• Ago. 11, 2010, 11:46 a.m.
Recientemente escribí un artículo que reseñaba el éxito de los diferentes sistemas económicos que se estaban llevando a cabo en la mayoría de los países de Asia. Desgraciadamente lo titulé “Trabajar duro para salir de la pobreza”, cuando en realidad mi mayor interés era resaltar cómo países con distintas ideologías y sistemas políticos, habían implementados sistemas económicos basados en sus propias experiencias y no en modelos importados.

Ninguno de los ejemplos que expuse está exento de problema, ni son perfectos y, por supuesto, tienen sus propias limitaciones que ellos mismos están tratando de resolver a su manera. Muchos comentaron la contaminación del medioambiente que está llevando China en su carrera al desarrollo económico, sin embargo, también sería bueno recordar que el país está a la vanguardia en tecnología solar, está construyendo enormes represas para bajar su dependencia del carbón mineral, altamente contaminante, pero que sigue siendo el principal combustible fósil que tiene el país. La revolución industrial de Europa a finales del siglo XIX y principios del XX ocasionó también enormes daños al medioambiente en esos países, que fueron resueltos hasta bien entrado el siglo XX.

También se ha querido simplificar o desconocer el papel que ha tenido el movimiento de emprendedores y de la pequeña y mediana empresa en el desarrollo del gigante asiático, no todo fueron las palabras de Den Xiao Ping, “de que no importa si el gato es negro o blanco, lo importante es que cace ratones”.

Cuando un país logra sacar de la pobreza a más de 300 millones de habitantes en 30 años, merece por lo menos que lo observemos más detenidamente, algo deben estar haciendo bien. No se trata de copiar, no es posible, sino de ver y aprender, y tratar de aplicar lo que ha funcionado, dejando a un lado lo que no ha sido positivo.

Por eso remarcaba que muchos de estos países, al igual que nosotros, han vivido largos períodos de ausencia de las más mínimas libertades civiles o laborales, como fueron los 45 años de Estado de Sitio que vivió Taiwán desde el fin de la guerra civil china en 1948 hasta mediados de los 80. Corea del Sur vivió una dictadura de 16 años, las libertades en China continental son lamentables, en eso hay coincidencia y son cosas de las que deberíamos alejarnos.

Pero algo que me llamó la atención, fue la capacidad de cada uno de estos países, sus fuerzas políticas, económicas y sociales para ponerse de acuerdo, a pesar de largos períodos de alta polarización, en un plan a largo plazo para sacar a sus ciudadanos de la pobreza, en un sistema que permitiera al quiera, trabajar duro, tenga y lo digo como lo escribí anteriormente, una “posibilidad real” de salir de la pobreza.

Muchos de los comentaristas tienen razón al afirmar que en Nicaragua vamos a la deriva, sin rumbo, con un sistema neoliberal desde los años noventa hasta el presente que solo ha cambiado en el lenguaje de los políticos y sin un plan de desarrollo que realmente incentive al nicaragüense a trabajar para salir de la pobreza, ya que aquí para la mayoría de la población, se puede luchar hasta morir y seguir en la misma situación económica.

Finalmente y en este sentido no me gustaría ser mal interpretado, pero si logramos un consenso para formar nuestro propio camino hacia un mejor de vida, tenemos que trabajar más de lo que hacemos. Los días feriados en este país son abrumadores, van en contra de nosotros mismos y de nuestro futuro, eso también lo he observado en los países asiáticos, pocas vacaciones pero un enorme orgullo de país y la sociedad que están construyendo golpe a golpe.
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