• Ago. 1, 2010, 10:14 a.m.
Uno quiere encender un fosforito, ser una luciérnaga, porque el bosque es oscuro y no hay otra manera de salir que haciendo un poco de luz y tomándose de la mano.

En esta nueva era de la comunicación electrónica, cuando los comentarios de los lectores aparecen al pie de página, es asombroso constatar la diversidad y el pugilato de opiniones que se producen ante la lectura de una entrada o artículo.

Cobijados por el anonimato que la sección de comentarios permite, cantidad de ciudadanos se desahogan y reaccionan ante tal o cual lectura y, como decimos en buen nica, “se despachan hermoso”. Se da así desde el debate docto hasta el insulto más burdo o malicioso, pasando por el diversionismo de aquellos que parecen no querer más que descarrilar el tono para eliminar el espacio de discusión.

A casi cinco años de haber iniciado un blog en este diario  (que he mantenido con menor o mayor periodicidad dependiendo tanto de los eventos políticos como de la inspiración o el ánimo que me embargue) mi blog cuenta ya con la existencia de una comunidad de comentaristas tenaces y chispeantes. Ellos toman el tema, lo tratan si les parece, y si no, lo tornan en la discusión que mejor les cuadra. A veces se insultan entre ellos por sus desacuerdos, pero en general mantienen sus puntos de vista con hidalguía y no poco sentido del humor. Será por ser el blog de una poeta que muchos escriben sus opiniones como rimas políticas. Algunas de éstas son realmente brillantes, dignas del legado de G.R.N. y aquel su famoso libro: El cisne blanco con la cola morada.

Tan fogosas y largas se vuelven las discusiones que a veces siento que mi blog ya tiene una existencia autónoma y que no me necesita para existir. Con frecuencia me encuentro, a altas horas de la noche, leyendo los comentarios y usando para esto el tiempo que pensaba dedicar a escribir una nueva entrada.

Claro que no dejan de haber épocas en que me pregunto si tiene algún sentido provocar lo que a menudo parece un diálogo de sordos. En eso, el blog y sus blogueros parece un micro-cosmos del estilo nicaragüense de discutir donde el objetivo no es oír los argumentos del otro, sino “ganarle” o por lo menos descalificar al mensajero para descalificar el mensaje.

A pesar de esto, y aunque a veces patine y se enrede o se parezca a un gato persiguiéndose la cola, la discusión sigue y en ese bosque de palabras y opiniones encontradas, hay fosforitos que iluminan y uno aprende con humildad a respetar y hasta admirar la pasión de otros por sus propias verdades…….¿y de qué otra cosa se trata la democracia?
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