la par de los meneítos, allí estaba el Sandino Fresita.

¡Ooopa! – me dije– esto sí que es un parteaguas de la utilización de Sandino... como un ambientador de carro…No pude evitar sentir repelo, asco, risa, tristeza y un profundo sentimiento de banalidad al ver al ícono de nuestro pueblo convertido en un ambientador de vehículos.

Compré 5 paquetes y los he revendido al triple entre risas y resabio de lo que uno puede hacer con sus figuras. En una ocasión supe de un Sandino pintado de color chica hundiéndose en el Lago Xolotlán en el proyecto “Murales de Octubre” (2005), pero fue removido por la Alcaldía y el Ejército al argumentarse a quienes lo hicieron que el General debe siempre “permanecer erguido”.

Sin embargo, yo no veo diferencias entre un Sandino hundido en el Xolotlán con un Sandino Fresita. Ambos me parecen igual de irrespetuosos, aunque definitivamente el último me parece el más hipócrita, puesto que al menos el primero se junta con la miasma de su propio pueblo y te ofrece una lectura simbólica no muy alejada de su verdad.

Mas el otro, el Sandino Fresita, desea por el contrario, ocultar nuestros olores, nuestras esencias, disfrazar el ambiente y por lo demás, ofrecerte metáfora, a la síntesis de esa Revolución aclamada por el orteguismo como propia y que ahora se ha convertido en una ambientador de vehículo. Ellos intentaban ser “cool”, pero pecaron por ingenuos y se dieron en los dientes.

Por eso, no queda más que decirlo… ¡Sandino ayer!, ¡Sandino hoy!... Sandino Fresita!!!
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