• Jul. 14, 2010, 2:11 p.m.
He tenido el privilegio de viajar ampliamente por el Oriente, no tanto como me gustaría, pero poco a poco he logrado ir conociendo sus costumbres, filosofía, diferencias y similitudes.

Tal vez lo que más me ha llamado la atención es el desarrollo económico y social que han logrado desde diferentes ópticas ideológicas, políticas y sobre todo económicas. Unos desde regímenes autoritarios de derecha, otros de izquierda, sin embargo todos en conjunto han cambiado el balance del poderío económico del Occidente hacia Oriente. Y se espera que en el futuro inmediato esto se incremente.

Singapur, Corea del Sur, Taiwán y Japón, por ejemplo, se han inclinado hacia un desarrollo capitalista de Estado, sin embargo han pasado por periodos, unos prolongados otros más cortos, de autoritarismos de derecha que se han ido desvaneciendo con el desarrollo del nivel de vida y la institucionalidad democrática.

Otros países como Vietnam también revelan un buen grado de avance. En cuanto a China, sobre todo en la zona costera, el desarrollo se ha llevado a cabo sobre lo que ellos llaman un sistema económico planificado de libre mercado, donde también el Estado ha jugado un papel vital en el despegue económico de esos países, sin embargo, en ambos casos el control político todavía lo ejerce el sistema de partido único.

No es una zona que sea ejemplo de cohesión política, son países que fueron imperios y se han estado invadiendo unos a otros durante milenios. Sin embargo, pero poco a poco, los lazos económicos van limando las asperezas históricas.

Corea del Sur, Japón, Vietnam y la plataforma costera oriental de China tienen en común algunas características culturales y una estrategia económica similar, pero gran parte de la China central y occidental está sumida en la pobreza. Cambiar esta situación fue el tema del último congreso del Partido Comunista de China, elevar el nivel de vida también del interior del país.

Más aún, no hay un sistema económico “asiático”: el capitalismo de estado de China no pertenece a la misma categoría que el capitalismo privado que se practica en Japón y Corea. No en todos estos países la ausencia de democracia ha traído el desarrollo económico, ni el capitalismo y el mejor nivel de vida esta ligado necesariamente a la democracia. Es curioso que tanto un país capitalista como Corea del Sur o comunista como China, tengan ambos planes quinquenales (de cinco años de duración), donde ambos Estados intervienen de diferente manera dentro de la economía nacional.

En muchos sentidos, el progreso evidente de Asia refleja la consolidación de sus convicciones y valores que han observado desde que se convirtieron en Estados, hace siglos. El interés de la comunidad sobre el individuo, la educación, la ética del trabajo duro y con significado y dirección --- muy comunes a la mayoría de los llamados “Tigres asiáticos”--- han construido la modernidad de estas naciones.

El resurgimiento de la idea de armonía es un concepto filosófico de gran riqueza en el budismo y el confucianismo clásico. En China ha sido revivida la figura de Confucio, el funcionario ejemplar por excelencia, para luchar contra el flagelo de la corrupción que es un mal endémico en esa nación.

En definitiva, lo que llama la atención es que todos estos países le dan importancia a varios aspectos que nos falta en nuestro país: la educación, la visión de país a largo plazo (con un Estado que dirige y está al frente del desarrollo del país) y una voluntad, acompañada de una posibilidad real, de trabajar duro para salir de la pobreza.
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